Muertes silenciosas de esta pandemia


Alas puertas del fin de semana, la página 3 de La Voz del viernes es todo un resumen de cómo están ocurriendo las cosas, en lo relativo a la pandemia. Tras constatar que «España sigue sumando miles de muertos de más que no se cuentan como de covid», lleva a titulares una realidad que asusta: empezamos a contener los contagios, pero crece el número de muertes en relación a estos. ¿Mejora la prevención mientras se desatiende la reacción?

Una de las respuestas la encontramos en el titular que ocupa el tercio inferior: «El covid eleva el riesgo de muerte y complicaciones en infartados». Es un ejemplo empírico de como el coronavirus se ceba con los mayores, pacientes cardíacos e inmunodeprimidos, más si cabe en territorios alejados de los centros hospitalarios de referencia, como es el caso de la comarca del Deza.

La distancia juega en contra en situaciones críticas (como las paradas cardiorrespiratorias… también llamadas paradójicamente PCR); el paciente demora solicitar auxilio médico por miedo al contagio, lo que torna en irreversible la situación en muchos casos. Esas demoras y las anulaciones o retrasos de pruebas, como cateterismos, hacen que la «nómina» del camposanto vaya en aumento (y más que lo hará en los próximos dos años por demoras en pruebas relacionadas con cáncer y otras enfermedades).

Visto en clave local asusta comprobar como, en esta quincena, más de una docena de positivos (en prueba de PCR en clínica privada de Lalín y Santiago) no han sido llamados por el Sergas, a pesar de comunicarse ese hecho a sus médicos de cabecera.

Más preocupante es que, más de dos tercios de los contactos íntimos de positivos (alguno de ellos ya hospitalizados o en la uci en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago), no recibiesen llamada alguna de los equipos de control para la realización de la correspondiente prueba. Son decenas de positivos, que no recogen las estadísticas oficiales. Entre 6 y 10 días tras el positivo (12 a 16 desde el contacto) es lo que está tardándose en contactar con ellos (ejemplo de un caso real de un positivo de la pasada semana, de los que solo 5 de 15 fueron llamados). Y a los pocos que llaman: viaje más estancia a Santiago para una prueba de 30 segundos que podría hacerse en un Auto-COVID en la comarca, minimizando riesgos. La semana deja, además, PCR perdidas y ninguna información a familia de pacientes ingresados tras varios días…

Galicia mantiene unos aceptables datos «preventivos», pero no así asistenciales. Así se explica que, siendo la tasa de letalidad de España del 2,82 %, en Galicia supera el 5,4% (en la primera ola fue de 7,9). Los infartados, mayores e inmunodeprimidos, incluso los «contactos de positivos» como los casos citados… ¡van dados!.

@elpluralizable

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