La mujer que sueña con una aldea de calabazas

Tras dejar el turismo para volver a sus raíces se lanza a la venta on line de calabazas ecológicas para toda España


a estrada / la voz

Hace ocho años que Montse Fernández decidió volver a sus raíces y convertirse en «unha muller de aldea». Hoy tiene 6.000 metros cuadrados de plantaciones ecológicas en Moraña, una tienda bio en A Estrada y un montón de clientes que confían en su criterio casi tanto como en el del médico.

Ahora su gran sueño es lanzarse a la venta on line de calabazas ecológicas para España entera. Los ensayos previos están funcionado muy bien. Montse tiene en la aldea de O Pumariño, en San Martín de Laxe (Moraña), una plantación de avellanos de 5.000 metros cuadrados en la que en años alternos planta también calabazas. Tres variedades, concretamente: la pottimarrón, la calabaza cacahuete y la vasca.

El consumo en Galicia va in crescendo. Y no solo por el redescubrimiento del Samaín, que levanta las ventas a finales de octubre. También por las propiedades del producto en sí, más allá de la contraprogramación al imbatible Halloween. «É moi saudable. Xa só ver a cor que ten...», cuenta Montse.

En Galicia, antaño se cultivó y se consumió calabaza. «Queremos recuperar ese uso da cabaza en Galicia», explica la productora. «Aquí debeu haber outros usos da cabaza, pero só quedaron os cabazos, de tamaño máis grande, e que se utilizaban para facer as chulas», comenta.

En el resto del estado, la calabaza es un producto habitual en la dieta con consumo asentado. «A cabaza de aquí é moi sabrosa e de moita calidade e pode ter boa saída fóra, onde xa teñen unha cultura de consumo deste produto. Non hai moitos produtores nin aquí nin fóra e apenas hai oferta deste produto por Internet», explica. Por eso la agricultora está decidida a explorar la posibilidades del comercio digital.

La morañesa está produciendo ya entre cuatro y cinco toneladas de calabazas en ecológico en sus 5.000 metros cuadrados de zona de cultivo mixto en San Martín de Laxe. A finales del verano, cuando llegue la próxima cosecha, iniciará la venta por Internet y, si la cosa funciona, ampliará la superficie de cultivo. «Espero plantar toda a aldea», bromea.

Entretanto, la calabaza de Montse se comercializa en varias tiendas ecológicas -incluyendo la suya en el Novo Mercado de A Estrada- y es ingrediente fundamental en el Calabizo. Para los no iniciados, el Calabizo es un chorizo vegano de calabaza. Un curioso producto con aspecto, olor y sabor similar al chorizo de siempre, pero 100 % vegetal, con alto valor nutritivo y pocas calorías.

Pero Montse no solo planta calabazas. En su feudo de Moraña también hay crucíferas -como repollos, berzas o puerros- y todo tipo de cultivos de temporada. De confianza. Como los que su madre le ponía en el plato cuando era pequeña. Solo que en ecológico.

Montse fue una niña de aldea y tuvo la suerte de crecer comiendo lo mejor de la huerta. Su madre fue agricultora profesional, así que nunca tuvo que tragar lechuga con aspecto plástico ni tomates recocidos por las cámaras.

Alguno de esos sabores auténticos debieron venirle a la memoria a Montse cuando hace ocho años dejó el turismo para cultivar la tierra. La agricultura no fue su primera opción profesional. Ni mucho menos. La morañesa estudió hostelería. Pero el calor de los fogones la dejó indiferente. Luego se diplomó en Turismo. Llegó a ejercer en la oficina de información de Cuntis y en la empresa Air Europa. Su trabajo le gustaba, pero la inestabilidad laboral no. «Estaba seis meses dentro e seis meses fóra, moitas veces de becaria... E dixen: ‘no’. Acabouse», explica.

Dicho y hecho. Sin perder más el tiempo. «Dábame moita pena ver as terras da miña familia abandonadas e ocorréuseme o da agricultura ecolóxica», cuenta. Buena parte de la culpa la tuvo también un homeópata argentino que era primo de una vecina suya. «Fun como paciente e íame dando consellos», cuenta. Sus sugerencias le fueron metiendo a Montse el gusanillo de la vida sana en el cuerpo. Empezó a formarse intensamente. Hoy, es referente de alimentación saludable e imparte todo tipo de talleres. De cocina sana, vegetariana, macrobiótica, alimentos-medicamento o cosmética natural, por ejemplo. «A xente dime: ‘Moito sabes’. Pero como lles digo eu, son como unha muller de aldea. Versátil. Antes facíase o pan na casa, o xabón, o queixo... Eu tento ser autosuficiente», explica.

La vida sin entrar al súper

Y se las apaña bastante bien. En su casa no entran los alimentos procesados. Y al súper Montse solo va a comprar lejía. «Hai un substituto que é o ácido cítrico, pero non o uso a diario», cuenta.

Con dos hijas de 5 y 8 años, uno se pregunta si las niñas no estarán locas por un Donuts o unos Nuggets. Pues no. Lúa, que tiene 8 años, le ha salido vegetariana. «Foi cousa dela, desde os catro anos. Haille que facer menú aparte e é máis lío para que coma equilibrado», cuenta su madre. La pequeña, Catarina, tiene 5 años y no quiere saber nada de chuches desde que una vez analizaron en familia los ingredientes.

Su alimentación en casa es modélica. «O malo é cando imos de restaurante. Sufro para elixir», confiesa.

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