Mejor estudiar durante el curso que hincar los codos todo el verano

Las academias dicen que en vacaciones las matriculaciones se reducen en un 70 %

r. r.
Lalín / la Voz

El verano es un paraíso para los niños y adolescentes que no precisan enfrentarse a la cruda realidad de septiembre. Pero los alumnos que no han alcanzado los objetivos marcados deben convivir con los estudios estivales. Para estos casos, las academias de verano en Deza y Tabeirós mantienen su labor en un horario más distendido y respetuoso con las prioridades de los estudiantes que acuden a clases de apoyo por la mañana y disfrutan del ocio por la tarde.

También es cierto que en esta época los factores no acompañan: el calor sofocante, las refrescantes piscinas, los improvisados planes de verano, los amigos, el tiempo libre y un sinfín de circunstancias que dificultan o hacen desagradable sentarse en un pupitre frente a un libro de texto en un horario estipulado.

Con el final del curso y el inicio de la temporada estival, los centros de enseñanza privada ven menguada la demanda en comparación con el resto del año, incluso hasta en un 70 por ciento.

Las academias no son para el verano. La reducción de matriculaciones también esconde un dato alentador para ellos. Muchos, la gran mayoría de los alumnos que optaron por acudir a clases de apoyo a lo largo del año, ven reforzados sus conocimientos, recogen sus frutos al finalizar los trimestres y no precisan estudiar para los exámenes de recuperación, aseguran desde la academia Beloso de Lalín.

Además, Antonio Beloso, «ha bajado un poco durante años porque la gente se conciencia cada vez más». Nadie querría matricular a sus hijos pues implicaría que han pasado satisfactoriamente el curso, pero también pueden ser una alternativa y una pequeña liberación para los padres.

En Coesco en A Estrada, se realizan campamentos y cursos de apoyo que tienen buena acogida debido a las obligaciones laborales de los progenitores. Ofrecen sobre todo clases de informática e inglés para niños de seis a diez años.

Esta es quizás la excepción que confirma la regla, pues el resto de centros aseveran, en esta estación, los que más acuden son alumnos provenientes de ESO y Bachillerato para reforzar y preparar exámenes de acceso.

Las materias enrocadas son habitualmente las ciencias. Como aseguran desde la academia lalinense Susana, las matemáticas y física y química son aún los grandes retos escolares. Desde Estudios en A Estrada apuntan además a una creciente matriculación en lengua, tanto española como gallega, en la que además recuerdan que las calificaciones para el acceso universitario suele ser más deficientes en el idioma gallego. Desde otro de los centros, Paidós, nos dejan un pequeño apunte, la dificultad que encuentran al tener que competir con clases particulares que no cumplen los requisitos legales, ni pagan impuestos y son publicitados en las vías públicas.

El Sagrado Corazón mantiene el éxito de su internado

La zona de Deza cuenta entre sus infraestructuras con el Colegio Sagrado Corazón. Un centro de enseñanza concertado por la Xunta de Galicia en el que durante el curso se imparten clases de educación Infantil, Primaria y Secundaria, pero que en el verano, no cesa su actividad.

Aprovechan esta época para ofrecer un programa de estudios a tiempo completo o parcial para edades comprendidas entre los 9 y los 16 años. Un internado con posibilidad de aprender de lunes a domingo, pero también con alternativa solo para los fines de semana.

A sus instalaciones acuden alumnos de muchas partes de Galicia; Coruña, Vigo, Ourense, Santiago, etc. Pero también son conocidos fuera de las fronteras comunitarias. Tienen alumnos de Palencia, Burgos y Zaragoza, entre otros.

El director del centro, Manuel Gil, asegura que «muchos repiten. El boca a boca también cuenta mucho». Actualmente, en sus aulas hay 40 alumnos internos y otros 10 que acuden solo los fines de semana. Los estudiantes de este centro buscan revertir la situación académica en la que se encuentran. Cuando llegan al Sagrado Corazón lo hacen con un bagaje no muy positivo, con una media de seis suspensos. Algunos acuden con diez materias reprobadas y otros tan solo con tres. «Estos cursos de verano intensivos se caracterizan porque el orden, la disciplina y el estudio son la base. También por ser grupos reducidos, de máximo 12 alumnos» explican en su página web. El sistema implantado en el centro les facilita la oportunidad a los alumnos y su búsqueda surte efecto porque como argumenta Manuel Gil, tienen un alto porcentaje de éxito, un 92 por ciento de aprobados. Para ello, los estudiantes ven reducido su tiempo libre con un programa partido y centrado en clases por la mañana y por la tarde. El inicio es a las 10.00 y se alargan hasta las 14.00 horas, con 30 minutos de descanso en medio. Tras la comida, se reanudan las lecciones a las 16.00 hasta las 18.00 horas para poder disfrutar después de una hora de actividades deportivas. A las 19.00 horas retoman las aulas, pero de una forma distinta. Se imparte una hora y 45 minutos de estudio dirigido, para favorecer el rendimiento del estudio. Un horario exigente, pero resolutivo.

El colegio además cuenta con servicio de transporte, lavandería y comedor y profesores especializados en cada área que realizan un seguimiento del progreso académico del alumno o alumna e informan del mismo a los padres semanalmente.

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