A Estrada se bebió sus manzanas en una fiesta prolongada

La Feira da Sidra despachó en torno a 1.500 litros, y más de 1.700 pinchos durante toda la jornada

la voz

Tercera Feira da Sidra en A Estrada, y tercer año agotando existencias. Así lo indicaba ayer el presidente de la Asociación Maceira e Sidra, Jesús Armenteros, pasadas las ocho y media de la tarde en una carpa de la Praza do Concello que continuaba atendiendo a numerosos adeptos: «Prácticamente agotamos las existencias, en torno a las 1.500 botellas. El día ayudó mucho, y la gente fue muy constante». ¿Qué significa esa constancia? Pues que quienes se dejaron 4 euros en comprar el vaso que permitía degustar las 22 sidras de la feria ?11 de artesanos y otras tantas de profesionales?, los desquitaron ampliamente, porque repitieron varias veces.

No hay más que hacer la cuenta: se despacharon en torno a 1.200 vasos, y no fueron muchas las botellas que se vendieron para llevárselas a casa. Hubo alegría, pero tranquilidad absoluta. Y es que para acompañar a la sidra, la hostelería estradense despachó por la mañana un millar de pinchos, a un euro unidad: de tortilla, choricitos y tres empanadas a elegir ?bacalao, carne y manzana?. Raciones generosas que contribuyeron a asentar la sidra. Por la tarde, aún se despacharon otros 700 pinchos más, en una jornada en la que no faltó la animación musical ni la presencia de algunos ciclistas con bicicletas que fueron de estreno hace muchas décadas.

Aunque la degustación arrancaba a las 12.30 horas, con presencia del alcalde, el momento álgido estuvo hacia las dos de la tarde, con la carpa llena. Para quienes no se conformaban con los pinchos, había anexa una pulpería con churrasco también. Una fiesta por todo lo alto que ya piensa en la próxima edición, para continuar permitiendo que una vez al año, todos a una, A Estrada se beba sus manzanas.

Grolo de ouro

La Feira da Sidra mantiene también una pugna para distinguir la sidra que goza de mayor aceptación por parte del público. Es la distinción del Grolo de Ouro. En esta ocasión, fue para Daniel Peroja, de Agar, pero como había recibido ya la distinción el pasado año, existe un acuerdo para evitar que repita el mismo lagar. Así que el galardón recayó en Natalia Arca, de Ribela, una joven sidrera «que pertenece a la generación siguiente», comentaba ayer Armenteros. Una generación que tratará de perpetuar el mundo de la sidra en el municipio que es cuna de la Rabiosa de Callobre.

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