Luis Veloso: «El bádminton engaña y engancha»

Empezó a jugar en la escuela en A Estrada y a los 17 años fue campeón gallego


ourense / la voz

Empezó Luis Veloso (Cenlle, 1979) a jugar al bádminton cuando Carolina Marín aún no era la estrella que hoy es. Fue una casualidad, recuerda. Estudiaba en el colegio de A Estrada, donde su padre, Antonio Veloso, era director. Se había trasladado la familia desde A Cañiza, destino anterior del cabeza de familia, para estar lo más cerca posible de Santiago, cuando la hermana de Luis comenzaba sus estudios universitarios en Compostela. El profesor de educación física, José Vilar, introdujo el bádminton. Luis estaba en séptimo de EGB y empezó a jugar fuera de la jornada lectiva. A los 17 años ya era campeón gallego en su categoría. Y ahora, guardia civil, acaba de conseguir la medalla de oro en el campeonato europeo de policías y bomberos que se celebra en Algeciras. Trae de vuelta a Ourense, donde está destinado, dos piezas, una de oro y otra de plata, conseguida en dobles. Su compañero de cancha es un policía nacional destinado en A Coruña, Celestino Ramos.

«Me gustó el bádminton desde que empecé a jugar. Es diferente y es muy exigente: creo que no está suficientemente popularizado», dice Luis, que se enganchó a la raqueta desde niño y ya no la soltó, aunque en la etapa universitaria dejó de competir. Luego, ya en la Guardia Civil, siguió con ella. Que conociera a su novia jugando al bádminton, como le ocurrió cuando estaba destinado en Vitoria, caía dentro de lo posible. Ocurrió, de hecho. Y ahora, en Algeciras, se ha colgado dos medallas más.

Le gusta la competición. Durante años formó parte del equipo de Lalín. Esta temporada, sin embargo, ya asentado en Ourense por razones laborales, se sumó al Athlos, el equipo que dirige Julio Fernández, uno de esos docentes que ha llevado la promoción del deporte como norte.

Del europeo de policías y bomberos trae Luis no solo sus premios, sino el buen sabor del ambiente de camaradería y cordialidad entre participantes, muy lejos de la tensión y los inevitables piques que en ocasiones se producen entre cuerpos de seguridad diferentes. Guardias y policías, nacionales o locales, compiten aquí con la mejor disposición. (Le llama la atención la pasión de algunos cargos políticos a la hora de sacar pecho por los suyos, con actos, fotos o aplausos, pero esa es otra historia).

Nunca dejó de ser el suyo un deporte minoritario, aunque goza ahora de la gran proyección que aporta un referente en la élite como Carolina Marín. «Ser el mejor del mundo en una actividad es difícil, pero lograrlo, como ha hecho Carolina Marín, en una tan poco extendida tiene un mérito extraordinario. Nos está dando una mayor visibilidad. El bádminton, la verdad, engancha y engaña. Engancha, según mi experiencia, porque te atrapa y te lleva a intentar mejorar. Y engaña porque es mucho más exigente de lo que puede parecer al espectador. Pone a prueba los reflejos, la velocidad, la coordinación... Quienes llegan a él se ven muy sorprendidos por su intensidad. Creo que es uno de los deportes más completos».

Bádminton, por cierto, es uno de los deportes que ha dado más premios a la participación española. Alemanes y polacos lo intentaron, pero de poco les sirvió. En otras disciplinas había más competencia. Rusia envió una representación potente y amplia, pero en bádminton precisamente nada lograron. Todo quedó en casa. Y a Galicia han venido tres de las medallas con más peso.

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