Conmoción, nervios e impotencia en la comunidad venezolana local

Rocío García Martínez
Rocío garcía A ESTRADA, LALÍN / LA VOZ

DEZA

La Asociación de Venezolanos del Deza celebró ayer una jornada de emprendimiento en colaboración con el Polo de emprendimiento de Silleda
La Asociación de Venezolanos del Deza celebró ayer una jornada de emprendimiento en colaboración con el Polo de emprendimiento de Silleda Miguel Souto

Cerca de 2.000 residentes con lazos en el país vivieron ayer pendientes del teléfono

26 jun 2026 . Actualizado a las 13:20 h.

La emigración gallega ha tejido fuertes lazos entre Venezuela y las comarcas de Deza y Tabeirós-Terra de Montes, donde a día de hoy residen cerca de 2.000 personas procedentes de la República Bolivariana. Por eso no es extraño que los terremotos que la madrugada del jueves (hora española) sacudieron Venezuela desvelasen también a la comarca, que ayer vivió una jornada de conmoción, nervios e impotencia por los fallos en las comunicaciones.

Desde la Asociación de Venezolanos del Deza, la presidenta, María del Carmen Baldonedo, resume en una frase la catástrofe: «Ha sido dantesco». Baldonedo vivió ayer una intensa jornada de llamadas y reuniones. «De momento no se puede aquilatar bien la magnitud de los destrozos y del desastre», dice. «La gente con la que he estado hablando tiene a su familia bien. Algunos que no aparecían han ido apareciendo, aunque sigue habiendo mucha gente desaparecida y las casas están dañadas. La situación ya estaba difícil en Venezuela y ahora está mucho peor. El sistema sanitario está colapsado», dice. «Solo en La Guaira, por ejemplo, se han desplomado 30 o 50 edificios. Es una catástrofe de magnitud no vista», explica María del Carmen Baldonedo.

Según cuenta, ha sido un día en el que los teléfonos de toda la comunidad venezolana local han ardido. «Fue un día de llamadas para saber si nuestra gente estaba bien, pero muchas veces las llamadas fueron infructuosas porque hay muchos lugares sin servicio de teléfono ni Internet y porque a veces las personas también estaba ocupadas en resolver su propia realidad», dice.

La visión de la situación es compartida por la Hermandad Venezolana de A Estrada. Su presidenta, Leovelys Camba, también vivió ayer pegada al teléfono. «Mi hija voló ayer a la una, en el vuelo Caracas-El Vigía (Mérida). Gloria a Dios, el terremoto fue a las seis. Yo estuve llamándola esta madrugada y ella estaba durmiendo tranquilamente. Todos están bien, pero el susto ha sido grande», dice.

También el vicepresidente del colectivo estradense, José Enrique Nogueira, está impactado por la noticia. «Falla la luz, falla el agua, el teléfono, Internet... y los hospitales, que antes estaban mal, ahora están peor», dice.

«A mi hijo lo desalojaron en Caracas porque su edificio quedó en pésimo estado»

El estradense Luis Leal, natural de Tabeirós (A Estrada) y residente en el estado de Bolívar desde hace casi 50 años, contaba ayer cómo se vivió en su casa la tragedia. «En Bolívar se sintió el terremoto, pero muy leve, pero mis hijos viven en Caracas y en Valencia y ellos sí lo vivieron más intensamente», cuenta.

Su hijo, Roger Leal, es cirujano y compagina el ejercicio de la profesión con un curso de posgrado. «Tiene alquilado un apartamento en Valencia. Cuando sucedió el terremoto, él estaba trabajando en el hospital. Al llegar a casa le mandaron desalojar el apartamento porque quedó en pésimas condiciones y no era seguro, así que tuvo que instalarse en casa de una compañera», explica el padre.

Grietas que dejó el terremoto en el piso en el que vive Estefanía Leal en Caracas
Grietas que dejó el terremoto en el piso en el que vive Estefanía Leal en Caracas

«Mi hija Estefanía vive en Caracas, en el apartamento que tenemos allí. Estaba en él cuando fue el terremoto. Como la semana pasada se cayó de la moto y se fracturó la clavícula, cuando notó el terremoto y quiso salir a la calle, como hizo mucha gente, no fue capaz de abrir la puerta, así que se tiró en la sala y aguantó allí. Hay edificios que se cayeron, sobre todo en La Guaira, la zona donde están el aeropuerto y el puerto. Allí muchos edificios cayeron y algunos tienen que tirarlos por el estado en el que quedaron. Nuestro edificio en Caracas, donde estaba ella, aguantó. Le dijeron que iban a ir Defensa Civil y los Bomberos a supervisar la estructura para ver si era seguro, pero de momento no fueron y sigue allí», explica el estradense.

«La gente está desesperada por ayudar pero si la ayuda es a destiempo es un problema»

La presidenta de la Asociación de Venezolanos del Deza participó ayer en una reunión con otros colectivos gallegos para empezar a organizar la ayuda que se pretende prestar desde Galicia. «Están surgiendo cantidad de iniciativas, pero hay que actuar coordinadamente. La gente está desesperada por ayudar, pero hay que canalizar esa ayuda para que se pueda recoger, enviar y distribuir bien. La ayuda, si se envía a destiempo, es más un problema que una ayuda. Ya ha pasado en otras emergencias», advierte.

«Hay que recordar que el aeropuerto está colapsado y si no se organiza bien la distribución los envíos de ayuda pueden ser incluso un problema. Estamos pendientes de conversar con otras instituciones que puedan asumir allá la distribución de la ayuda. De lo que se trata es de ayudar eficazmente», dice.

También la presidente de la Hermandad Venezolana de A Estrada, Leovelys Cambas, está en contacto con la Federación Venezolana de Galicia para tratar de activar en la zona un centro de recogida de ropa, comida o insumos para enviar a alguna oenegé en Caracas.