La canadiense que convirtió A Estrada en reserva de raza canina

Es la única que cría en España perros pastor australiano miniatura y referente local en el cultivo de arándanos


a estrada / la voz

Esta es la historia de dos generaciones de amor sin fronteras y de una pasión única por la aldea. Ana Lanevschi Puente es una veterinaria canadiense afincada en A Estrada. Es criadora de perros pastor australiano miniatura. De momento, la única de todo el estado. Su perra Nala acaba de conseguir un premio en la exposición internacional del Kennel Club España en Ponte Caldelas. Pero el interés de Ana por esta raza va más allá de los concursos. Para Ana, es vital la cría responsable para preservar las características de esta raza de perros de trabajo y potenciar sus cualidades excepcionales para intervenciones asistidas con animales, entre otras. «Con buenos cuidados, son perros muy estables, equilibrados, cariñosos y leales. Y les encanta aprender», cuenta.

De las camadas estradenses han salido ya un perro que se está entrenando para acompañamiento hospitalario, otros para trabajar con personas con trastorno del espectro autista y uno orientado a apoyo emocional.

La canadiense, que cuenta con un núcleo zoológico autorizado en su finca del valle del Ulla, pretende ser un ejemplo de cría responsable para preservar la raza y controlar su salud. Sus perros son sometidos a ocho tests genéticos y a análisis periódicos de salud. «Cuando se entrena a un perro, se invierten cientos de horas. Si con pocos años desarrolla cataratas, por ejemplo, como puede suceder en esta raza, se pierde todo ese trabajo. La cría responsable existe en este país, pero queda mucho camino por recorrer», explica.

Además de pionera en la cría de pastor australiano miniatura, Ana también cuenta con una finca destinada a la agricultura ecológica. Y en eso también es pionera a nivel comarcal. En una parcela de media hectárea ha emprendido el cultivo experimental de siete variedades de arándanos para estudiar cuáles se adaptan mejor. «Aquí hay un clima muy bueno para el arándano, pero el microclima del valle exige estudiar las variedades más adecuadas», explica. Su primera cosecha la ha recogido este verano. Fueron unos trescientos kilos de arándano ecológico que se comercializaron íntegramente en los mercados de proximidad. «No me interesa la exportación. Me interesa ser proveedora del comercio local», cuenta. Este año Ana ampliará la plantación hasta las 15 variedades, para seguir testando resultados.

Condes y refugiados

La historia de cómo Ana acabó instalándose en A Estrada hace año y medio daría para una novela. Su madre, Teresa Puente, que es originaria de A Pobra do Caramiñal, heredó hace años la Finca da Condesa, una casa con una parcela de diez hectáreas en la que un antepasado lejano, uno de los condes de Pallares, buscó tranquilidad para pasar sus últimos años. En los veranos de la infancia, Teresa se enamoró de esa finca y a ella ha regresado después de recorrer medio mundo.

Cuando estudiaba francés en París en los años cincuenta, Teresa conoció a Anatole, un ingeniero civil moldavo refugiado en el país. Él tuvo que irse a Canadá en busca de la ciudadanía que Francia no concedía a personas del este. Ella regresó a España, pero tras cuatro años de amor por carta, acabaron casándose e instalándose en Montreal. Allí nacieron Ana y sus tres hermanos. Ana estudió veterinaria y dio clase en la Universidad, pero en una estancia en Estados Unidos conoció a Diederik Pietersma, un ingeniero agrónomo holandés que cuando Teresa y Anatole decidieron instalarse en A Estrada apoyó la idea de seguir sus pasos con Ana. Desde A Estrada trabaja ahora como programador para la industria farmacéutica. «Nuestro proyecto vital es posible gracias a las tecnologías», cuenta Ana encantada de respirar la paz del valle estradense mientras mima perros y arándanos.

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