Emma González, primera alcaldesa nombrada en Galicia tras morir Franco

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

DEZA

XOAN CARLOS GIL

Llegó al cargo en Vigo dos veces (1976 y 1978) en la etapa preconstitucional

12 ene 2021 . Actualizado a las 16:56 h.

El 15 de enero de 1976, Emma González Bermello se convertía en la primera mujer que alcanzaba la alcaldía en Vigo. Fue un mandato efímero. Un trámite para facilitar la continuidad de Joaquín García Picher. El fallecimiento de Francisco Franco, casi dos meses antes, obligó a recomponer las alcaldías para limpiarlas de cualquier olor dictatorial mientras en España se debatía sobre el modelo político a seguir. Era una formalidad, ya que en vez de ser designados por el gobernador civil _máxima autoridad del Estado en una provincia_ iban a ser elegidos por los concejales de la corporación, que tampoco habían sido designados democráticamente.

Joaquín García Picher era alcalde desde septiembre de 1974 e incluso los quince días que se mantuvo alejado del cargo, su peso político siguió ejerciendo presión sobre el consistorio vigués. El ambiente machista de la época tampoco ayudó mucho a la nueva alcaldesa. En la mayor parte de las informaciones de la época apenas se la cita por su nombre, e incluso se decía en la prensa que en unos días regresaría el verdadero alcalde al consistorio vigués.

«Es una actividad que siempre me había gustado. Nunca fui ama de casa; Jesús (su marido), que siempre contaba conmigo para todo en la empresa, terminó por convencerse de que mi interés por la política no era pasajero, así es que me ayudó en todo», reconocía González Bermejo años después en La Voz de Galicia.

Su llegada a la política municipal se fraguó a través del tercio familiar en las elecciones de 1970 y, tras la llegada a la alcaldía de Joaquín García Picher, fue nombrada teniente de alcalde, condición que le valió asumir la alcaldía en las ausencias de Picher.

No fue la primera mujer que llegó a ser alcaldesa en Galicia. La reforma municipal impulsada por el tudense José Calvo Sotelo en 1924, durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, permitió que las mujeres cabeza de familia pudieran acceder a los cargos en los ayuntamientos. A consecuencia de aquel decreto llegó la primera regidora gallega: Concepción Pérez Iglesias se convirtió en 1925 en alcaldesa de Portas. Aquella misma ley facilitó el acceso como concejalas en la corporación de Vigo a las dos primeras mujeres en 1927. Eran Margarita Losada de Pardo y Agustina Álvarez de Rovina. En esa ocasión, el alcalde Mauro Alonso Cuenca elogió a las dos edilas por su actitud y sus dotes patrióticas «al aceptar un cargo de sacrificio como es el de concejal, mientras muchos hombres se quedan en casa por carecer de esa virtud».

Incluso durante el franquismo hubo algunas mujeres que llegaron a alcaldías en Galicia. Fueron los casos de Benedicta Pérez, en Brión, y Pilar López García, en Ramirás. Sin embargo, Emma González Bermello sí fue la primera en ocupar una alcaldía en una de las grandes ciudades gallegas y la primera de toda la comunidad tras la muerte del dictador.

El mandato de la alcaldesa de Vigo concluyó el 25 de enero de 1976, día en el que se reunió la corporación para elegir alcalde entre los concejales. Se presentaron al cargo Joaquín García Picher, José María Pernas Martínez y Antonio López y López. La primera votación no alcanzó la mayoría suficiente, lo que obligó a ir a una segunda vuelta, en la que ya quedó excluido Antonio López. Finalmente, García Picher fue nombrado ese mismo día. Emma González Bermello continuó con primer teniente de alcalde, en un mandato muy complicado. Tanto, que el alcalde presentó su dimisión en noviembre de 1977, pero entonces no le fue aceptada por el resto de los concejales. El 19 de agosto de 1978, Picher logró hacer efectiva su dimisión.

Mandato de gran crispación

Nuevamente, González Bermello asumía el bastón de mando municipal en un período especialmente tenso, con presiones vecinales, sindicales y políticas. Tal era el ambiente de crispación que siete concejales no soportaron la presión y abandonaron el ayuntamiento, dejando la corporación en quince concejales. A ello hubo que sumarle una huelga de funcionarios municipales que paralizó en gran medida la actividad pública.