El sargento que se enganchó a la escultura

Tras dejar el Ejército el estradense Manuel Tosar ha iniciado una prometedora carrera como artista


a estrada / la voz

Manuel Tosar Asorey no quiere que le llamen escultor. Ni cantero. Ni artista. Cree que esas son palabras mayores. Etiquetas que hay que ganarse a pulso. «Eu son un tío que fago cousas. Non teño obra como para chamarme artista ou escultor. Aínda estou rematando os estudos na Escola de Cantería de Poio e quédame moito por aprender. Á pedra hai que meterlle miles de horas. Eu aínda estou empezando», dice. «Estou na casilla de saída. Estou facendo cousas porque me gusta e quero axudar a visibilizar a cultura da pedra, pero se consigo ser escultor será despois de 25 ou 30 anos facendo obra», sostiene.

Pero por más méritos que quiera quitarse, la realidad es que su trabajo escultórico es cada vez más conocido y al artista le llueven peticiones que no puede atender. «Eu non vendo obra. Teño feito algunha exposición porque me animaron e teño pezas expostas por aí, pero isto fágoo por afección», subraya.

El caso es que el que antes era conocido localmente como Manuel Tosar el militar hace tiempo que se ha convertido en el escultor Manuel Tosar. Mal que le pese. La culpa la tienen, sobre todo, sus esculturas relacionadas con el universo gastronómico, un ámbito que Tosar conoce muy bien porque, además de ser militar, el artista estudió también cocina.

El estradense tiene a sus espaldas una trayectoria vital repleta de esfuerzo, dedicación y nuevos comienzos. Su primer oficio fue el de carpintero metálico. Criado en una familia modesta en la que eran cuatro hermanos, Manuel empezó a trabajar de soldador con 16 años. Estuvo dos años en la empresa Chao Metal y siguió compaginando el oficio con sus primeros años en el Ejército. Como soldador le quisieron fichar para una plataforma petrolífera en Chipre, pero al final prefirió intentar cumplir su sueño de llegar a sargento.

En el Ejército vivió una etapa tan dura como enriquecedora. Estuvo en el Centro de Comunicaciones del ejército en Vitoria, manejando mensajería cifrada en la época de ETA. Vivió desde dentro momentos críticos, como el del asesinato del socialista Fernando Buesa e hincó los codos en la Academia de Suboficiales para llegar a sargento. «Durmía cinco horas ao día», recuerda. Ejerció en Ceuta, estuvo cuatro meses de misión en Kosovo y, justo antes de partir para Afganistán, tuvo que dejar el Ejército por motivos de salud.

Su sueño se venía abajo. Pero Manuel Tosar, con 31 años y toda la vida por delante, no se hundió. Se matriculó en el ciclo de Dirección de Cocina en Lamas de Abade y cambió el mando militar por el gastronómico. «Fixen as prácticas en Santiago, no Abastos 2.0. Foi unha boa experiencia. Algún parecido co Exército ten porque a presión que tes para sacar todo adiante é parecida», compara. Luego el estradense cambió de tercio, aunque no descarta regresar a la restauración en algún momento. Estuvo dos años de saxofonista en la Banda de Música de Cerdedo antes de dejarlo todo a un lado por la escultura. «Estou facendo unha casa na Somoza e, como tiña pedra de sobra, empecei a traballala. Utilizo sobre todo o granito, aínda que teño algunha obra de alabastro e tamén traballo o ferro», comenta.

De la pasión de Manuel Tosar por la escultura y por la cocina nació su primera colección de piezas. Repollos, pimientos o percebes que llegaron a llamar la atención de Berasategui, que exhibe una pieza del escultor en su restaurante Eme Be Garrote. También el Culler de Pau, el Abastos o A Senra exhiben obra de este artista al que la crítica ha bautizado como «Chef de Pedras». «Non me gusta demasiado porque prefiro non encasillarme. Eu fago de todo. Aínda que á xente lle gusta, non me apetecería quedarme niso», dice. «Agora o que quero é centrarme e acabar os estudos na escola de Poio. Despois xa veremos», cuenta. Lo único garantizado es que no se quedará quieto. No es su estilo.

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