El riojano que llenó A Estrada de penitentes

Importó de su tierra la pasión religiosa y está situando al concello en la agenda gallega de procesiones de interés

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a estrada / la voz

A Félix Cela no le gusta hablar de sí mismo. Y mucho menos salir en la prensa. Pero hay iniciativas que llevan a fuego el nombre sus impulsores. Y la creación de la cofradía que ha reactivado la Semana Santa de A Estrada tiene mucho que ver con él.

A Félix, la Pascua le gustó desde pequeño. No solo por los dulces típicos y por las vacaciones escolares, sino, sobre todo, por las visitas a la casa de sus abuelos en Villafranca del Bierzo. Félix nació en Fabero, un pequeño municipio de la comarca berciana en el que su padre trabajaba como administrativo en el economato de una mina de carbón. Gracias a los estudios realizados por correo, el padre consiguió trabajo en un banco en Calahorra (La Rioja) y la familia se mudó con él. Sin embargo, siempre que podían, pasaban la Semana Santa en Villafranca. Allí fue donde Félix se empapó de la solemnidad de las procesiones de la Semana Santa castellana y donde se estrenó como nazareno. «Allí hay procesiones todos los días de la Semana Santa, de lunes a domingo», cuenta. «Me llevaban vestido de nazareno, con la cara descubierta», recuerda.

Un estradense medio nómada

Tras la estancia en Calahorra -con dos paréntesis de dos años en Mendavia (Navarra) y en Cervera del Río Alhama (La Rioja)- Félix y su familia aterrizaron en A Estrada. «Yo soy el mayor de cinco hermanos y, como mi padre trabajaba en un banco, cada vez que lo trasladaban nos movíamos con él», explica el hijo.

Llegaron a A Estrada en septiembre de 1987. Años después, su padre -ahora jubilado- se mudó con su madre a otros destinos como Xinzo de Limia y Ourense. Sus cuatro hermanas también volaron a otras localidades. Félix fue el único de los Cela López que echó raíces en A Estrada. Estudió cinco años de Administración en el IES Antón Losada, trabajó en la empresa Corral y Couto y gestionó también un almacén estradense de joyería antes de empezar a trabajar en una notaría local. El notario se tuvo que mudar a A Coruña, a Santiago y a Padrón. Félix, con él. Pero sin dejar A Estrada. Ahí buena parte del mérito lo tiene María Riveiro, una estradense que se casó con él el 8 de enero del 2000 dejándole bien claro cuál iba a ser el lugar de residencia.

A día de hoy, Félix suma 30 años en el pueblo. De todas formas, la pareja -que ahora tiene tres hijos- viaja con frecuencia a las otras patrias de Félix, que, tras una vida medio nómada, se siente tan estradense como berciano o calagurritano.

Y si Villafranca fue la ciudad en la que se inició en las procesiones, Calahorra fue el lugar donde Félix descubrió una religiosidad profunda que le animó a crear la cofradía de A Estrada. Fue en la Semana Santa del 2014. Félix llevaba ya muchos años residiendo en el municipio, pero seguía yendo a Calahorra en Semana Santa y participando, como espectador, en las procesiones. «A través de una de mis hermanas y de un amigo me pidieron que portase a la Virgen de los Dolores en la procesión de Calahorra. Sé que mucha gente no lo va a entender, pero fue algo muy especial. Es un sentimiento que no puedo explicar», cuenta.

«Calahorra es una ciudad romana. Allí se hace una escenificación del Vía Crucis y se montan tiendas romanas, con hogueras y con incienso... El ambiente, el olor... Parece que estuvieras en otra época», explica.

«Portar a la Virgen me dio ánimos para montar aquí la cofradía. Pensé lo bonito que sería poder ver en A Estrada lo que se hace allí», comenta.

Tras la experiencia calagurritana, Félix, que colaboraba en la parroquia estradense como catequista, sugirió hacer algo para engrandecer las procesiones locales de Semana Santa. Aquello fue el germen de la Cofradía de la Santa Cruz, que hoy cuenta con 38 cofrades de número, 32 simpatizantes y 17 niños colaboradores. «Es un grupo abierto y de participación muy dispar. Hay gente que colabora en todo, otra que no, gente que paga cuota pero no participa como cofrade en las procesiones o que no la paga pero sí participa... La cofradía tiene que estar abierta a todo el mundo. No debe ser algo cerrado. Sino esa oportunidad que tuve yo en Calahorra no la hubiese tenido», comenta.

Una Pascua más apetitosa

La cofradía cuenta ahora con 19 trajes de nazareno y 14 de penitente. Algunos son particulares y otros del colectivo. El Jueves Santo sale un grupo de penitentes cargando el Cristo atado a la columna y el Viernes Santo toma las calles la cofradía al completo. El colectivo ya ha escrito un pedazo de historia: el estreno triunfal en el 2015, las lágrimas en el 2016 al no poder salir por la lluvia, la polémica por los 10.000 euros de subvención del Concello en el 2017 y el robo de los estandartes hace dos años, algo que Félix interpreta como una «gamberrada» sin importancia.

Este año, la cofradía ha dado un paso más y ha buscado apoyos para editar mil ejemplares de un libro con el programa local de la Semana Santa. Entre las procesiones y las Santas Tapas, A Estrada empieza a ser un destino apetitoso para Pascua.

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