Las truchas son mirlos blancos

Suerte desigual en el arranque de una temporada de pesca que confirma los peores pronósticos respecto a la escasez de truchas y la disminución de licencias

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Se confirmaron los peores presagios en la primera jornada de la temporada de pesca en los ríos gallegos. No hay truchas. Y cada vez, menos pescadores. Por delante, cuatro meses de travesía en el desierto de los ríos galaicos. A pesar de todo, alguno regresó a casa con alguna captura y una sonrisa en la boca. Fueron los que se decidieron por los ríos más caudalosos y supieron gestionar las bajas temperaturas, tanto del exterior como del interior del agua.

Así, Ourense vivió una entretenida jornada, al contrario de lo se esperaba por las previsiones meteorológicas. La mañana comenzó para los 1.500 fieles de esta zona de Galicia sin lluvia, y favorecidos por las precipitaciones, que hicieron más asequibles las truchas, sobre todo para los que apostaron por los cebos naturales. Los ríos Arenteiro y Avia en el occidente, además de Allariz, Baños de Molgas y los cotos orientales registraron una buena afluencia.

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En la comarca Deza no fue propicia por el excesivo caudal, corrientes fuertes y aguas muy frías. Pese a todo, en el río Toxa, en Silleda, en A Estrada, en el río Liñares y en el coto de Rubín (en el río Curantes) hubo quien sacó del río las diez truchas que fijan el cupo por jornada. En A Estrada se capturó una trucha de medio kilo y los ejemplares que picaron fueron de buen tamaño. Triunfaron el cebo natural (lombriz) y la cucharilla. «Con mosca fue imposible», explicaba el vicepresidente de la Sociedad río Ulla, Miguel Sande.

En cambio, Juan Agra, presidente de la Sociedade de Caza e Pesca de Silleda, indicaba que casi todos los que probaron suerte en el río Deza volvieron con las manos vacías. Lo mismo pasaba en los cotos de las sociedades de Lalín y Rodeiro. Sus presidentes se hacían eco de las quejas sobre el incremento de depredadores como visones, cormoranes y nutrias.

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En la provincia de Lugo, en el coto de Parga y colindantes, los ánimos estaban bajos. Creen que se dio mal por el clima, por «la temperatura del agua» y porque «a primeras horas había mucha niebla». Un grupo de unos cincuenta pescadores solo contaron tres picadas y tres capturas cuando lo normal es que a estas alturas tuvieran contabilizadas unas 200 entre todos. Fernando Prieto, pescador de la zona, dicen que el caudal «va perfecto, a diferencia del año pasado que iba muy bajo por la falta de lluvias». También alerta de la superpoblación de cormoranes, que capturan la trucha antes de que desove. «El año pasado sembramos unos 20.000 alevines, pero tardaremos dos o tres años en notar sus efectos», explica. Luis López Cruz fue de los pocos con éxito, en el Coto de Baamonde: tres truchas. La primera fue la más grande, de 3,300 kilos y otras dos más pequeñas (entre las dos llegarían al medio kilo).

En el área de Bergantiños y la Costa da Morte la suerte fue desigual. Los que acudieron a las comarcas de Xallas, Soneira y Fisterra cubrieron, por lo general, los topes establecidos. En el río Anllóns las capturas fueron menores, debido otra vez a los cormoranes. El frío y las crecidas tardías condicionaron el estreno.

El entorno de A Coruña no repartió excesiva suerte, aunque sí se levantaron algunas truchas de generoso tamaño, como las que portaba un pescador de Betanzos a las orillas del Mandeo a su paso por Aranga, de más de 40 centímetros. «Con este frío pican más las grandes, que andan por el fondo, pero no se aprecia mucha cantidad», explica Juan Manuel Pérez Muíño, de la sociedad de pesca Río Mandeo.

Información elaborada por Luis Manuel Rodríguez, Rocío Pérez, Marta de Dios, Pablo Gómez, Toni Longueira y Toni Silva.

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