«Llevo 15 meses sin una verbena y tirando de ahorros para pagar créditos»

Los profesionales de las fiestas dan por hecho que este verano tampoco podrán trabajar. «La vacuna para nosotros llega tres meses tarde», dicen


a estrada / la voz

La pandemia ha llevado a la tumba a muchos negocios y ha dejado en los huesos a otros. Salvo excepciones, todos los sectores han sufrido su embestida. Sin embargo, si hay uno especialmente tocado es el de las verbenas, que además todavía no ve la hora de levantar cabeza.

El estradense Marcos Rey López es administrador de Representaciones Chapín y representante de la orquesta Galilea. Según explica, en noviembre del 2019 fue la última vez que facturó una verbena. «La temporada acaba en octubre. Desde noviembre del 2019 no volví a facturar nada y ya tengo asumido que este verano tampoco se va a trabajar», dice.

«Hay cosas contratadas del 2020, pero está todo en el aire. El 9 de mayo acaba el estado de alarma, pero está claro que el 10 no se va a hacer nada y en junio tampoco. Y en julio y agosto lo dudo. La vacuna, para nosotros, llega tres meses tarde. Si ahora, a tres o cuatro meses del inicio de la temporada alta, hubiésemos conseguido la inmunidad de rebaño sería otra cosa, pero así no va a ser posible retomar las fiestas», se teme Marcos.

«Las verbenas serán lo último que se recupere, por su idiosincrasia. Un espectáculo en un teatro puedes hacerlo, con la gente sentada y separada, pero a una verbena no vas para estar en una silla. La esencia de la verbena es otra. Es bailar, estar en la barra tomando algo, charlar...», explica.

Según indica Marcos Rey, en el sector todo está absolutamente parado, algo que considera más que comprensible desde el punto de vista de los organizadores. «Una comisión de fiestas se nutre de los donativos de la gente de la parroquia y de las ayudas de las empresas del entorno. A ver qué comisión de fiestas se va a poner a trabajar con la incertidumbre que hay y con qué cara va a pedir para las fiestas a casa de unos vecinos con dos personas en ERTE o a una empresa que lleva parada dos meses», comenta el empresario.

Según explica el estradense, en su empresa, en temporada alta, de mayo a septiembre, podían contratar entre 70 y 80 actuaciones que daban para vivir todo el año. Ahora, la agenda está a cero.

El empresario ha solicitado el cese de actividad y de la tasa de autónomos y tiene a un empleado en ERTE, pero aún así la situación es complicada. Hay créditos que pagar y, con cero ingresos, los ahorros se van agotando. «Cada día que pasa tienes más deudas y menos ahorros», explica.

Marcos Rey reivindica ayudas directas para el sector. «Ya no pido un rescate porque no me van a dar lo que facturaba, pero sí ayudas directas para atajar gastos bancarios. Lo único que nos han ofrecido son subvenciones con requisitos de acceso bestiales y destinadas solo a gastos de empresa, que no tenemos aún porque no estamos trabajando. Son a cambio de una actuación para la Xunta. Esperamos sensibilidad con las orquestas, como sector autóctono y dinamizador cultural y económico del rural», dice. «Para salvar a alguien que se está ahogando primero tienes que sacarlo del agua y después hacerle el boca a boca. Si se muere antes ya no necesita el boca a boca», explica gráficamente.

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