«Lo mío es narcisismo puro y duro»

El artista confiesa que le gusta dejar huella en cada muro y verse reflejado en todas partes

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a estrada / la voz

Es de A Estrada, tiene 19 años y se hace llamar Honer2. No es el nombre que figura en su DNI, pero es el nombre de guerra con el que llena los muros que se le ponen a tiro. Uno de ellos. Porque Honer2, tiene otros muchos seudónimos que utiliza como grafitero. El anonimato forma parte del juego. Y ayuda a no meterse en problemas cuando el grafiti se hace en un lugar que no es políticamente correcto. «Yo creo que para que algo sea grafiti tiene que ser ilegal. Si solo pintas en muros legales, se pierde toda la esencia», explica. «Sería arte urbano, pero no grafiti», sostiene. Aún así, el estradense no es de los que despliegan pintadas gamberras en el Pórtico de la Gloria. «Hay normas no escritas. No se pinta en casas de la gente, ni en iglesias, ni en cristaleras... Se hace donde no va a molestar demasiado. Una cosa es un grafiti y otra es una pintada, que no es lo mismo», aclara.

A Honer2 el gusanillo del grafiti le entró siendo muy joven. «Yo creo que es algo que siempre estuvo ahí, sobre todo desde que vi Style Wars (La guerra de los estilos)», cuenta. El documental, rodado en el Nueva York del año 1983, trata sobre los orígenes de la cultura hip-hop y hace especial hincapié en el grafiti. «Ahí están las raíces de todo. El punto de vista del gobierno y de los grafiteros», cuenta el estradense.

«Lo del grafiti siempre me gusto, pero hasta hace unos pocos años no tuve los medios. No me podía permitir los esprays y tampoco podía desplazarme», explica el grafitero. A falta de otra cosa, Honer2 se curtió haciendo bocetos sobre papel y a golpe de tags o taqueos, como se conoce en la jerga a las firmas, más simples que las piezas de grafiti pero que sirven para cogerle el pulso al arte urbano y para hacerse omnipresente por la ciudad entera. «Hacer tags es divertido y más barato. Se pueden hacer con rotuladores caseros, con bolígrafos o con los míticos Edding 3.000. En realidad, con cualquier cosa que manche. Con lo que haya», comenta el estradense. «Hay gente que lo hace hasta con ácido y rotulador y a veces hasta echando líquido de frenos en las pinturas, porque así es más corrosivo y más difícil de borrar, pero eso no mola. Es mejor no dar ideas», indica.

Pero una cosa son los tags, que se hacen casi compulsivamente, y otra es enfrentarse a una pieza. Hay que tener pulso para perfilarla y conocimientos para ir rematándola por capas, del fondo hacia afuera. Honer2 no pinta apenas motivos figurativos. «Yo soy letrero», explica. ¿Y qué hace un letrero? Pues repetir su nombre una y otra vez. En diferentes estilos. Simplemente un nombre. Normalmente un seudónimo. «Yo no voy dejando mensajes y de la política intento mantenerme siempre alejado. Lo mío es narcisismo puro y duro. Me gusta verme reflejado en todas partes. Esto es así: firmaste más alto que el otro, pintaste más que los demás...», reconoce. «Es pura diversión», dice.

Poca «escena» en A Estrada

A Honer2 le gustaría que en A Estrada «saliese un poco de escena». Es decir, que hubiese más con quien medirse en el sentido grafitero. «Aquí ahora no hay nada. Un par de logos mal hechos en sitios feos y que molestan. Y unas pocas piezas pero con pinturas malas y que no duran. Con La Estación se hizo algún concurso, pero casi todos los participantes eran de fuera», cuenta.

El estradense es devoto del reggae y trabaja como selector en fiestas sound system

Como el grafiti no todo el mundo lo entiende, ser grafitero «es un deporte muy completo». Además de hacer brazo a golpe de espray también hay que ser rápido y estar entrenado para salir corriendo si es necesario.

Parte de la gracia está en el riesgo y en el anonimato. De ahí los mil nombres que usan algunos grafiteros. «En A Estrada nos conocemos todos. Si soy muy activo con un tag, al final va a ser obvio que soy yo. Y más con las pintas que llevo ahora. Antes pasaba más desapercibido», cuenta.

De todas formas, para Honer2 el grafiti es solo una diversión. Un pasatiempo. Según confiesa, su auténtica pasión es la música.

Está estudiando en Santiago de Compostela un ciclo de Instalaciones de Telecomunicaciones y, en el futuro, le gustaría estudiar uno de Sonido. Entretanto, ya se ha ido buscando la vida en lo que le gusta de veras. Y no le va mal de momento.

Maislume Kolektive

Se ha embarcado en Maislume Kolektive y trabaja como selector -pinchadiscos- en las fiestas sound system que están pegando fuerte por la comunidad gallega. Son fiestas al estilo jamaicano, afrocaribeño, en las que se pincha música reggae y se utiliza un sistema de sonido artesanal. «Los altavoces los fabricamos nosotros mismos y la música que pinchamos es en discos de vinilo», cuenta. «Por nuestras fiestas no ha pasado el tiempo», explica.

A Honer2 le gustaría vivir de la música algún día. Por el momento, se conforma con seguir formándose, ir metiéndose en el ambiente, disfrutar cuanto pueda del reggae y de las fiestas sound system y hacer algún grafiti de vez en cuando por puro divertimento.

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