La estradense que convierte las uñas en arte

Lucía Bonet decora las manos de sus clientas con todo tipo de diseños, desde personajes infantiles a búhos o flamencos


a estrada / la voz

Lucía Bonet lleva el arte en la sangre. Por eso, haga lo que haga, su vena artística acaba saliendo. Da igual que sea ante un lienzo que con un bote de esmalte en la mano. Por más que se quite méritos -porque en eso también es especialista- sus dotes artísticas la acompañan en todo lo que emprende.

A Lucía, que ahora tiene 33 años, le gustó dibujar y pintar desde bien pequeña. Le sacó mucho partido a sus cajas de ceras y aprendió junto al pintor Baldomero Calviño las lecciones básicas para dar rienda suelta al pincel. Lo hizo por puro placer. «Me gusta aprender de todo», cuenta. Nunca imaginó siquiera que, en parte, iba a acabar viviendo del arte.

Al terminar Secundaria, Lucía estudió un ciclo medio de Estética. Hizo sus prácticas formativas en el centro estradense Añil. «Recuerdo que entonces las uñas era lo que menos me gustaba hacer, pero con el tiempo empecé a cogerle el gusto y mira, al final acabé dedicándome a esto», comenta.

Tras aquella experiencia inicial, Lucía cambió de tercio. Trabajó un año como camarera en el bar O Empalme de Vea y después llevó ella misma la gestión durante otros dos. Todavía estuvo empleada como camarera en varios locales más. Hasta que dijo basta. «Durante ese tiempo dejé bastante abandonado lo de la estética. No tenía tiempo para nada. Pero después volví a retomarlo porque como camarera estaba muy atada. Quería dedicarme a otra cosa», explica.

Así que se propuso ampliar su formación y regresar al sector de la estética con algo nuevo que ofrecer. Y acertó de lleno. «Hice varios cursos de manicura y empecé a especializarme en las manicuras con dibujos. Practiqué mucho con mi madre y con mis amigas, y después, con el boca a boca, empezaron a pedirme citas», cuenta. En vista de que había negocio, Lucía decidió hacerse autónoma y trabajar como manicurista a jornada completa.

Lucía hace todo tipo de manicuras, pero su especialidad son las artísticas. En apenas un centímetro de superficie, la manicurista es capaz de dibujar lo que sea. Desde un sencillo motivo floral a un retrato de Mickey Mouse. Al gusto del consumidor. «La mayoría me dicen que les pinte lo que yo quiera, pero también tengo muchos muestrarios para que la gente elija dibujos y algunos hasta me traen el dibujo que quieren y yo se lo hago», explica.

Con esta dinámica, Lucía ha hecho de todo. De sus manos han salido manicuras con imágenes de Pitufos, de flamantes unicornios, de Snoopy y de ídolos infantiles, como la Sirenita y Olaf. También estrellas de mar, piñas, búhos, manzanas y flores de todas las variedades. Hubo quien se llevó en las uñas un diseño a lo Mondrian. Y hasta hay uno dedicado a la asociación de deportes de riesgo Locos del río, de la que era integrante su pareja, Charly, fallecido hace poco más de un año en un trágico accidente. «Si él llega a verme ahora cómo me va... Siempre me apoyó en esto. Estaba muy orgulloso de lo que hacía yo», cuenta Lucía, lamentando no poder compartir sus éxitos con él.

En manicura, también hay modas, explica Lucía volviendo al asunto de la entrevista. «Ahora, por ejemplo, la gente me pide mucho flamencos. Estoy haciendo bastantes», cuenta. También va por modas y gustos la decisión de cuántas uñas decorar. «Lo normal es hacer dibujos en una, dos o como mucho tres uñas de cada mano y el resto dejarlas lisas, para que no quede muy recargado», cuenta Lucía, que explica que también se lleva la combinación de dibujos con otros adornos, con colores y coordinar los diseños de manos y pies.

Para Lucía, la manicura ya no tiene secretos, pero como es mujer inquieta, ya se está metiendo en nuevos proyectos. «Hice un curso de maquillaje y estoy empezando a practicar. Ahora voy a hacer otro de diez meses para perfeccionar, para hacer maquillaje profesional, de novia, de fiesta...», cuenta.

«También me llama mucho la atención el maquillaje de efectos especiales, para películas, pero en eso de momento no tengo pensado meterme», descarta. Aunque viendo sus dotes, casi seguro que se le daría bien.

De momento, le sobra con lo que tiene. Las manicuras de Lucía Bonet se han hecho famosas en A Estrada entera. Para lucirlas, hay que ponerse a la cola.

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