El verano a lo «british» de Sara y Estela

Rocío García Martínez
rocío garcía A ESTRADA / LA VOZ

DEZA

La Voz

Dos estradenses becadas por la Xunta a través del programa Galemundo mejoraron su inglés en el Reino Unido y vivieron experiencias irrepetibles

30 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Sara Sánchez García (A Estrada, 2008) y Estela Riera Vázquez (A Estrada, 2009) han vivido este año el verano de sus vidas. Eso fue lo que les prometieron en la reunión preparatoria de sus viajes formativos al extranjero y, según cuentan a su regreso, fue más o menos lo que les sucedió en el Reino Unido.

Sara y Estela fueron dos de las beneficiarias de las becas lanzadas por la Xunta para los alumnos gallegos de Bachillerato interesados en realizar estancias lingüísticas de verano en el extranjero . En ambos casos, el destino fue el Reino Unido. Sara, que este año terminó segundo de Bachillerato, estuvo este mes de agosto en Oxford, la famosa ciudad inglesa situada al noroeste de Londres que es mundialmente conocida por su Universidad. A Estela, que cursó primero de Bachillerato, le tocó en suerte Brighton, una ciudad costera situada en el sur de Inglaterra, junto al Canal de la Mancha. Ambas están felices con sus destinos y con las experiencias que allí vivieron.

Sara Sánchez había estado hace un par de años de viaje por Irlanda, pero nunca había pisado Inglaterra. La estancia en Oxford del 1 al 22 de agosto será para ella inolvidable no solo por todo lo aprendido, sino también por las amistades trabadas. «Lo mejor de todo es que conoces a un montón de gente. Desde el día uno hubo muy buen ambiente entre todos. No hubo nadie que se quedara fuera. Tanto es así que, en el grupo que tenemos, un día después de volver ya estábamos organizando una quedada en Galicia», explica feliz.

Lo que menos le gustó de la experiencia fue la comida. «Era bastante mejorable, la verdad. Para mi gusto estaba todo muy picante. A todo le echaban picante y condimento. Hubo gente que lo pasó mal con la comida, aunque yo he de decir que soy de buen comer y me lo comí todo igualmente», cuenta riendo.

La adaptación a los horarios también le costó lo suyo a Sara Sánchez. «El desayuno era entre las 7.30 y las 8.45 horas, la comida a las 12.00 o 12.30 y la cena a las 17.00 o 17.30. Lo de la cena era lo que peor llevaba yo. Siempre tenía que hacer recena porque antes de dormir ya volvía a tener hambre. Me dejé una pasta en el supermercado que teníamos al lado», cuenta.

Fuera de estos detalles, la estradense solo tiene buenas críticas para la experiencia. «En la residencia estábamos todos los gallegos e hicimos grupo, pero en clase nos sentaban con gente de otros países para obligarnos a hablar en inglés. Conocimos a rusos, rumanas, turcos, alemanes, italianos...», explica la estudiante. Según cuenta, esa dinámica la ayudó a soltarse a hablar en inglés y el tiempo pasado en Oxford le permitió además una mejor comprensión. «A los profesores, desde luego, se les entendía perfectamente. Otra cosa es que vaya a entenderle todo a alguien de la calle», reflexiona.

A mayores, Sara se lleva en la retina un montón de estampas de los lugares que visitaron. «Estuvimos en Londres dos veces, en Stratford-upon-Avon, que es donde nació Shakespeare; en el Castillo de Windsor y en un pueblecito que se llamaba Bourton-on -the-water. Y Oxford lo conozco ya casi como A Estrada», bromea.

Sara Sánchez desmonta además un mito. «Eso de que no hace calor en Inglaterra... La sudadera me la puse solo tres días y un día estuvimos a 36 grados», cuenta.

También Estela Riera solo tiene buenos recuerdos de su estancia en Brighton entre el 21 de julio y el 11 de agosto.

A Estela le hablaron de las becas en el instituto y en su academia de inglés y ella no se lo pensó dos veces. «Leí un poco sobre el asunto y les planteé a mis padres el tema ya estudiado. Les pareció bien pedir la beca. Sinceramente, la pedí por si acaso, pero no creía que me la fueran a dar», confiesa.

La estradense está encantada con el destino. Le gustó Brighton, pero también otros pueblos del entorno que visitaron en los ratos libres. «Me encantaron pueblos como Lewes o Eastbourne, que son sitios más pequeños que, en un viaje con la familia, probablemente no habríamos visitado», explica. «Me chocó que los días de descanso fuesen lunes y martes. Los lunes solíamos hacer las excursiones más grandes: fuimos dos veces a Londres y una a Canterbury. Los martes hacíamos otras actividades organizadas por las monitoras de España que también estuvieron muy bien. Fuimos a ver un partido del Brighton y a los acantilados Seven Sisters, en Seaford», comenta la estradense.

Además de las excursiones, Estela Riera también disfrutó de las clases. «Era tres horas al día, de mañana o de tarde, y me gustaron un montón. Conocimos a gente de todo el mundo. Me parecieron súper divertidas, igual que las actividades más lúdicas. A mí el fútbol no me gusta mucho, pero además de deporte había Just Dance, juegos de imitación de escenas de películas o desfiles de moda con trajes hechos de cartón», relata.

«La comida fue lo peor, pero es que además yo soy celíaca y tenía muchas veces sándwich de queso y cebolla... Pero vale mucho la pena por todo lo demás», dice convencida. «Me da la sensación de que ahora entiendo mejor cuando escucho hablar inglés y además hice muchos amigos. Con las seis que mejor me llevé tenemos un grupo y hablamos todos los días. Es una experiencia que le recomendaría a todo el mundo al 100%», aconseja.

Más de 600 estancias en el extranjero para bachilleres gallegos

A través del programa Galemundo, la Xunta convoca estancias lingüísticas en países extranjeros tanto para alumnado de Bachillerato como para universitarios. En las primeras, con un total de 647 plazas ofertadas este año, los jóvenes pueden reforzar su conocimiento de idiomas en Alemania, Canadá, Reino Unido, Francia y Portugal. El Gobierno gallego se hace cargo de los gastos derivados del coste de los cursos, el mantenimiento, alojamiento, traslados y actividades complementarias. En el segundo caso, se ofertaron 168 becas para universitarios para realizar un curso de idiomas en cualquier país del mundo, con un mínimo de 45 horas lectivas. La ayuda era de 1.200 euros para estancias en Europa y de 1.500 para el resto del mundo.