El estradense que vuela más alto

Mario Otero Andión, es director de los ocho aeropuertos del archipiélago canario

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a estrada / la voz

Hay niños que sueñan con aviones antes incluso de aprender a hablar. Pero no es el caso de Mario. A Mario, que ahora dirige los ocho aeropuertos del archipiélago canario, de pequeño lo que más le tiraba era el fútbol. Alguna vez lo llevaron al aeropuerto a ver despegar y aterrizar aeronaves. Como a cualquier niño, le gustó la experiencia. Pero no más que darle unas patadas al balón en los prados de Codeseda.

Aunque la vida le ha llevado de ruta de ciudad en ciudad, Mario siempre presume de ser de aldea. «Estradense de Codeseda», matiza cuando hablamos de sus orígenes. En Codeseda fue donde nació, aunque luego, hasta los tres años, vivió en distintos pueblos de las montañas leonesas en las que su madre, Virtudes Andión, estuvo de maestra. Luego, de los 3 a los 11 años, correteó por Requián, donde Virtudes estaba al frente de la escuela unitaria local. Con once años concluyó su etapa estradense y se acercó a la costa. Se fue a Marín. A estudiar interno en el colegio de los Padres Paúles. Allí, cursando segundo de BUP, fue donde descubrió de casualidad su vocación aeronáutica. «Entonces no había Internet para informarse ni charlas sobre las carreras y las salidas profesionales. Nosotros estábamos empezando a pensar en el futuro laboral y un compañero trajo de casa un libro sobre las carreras que había en España. Allí venía Ingeniería aeronáutica. Yo puse el dedo encima y desde entonces... Me gustó. Me sonaba bien», explica.

Aquella titulación que le sonaba tan bien solo tenía un problema. Obligaba a irse a Madrid.

La morriña y el bacatazo inicial

Mario decidió estudiar COU en Getafe, para irse aclimatando a la ciudad. «Estuve interno y al principio lo pasé mal. Ahí sentí por primera vez la morriña. Una soledad muy fuerte... Sabía que hasta Navidades no podía volver a casa, pero como lo había elegido libremente...», explica. Después de aquella aclimatación aún vinieron más palos. «Cuando empecé Ingeniería aeronáutica el primer año no aprobé ninguna asignatura en junio. Yo que era de notazas.... Mi familia me apoyó y me animó a seguir. Me aconsejaron que lo intentase un año más y me dijeron que si no me iba bien siempre estaba a tiempo de cambiar, que estuviese tranquilo», recuerda. Pero no fue necesario cambiar de tercio. Una vez que Mario le cogió el ritmo, terminó la especialidad de Navegación aérea y aeropuertos sin problemas.

El bautismo aéreo

La primera vez que Mario se subió a un avión ya estaba en la Universidad. «Fue un vuelo Madrid-Santiago. Me lo pagó el abuelo de Codeseda cuando estaba estudiando, para que me diese tiempo de asistir a una comida familiar», recuerda con cariño. Por aquel entonces el estradense estaba inmerso en el mundo de la navegación aérea pero, cuando podía regresar a casa, tenía que conformarse con el tren. «Iba en el expreso Rías Altas Madrid-Santiago», recuerda.

Una vez licenciado, Mario inició su carrera profesional en una empresa de control de calidad en Vigo. Después estuvo haciendo prácticas en Aena, en el aeropuerto de Barajas, encargándose del mantenimiento de las pistas. Los siguientes pasos fueron convertirse en jefe de mantenimiento de Alvedro y luego director del aeropuerto coruñés. Después llegó el salto a la dirección del aeropuerto de Málaga, el cuarto de España en tráfico aéreo y, finalmente, la dirección del Grupo Canarias, que engloba ocho aeropuertos que suman 44.000 pasajeros al año.

El viaje de su vida

De joven, Mario no viajó mucho en avión, pero ahora lo compensa con creces. «Nunca tuve mucho tiempo para viajar por placer, pero ahora los aviones han entrado irremediablemente en mi vida», confiesa. Ahora viaja, sobre todo, por trabajo. «Hago un par de saltos a la semana entre islas y voy a Madrid una vez al mes», dice. «A A Estrada vamos siempre toda la familia en verano y Navidades», explica. A Estrada sigue siendo la patria de Mario y es también la de su mujer, originaria de la parroquia de Couso. «Nos conocíamos de vista desde niños, pero no nos tratábamos. Incluso nos caíamos mal. Un día, ya estando en la carrera, nos hablamos en el bar la Farola y dejamos de caernos mal...», cuenta. Se cayeron tan bien que ya no se separaron más. Navegaron juntos por los complejos mares de la adopción internacional y tienen dos hijas que son su mayor orgullo. «Celia tiene 18 años y fue ella la que eligió el nombre para su hermana Antía. Antía llegó cuando ya estábamos en Málaga. Recuerdo que Celia decía: ‘Nací en China, soy gallega y vivo en Málaga’», cuenta Mario. «Los dos viajes a China fueron los más importantes de mi vida», confiesa el estradense. Y eso que ya lleva unos cuantos.

«En Galicia hay tres aeropuertos de nivel cada uno con su tráfico: cuántas más opciones, mejor»

Y Mario, que se ha pasado media vida vigilando de cerca el tráfico aéreo, ¿le tiene miedo a los aviones?. Pues no. «Me quedo dormido al momento», cuenta. «Precisamente por conocer cómo funciona sé que está todo muy controlado y en manos de buenos profesionales», asegura.

Para los aeropuertos gallegos, solo tiene buenas palabras. «Existen tres de primer nivel y perfectamente equipados, cada uno con su tráfico», cuenta. Mario, que conoce desde dentro el sector, no es de los partidarios de un aeropuerto único gallego. «Cuantas más opciones tenga el ciudadano para viajar, mejor. Y Aena tiene una cuenta única. Es un modelo solidario en el que unos aeropuertos se compensan con otros. Al final las cuentas dan y en conjunto no hay pérdidas, sino que se ingresa dinero al estado, así que no hay por qué dejar de prestar el servicio», explica.

Los aeropuertos del Grupo Canarias que él dirige mueven 44 millones de pasajeros al año y, en conjunto, se sitúan en el quinto lugar de España en tráfico aéreo, después de Barajas, Barcelona, Palma de Mallorca y Málaga. Aunque las cifras varían enormemente según las islas. «Gran Canaria tiene más de 13 millones de pasajeros al año y La Gomera tiene 100.000», ejemplifica.

El trabajo de Mario, hoy por hoy, empieza ya antes de desayunar, leyendo los informes de cierre y haciendo previsión de posibles problemas, para ir centrándose. Luego toca planificar inversiones, hacer seguimiento económico, reunirse con promotores de turismo o captar operadores. «Es más de gestión que de remangarme, que era lo que más me gustaba a mí. En Alvedro aprendí mucho, porque en un aeropuerto pequeño haces de todo», recuerda.

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