Los helados honestos de Alba y Eloy

Han abierto en A Estrada el primer obrador de helados artesanales, fabricados solo con productos naturales


A ESTRADA / LA VOZ

A veces, un helado es mucho más que un helado. Es lo que pasa con los que fabrican Alba Rodríguez y Eloy Rebolo en su obrador de la calle Serafín Pazo, en A Estrada. Sus helados son toda una declaración de intenciones. Son un intento de aplicar a la empresa los principios de la permacultura. Una demostración de que se puede ser empresario sin necesidad de entrar en el sucio juego de las grandes marcas. Alba y Eloy apuestan por la soberanía, la ética y la sostenibilidad. Intentan comprar todas las materias primas en el entorno, pagan un precio justo por ellas y eliminan intermediarios. El resultado: un producto natural y saludable. Y honesto con su filosofía de vida.

Su proyecto se llama Obradoiro de Sabores. Tiene apenas dos meses de vida. Nació justo antes de las fiestas del San Paio por un revés empresarial bien encajado. A Alba -curtida en la fabricación de helados para consumo doméstico- se le ocurrió encargar un carrito a medida y probar a vender helados en verano por fiestas y festivales.

Alba ya había alquilado un local para montar su modesto obrador, pero el carrito para la venta ambulante no llegó a tiempo para el verano. Fue entonces cuando la estradense se planteó colocar una vitrina en el obrador del número 21 de Serafín Pazo y empezar vendiendo allí sus helados artesanos. Así nació Obradoiro de Sabores. En A Estrada no había nada parecido y, como Alba no es de echarse atrás, probó. Y funcionó. Su colección de sabores tiene a medio pueblo enganchado. Y hay más de un adicto que no se conforma con menos de una dosis diaria.

Para ser justos, su pareja, Eloy, también ha tenido bastante que ver en el asunto. Eloy cambió Chapela por Vea hace ocho años para encontrar la paz entre pavías y frambuesas. Su padre era de Vea y su madre de Ouzande, pero él creció lejos de la aldea. Con 16 años trabajó en los astilleros vigueses y con 22 cogió las riendas de la empresa de reparto de productos de heladería que llevaba su padre, Manuel Rebolo. Catorce años después, continúa en un negocio que para él ya no tiene secretos. Aunque también ha tenido tiempo para empaparse de permacultura. En Galicia y en Colombia, donde ha estado hace dos años haciendo una diplomatura en esta especialidad.

De barquillos a cucharillas

Ahora, aparte de poner en práctica en el día a día los principios de la permacultura, Eloy continúa con la distribución de productos del sector de la heladería. Menos helados, vende de todo. Desde barquillos a mermeladas. Desde cucharillas a chocolates.

Alba, por su parte, estudió el ciclo superior de Turismo en Pontevedra y luego estuvo trabajando una temporada en una tienda en Santiago. Después, pendiente de una operación, lo dejó. Y al tomar perspectiva decidió que no le apetecía volver a meterse en una tienda. Fue entonces cuando se le ocurrió vender helados sanos y sabrosos. Alba y Eloy tenían en casa una mantecadora, buena fruta de la huerta y ganas de experimentar. Llevaban tiempo practicando para el autoconsumo. ¿Por qué no convertir los helados en una forma de vida? Alba probó. Y resultó.

Un producto con leche ecológica de Lalín y frutas de las huertas de la comarca

La filosofía de la empresa es apostar por lo natural siempre que sea posible. La leche la compran en la granja O Alle de Lalín. Es leche cruda, sin pasteurizar, procedente de vacas que pastan en libertad. «La pasteurizamos nosotros a 65 grados. Así no se queman las proteínas y vitaminas», explican Alba y Eloy. «Nos sale más cara que la del supermercado, pero así el ganadero gana y nosotros también, porque el helado tiene más calidad», comentan.

En los helados de frutas, también apuestan por lo más próximo y natural. Las frambuesas y pavías son a veces de su propia huerta de Vea. Y las grosellas y arándanos se las compran a agricultores locales. Otros productos es imposible comprarlos en el entorno, pero sus chocolates son 100 % cacao y el turrón es 100 % Jijona. Leche, fruta, azúcar y nata. Eso es todo lo que lleva uno de sus helados frutales. De conservantes, nada. El frío es suficiente. «Vamos fabricando según la demanda, así que tampoco hace falta que aguanten mucho tiempo», cuentan. «A veces trabajamos a la medida de cada cliente; podemos fabricar a demanda casi cualquier sabor que nos propongan», dicen.

Sus helados están fabricados con leche ecológica, pero no son ecológicos en sí porque no todo lo que llevan está certificado. «No creemos en la certificación porque siempre hay una empresa por detrás. Me fío más de un campesino honesto que de cualquier certificación», dice Eloy.

Aunque abrir el obrador al público no era la idea inicial, este verano ha funcionado bien. Ha tenido muy buena salida el helado de arándanos y han triunfado rotundamente los de vainilla y canela, mascarpone y chocolate y ferrero rocher.

¿Y qué pasará en invierno? Alba cree que no habrá demanda suficiente para los helados. Está barajando la posibilidad de vender gofres y pizzas los sábados por la noche para compensar los gastos del local. Así tendrá tiempo para dedicar a su otra pasión, el baile. «Llevo unos años bailando y este año voy a empezar a dar clases de danzas urbanas en Santiago», cuenta. De todas formas, de cara a Navidad también se plantea la venta por Internet de tarrinas de helado para llevar a casa. Está por ver. Lo que está claro es que, en vista del éxito, mantendrá el obrador el verano que viene. Aunque también vaya con su carrito -que al fin ha llegado- de fiesta en festival.

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