Una bandera italiana por Giuseppina

En Loimil ondea desde hace años una bandera de Italia que pregona el amor políglota de Eliseo y su mujer

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a estrada / la voz

Cuando uno pasa mucho por el tramo estradense de la N-525, tarde o temprano acaba fijándose en una curiosa casa flanqueada por dos banderas. La de España y la de Galicia van rotando en un asta. Pero en la otra la de Italia ondea orgullosa casi siempre.

Cuenta Eliseo Márquez que se trajo cinco de Italia en una ocasión, pero que, como se desgastan, la que luce ahora ya es el último repuesto.

El empeño de Eliseo por rendir tributo a Italia ni tiene que ver con el fútbol ni con la política. La suya es una declaración de amor pregonada a los cuatro vientos. Por Giuseppina Picheca, una italiana nacida en Frankfurt a la que el estradense conoció cuando emigró a Alemania para ganarse la vida.

Eliseo nunca quiso resignarse a trabajar en el campo. Con 16 años se hizo aprendiz de mecánico en el taller de Enrique Gestoso y con veinte y pocos emigró a Alemania. No conocía el país ni el idioma, pero tenía ilusión para mover montañas. Los inicios no fueron fáciles. «O primeiro que atopei foi traballo de albanel. Fun dar cemento a María Santísima», cuenta. Trabajó a destajo hasta que un asturiano le ofreció trabajo de mecánico en una gasolinera. También dio el callo en una fábrica de acero y en otra de cremalleras. Allí fue donde conoció a Giuseppina, la hija de una pareja de italianos emigrados a Alemania.

«Casamos alá un 19 de marzo e o 21 viñemos para Loimil», cuenta Eliseo. Y ya no se movieron más de la parroquia, aunque tuvieron que luchar lo suyo para no volver a hacer la maleta.

El primer intento de ganarse la vida en A Estrada no salió bien. Pero con el segundo Eliseo acertó de lleno. «Tiendas na Estrada aínda había, pero carnicerías había só dúas no pueblo e ningunha por esta zona», cuenta Eliseo. Así que el estradense, que ya había sido albañil, mecánico y operario en el sector del acero y el de las cremalleras se recicló en carnicero sin problemas. De esa intuición nació la Carnicería Márquez, que fue también supermercado y que se convirtió en el modo de vida de la pareja.

Para salir a flote, Giuseppina, que de niña y de joven solía viajar a Italia con frecuencia, estuvo mucho tiempo sin regresar a su patria. Era niña de mundo y de Loimil hizo su hogar al momento.

La aventura empresarial de Eliseo no se quedó en carnicería-supermercado. Él que siempre tuvo visión empresarial, cuando vio que la Vía de la Plata empezaba a arrancar montó en Loimil el salón de té O Peregrino, donde se hartó de servir a los caminantes bocadillos y bebidas acompañados de una buena charla políglota. Gracias a la emigración, Eliseo se maneja bien en alemán, italiano y portugués. Su mujer, habla a la perfección italiano, alemán e inglés, además del español y el gallego, que se ha convertido en su idioma de cabecera.

«Entre os dous falamos seis idiomas», cuenta orgulloso Eliseo. Ahora que se ha jubilado, además de hacer ondear la bandera de Italia, una vez al año va con Giuseppina a su pueblo, Faeto, cerca de Nápoles. El próximo viaje, si nada se tuerce, será este verano. «Botaremos alá un mes. Ou dous se queremos», aventura. Lo que es seguro es que volverán con una bandera para reponer.

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