Las lecciones que nos pueden dar los niños para encarar y vencer al covid

Los profesores aseguran que los alumnos cumplen las normas sin quejas


lalín, a estrada / la Voz

Después de las nuevas restricciones puestas en marcha por la Xunta, la vida sigue igual en los centros educativos. Colegios e institutos continúan con las rutinas puestas en marcha con el inicio del curso escolar y no variaron ni un ápice las medidas de control y de prevención que suponen un esfuerzo extra, casi titánico, en muchos casos, al profesorado. Mientras que en la calle vemos como las medidas se relajan y las mascarillas tienden a deslizarse, los estudiantes siguen siendo un ejemplo.

En los centros de la zona los profesores coinciden en que la mascarilla forma parte de los chavales «que non a quitan en ningún momento, nin os máis pequenos». En el Pío Cabanillas de Dozón explican que «pórtanse de marabilla é van cumprindo todo». Con el paso del tiempo, como a todos, hay cosas que cuestan cada vez más. Señalan que «a veces queren xogar ao pilla pilla, pero lle dis algo, e xa obedecen sen problema».

En el colegio de O Foxo recibieron esta semana la visita de Eva García, coordinadora de covid del centro de salud de A Estrada, que se encargó de hacer con los niños unos talleres que sirvieron para recordar todos los protocolos y normas. «Fixeron un simulacro de manter ás distancias e que ela viñera aquí e lles explicara o porqué de cada cousa que se fai tamén axuda, e si que fai efecto», explica la directora, Rosa Ferreira.

«A máscara non a quitan nunca, só a merenda. Teñen que estar comendo separados e calados e o cumpren», añade. Si mascarillas y desinfecciones ya forman parte de la rutina diaria, con el tiempo a los alumnos les cuesta más guardar las distancias. Para evitar acercamientos están los profesores que se llevan multiplicando ya todos estos meses de pandemia para controlar que nadie se salte las rígidas normas, se mantengan los grupos burbuja en los patios y clases, que en los distintos rincones del centro no falten los geles, que las entradas y salidas se hagan escalonadas, que en los recreos los chavales no se acerquen demasiado unos a otros y un largo etcétera.

Las ventanas siguen abiertas en las aulas, en la mayoría de los centros, durante toda la jornada lectiva sin que ello suponga quejas por parte de los estudiantes. En el colegio de Rodeiro el director señala que «ao principio algún dicía que tiña frío, pero agora xa non». En algún centro, especialmente algún instituto de la zona, llegaron a permitir a los estudiantes estar en clase con la cazadora o incluso llevarse una manta, lo que derivó, por un tiempo, en un pequeño desfile de mantas de sofá que los chavales lucieron con garbo hasta que pasó la novedad que no duró mucho y las aulas recuperaron su aspecto habitual.

En el comedor, apunta el director del colegio de Rodeiro, Ernesto Fernández Guerra «cada rapaz ten o seu sitio pero agora hai algún que de vez en cando quere levantarse». Señala que en el centro a los de Secundaria empieza a costarles más la disciplina y aunque nadie se quita la mascarilla tienden a querer estar más juntos, apunta. Son edades difíciles en las que en todos los centros hay algún curso con algunos alumnos más rebeldes. Lo normal en la adolescencia. El director explica que «puxemos unha marca no chan en cada mesa para que se manteñan as distancias e non se movan».

En el Xesús Golmar, su directora, María Jesús Froiz, señala que «os rapaces están adaptados totalmente, pórtanse de marabilla». Una opinión que comparten en el colegio de Silleda donde defienden que «os rapaces son un exemplo». Otra de ellas es Xoana Mouriño, la directora del IES Aller Ulloa de Lalín, que destaca que «en xeral, os nenos son un exemplo. Si todos actuarán coma eles, outra cousa sería».

Subraya la labor del profesorado «de matrícula de honra» que «fan un esforzo enorme» y que están ahí siempre para lo que haga falta. Y en estos tiempos de pandemia, el trabajo que hace falta es mucho.

Imaginación al poder para mantener el espíritu del Entroido

Otros años por estas fechas, al cierre del mes de enero los colegios se vestían con palomas blancas, manos del mismo color y un sinfín de símbolos para entonar un canto por la paz. Este año, la pandemia provocó la suspensión de todas y cada una de las actividades en grupo y las concentraciones. Aquellos actos que reunían a todos el alumnado en el patio son ya historia.

Pero pese a todo, y aunque en esta situación, con la tercera ola del coronavirus en pleno apogeo, no hay ánimo para mucho, en muchos centros se afanan por no perder ni el espíritu del Entroido ni dejar de lanzar un mensaje de paz.

En el colegio de O Foxo celebran el lunes el Día da Paz con un homenaje a Luis Ferreiro. Lo harán a partir de las 12.00 horas con la lectura de unos poemas por parte de los niños para dar lugar a la celebración de la paz. Si el tiempo lo permite, la idea es que el acto tenga lugar en el patio y se hará guardando las distancias y con todas las medidas de seguridad. No será como años, pero hay que adaptarse a los protocolos, dicen.

En Carnaval, las actividades estarán limitadas al aula. Una opción en la que se van a centrar en muchos centros de Primaria. Si otro año en O Foxo se preparaban comparsas por cursos y se elaboraban disfraces, esta vez, dada la imposibilidad de juntarse, «vamos a deixar que os rapaces veñan disfrazados como queiran, aínda que a suxerencia é manter o tema do Camiño», explica la directora.

El colegio estradense mantendrá también otras tradiciones arraigadas como «os mandados da bruxa que poremos coma sempre». «Como somos pouco alumnado, sairemos todos ó patio, os de Infantil e Primaria, separados e mantendo os grupos burbulla no patio por zonas, pero polo menos para verse aínda que sexa de lonxe e vexan os disfraces de cada un e compartan iso». En el Pío Cabanillas, al igual que en otros colegios, están dándole aún vueltas a ver qué pueden hacer para mantener de algún modo la celebración. En el colegio de Silleda explican que «na aula estamos facendo actividades, aprendendo cousas do entroido e dos diferentes entroidos que hai» y el viernes antes de Carnaval, a falta de fiesta decidieron no perder el humor. Ese día, apuntan, «os rapaces viran vestidos de profes dos anos 70 e os profes viremos vestidos de rapaces». El objetivo es poner un poco de alegría y humor y que algo tan nuestro como el Entroido no pase desapercibido este año y tenga alguna presencia. En los centros no habrá celebraciones al uso, pero si algunas actividades. En el Aller se articuló un concurso de máscaras y los chavales si quieren podrán ir disfrazados.

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