La casa tipo amueblada tiene 25 metros cuadrados y cuesta 30.000 euros
24 may 2026 . Actualizado a las 09:21 h.Una cabaña sostenible, económica y lista para entrar a vivir en tres semanas. Ese es el producto que el emprendedor estradense Manuel Pose Tato dará a conocer la próxima semana en la feria Terra Emprende, un escaparate del emprendimiento gallego que abrirá sus puertas los días 28 y 29 de mayo en la Praza do Concello de A Estrada.
Para Manuel Pose, emprender no es algo nuevo. A sus 63 años, sabe lo que es levantar un proyecto propio y sabe también lo que es reinventarse y volver a empezar de cero. Y eso es lo que está haciendo con la firma Yellow Fin ING Pose Tato, que diseña y oferta cabañas de madera orientadas al uso residencial y turístico con dos ventajas indiscutibles: la rapidez en la fabricación y en la entrega y el precio.
El nombre de la empresa tiene mucho que ver con la trayectoria vital de Manuel Pose y su etapa venezolana. Hijo de emigrantes gallegos, Manuel Pose creció en Venezuela y tuvo siempre una gran debilidad por el mar, en el que disfrutó toda su vida de la natación y el submarinismo. «Yellow Fin es, en inglés, ‘aleta amarilla'», explica. La marca, que rinde homenaje a esa pasión, incluye también la lógica referencia al sector de la ingeniería (ING) y los apellidos del emprendedor.
El estradense está abierto a todo tipo de trabajos de ingeniería. No obstante, en esta nueva etapa, ha apostado por las cabañas sostenibles como bandera. «En ingeniería hay mucha competencia, así que intenté buscar algo un poco diferente y creo que ahí puede haber un mercado interesante», explica el promotor de la idea. «Son viviendas económicas, versátiles y sostenibles. Creo que es lo que busca mucha gente y creo que es un área donde podría competir», comenta.
Lo primero que aclara Manuel Pose es que, a pesar de tratarse de estructuras ligeras y fácilmente montables y desmontables, sus cabañas solo pueden instalarse en parcelas que cuenten con la preceptiva licencia de obra y acceso a los servicios necesarios.
«Se trata de cabañas de planta cuadrada con 25 metros cuadrados de superficie en la planta baja. No obstante, la geometría planteada permite aprovechar un área un 60% mayor en la planta techo, proporcionada por una inclinación de 10 grados con la vertical bidireccional de las columnas», detalla el ingeniero. «Se trata de estructuras modulares, de forma que, si se quiere una vivienda más amplia, no hay más que unir varios módulos», explica. «De niño era amante de los Lego. Te da una perspectiva tridimensional. Esto es algo parecido», comenta.
Manuel Pose indica que la estructura de las cabañas es de madera y el tejado de panel sándwich con el acabado que se prefiera en función del entorno o los gustos particulares del cliente. «Podría ser un acabado de teja envejecida, roja, negra...», explica. Las paredes exteriores son de pladur roca con acabado simulando piedra, ladrillo o el material que se elija. «En las cuatro esquinas van grandes vitrales que dejan ver solo de dentro a afuera, para iluminar bien los espacios», añade. La cabaña va separada del suelo, con un sistema de cimientos con tornillería que permite aislar la vivienda de la humedad. El módulo base cuenta con una habitación amueblada (con cama, mesita, armario y televisión), un baño con plato de ducha o bañera, una sala con sofá cama y una cocina con sus electrodomésticos. La estructura básica está pensada para el disfrute de cuatro personas.
Según explica Pose, el coste de la cabaña básica (sin conexiones a los servicios) es de 30.000 euros si está amueblada o 25.000 sin muebles. «El precio es muy llamativo, pero lo más llamativo es la rapidez de entrega. En tres semanas, un mes como mucho, está para vivir», dice el empresario.
Hasta el momento la empresa tiene a la vista tres proyectos: uno para construir 16 cabañas turísticas en Parada (Cerdedo), otro para instalar seis en A Illa y el tercero para otras seis en Ouzande.
La de Manuel Pose es una historia de emigración de ida y vuelta. Sus padres, que eran de Parada (Cerdedo), emigraron a Venezuela en busca de un futuro mejor. Allí nació Manuel Pose, que de niño también vivió un par de años en Cerdedo, cuando sus padres andaban a caballo entre uno y otro lado del océano. «Hice cuarto y quinto de Primaria en Cerdedo. Venía mucho a A Estrada, que era el pueblo de referencia. Luego nos volvimos a Venezuela, donde viví hasta hace nueve años, cuando, por razones muy obvias, volví a España», cuenta. «Mis padres emigraron a Venezuela y ahora nos tocó migrar de vuelta en busca de oportunidades», cuenta.
En Venezuela, Manuel Pose estudió Ingeniería Civil y dio clases en la Universidad durante 25 años. Al mismo tiempo montó con su mujer y otro socio una empresa de ingeniería. Su siguiente empleo tras dejar la Universidad fue en las Fuerzas Armadas, donde estuvo diez años y trabajó revisando proyectos y ejerciendo también una labor docente. Desde su regreso a España trabajó dos años en la inspección de obras en Tenerife y, ya en el año 2020, se instaló en A Estrada —de donde era originario un primo de su padre— para atender a su madre y empezar otra vez de nuevo, como siempre ha hecho.
Puertas abiertas
«No traje capital, el capital está en Venezuela y lo poco que tengo es de mis hijos. Vengo de una familia humilde y mi padre murió joven, así que emprender para mí no es gran cosa. Estoy encantado aquí. Galicia me ha abierto las puertas», explica.
«He viajado mucho por España y no cambio Galicia por nada. Me gusta todo: las playas, la montaña... Pero sobre todo su gente, el trato... En A Estrada estoy feliz», confiesa.