Un Corpiño seguro a prueba de covid-19

Los actos se desarrollaron con un gran despliegue de medidas para evitar contagios entre los asistentes


Lalín / la Voz

Las altas temperaturas y el hecho de que este año la jornada grande de O Corpiño fuese festivo animaban a desplazarse al santuario lalinense pero la sombra del covid-19 también pesaba. Hubo una nutrida participación pero nada que ver con las aglomeraciones de otros años. Las dársenas de autobuses estuvieron este año vacías y los actos se modificaron para convertir la romería en un espacio seguro. Unas medidas de seguridad que ya se notaban en el momento que uno se llegaba a la parroquia. Los accesos al santuario exigían seguir un circuito entrando por una zona lateral que desembocaba en los aledaños de la carballeira y se exigía que los vehículos saliesen por la calle principal, otros años atestada de puestos de venta de todo tipo de productos y de pulpeiros.

Miembros de Protección Civil se encargaron de medir la temperatura a todos los que llegaban controlando los accesos a O Corpiño. Unas medidas a las que se sumaban también la desinfección de manos.

La misa del mediodía, el acto religioso central de la jornada tuvo lugar en la carballeira con los fieles sentados y guardando las correspondientes distancias de seguridad entre sí. Actos como la comunión se llevó a cabo de forma diferente.

En vez de que los fieles se levantasen e hiciesen filas para recibirla de la mano de los sacerdotes, fueron estos los que recorrieron este espacio bajo los árboles para acercarse a los devotos.

En el interior del templo voluntarios y colaboradores del santuario se controlaba la entrada y salida evitando que hubiera aglomeraciones y regulando el aforo. Se estableció también un circuito interior con desinfección de manos en la entrada.

Los devotos iban accediendo al interior de la iglesia para acercarse a la imagen de la Virgen de O Corpiño que permaneció, al igual que el martes, cerca del altar y separada por una balaustrada de piedra.

Faltaron este año tradiciones ancestrales como la de tocar la imagen o el manto. Esta vez la prevención del covid-19 exigió recato y nada de tocar.

En el exterior permanecía la réplica de la imagen de la Virgen que como cada año se fue cubriendo de flores. El acceso también estaba limitado con unos bancos alrededor como protección adicional. La redución en el número de asistentes este año hizo también que los ex votos depositados fuesen menos.

La romería tuvo menos público que otros años. Hubo misas a las 9, 10, 11, 12 de la mañana y a las 17.00 y las 18.00 horas de la tarde. Y aunque la celebración tuvo limitaciones como la imposibilidad de llevar a cabo la tradicional procesión, lo que no cambió fue la devoción de los que ayer no faltaron a la cita.

Entre ellos, de nuevo familias enteras, mayores y jóvenes que se acercaron al templo lalinense en busca de favores o para expresar su agradecimiento a la Virgen. En la misa de las 12.00 horas, al no poder haber coro, la música se suplió con la interpretación de las canciones por parte de Arlete Martín Velasquez.

Si otros años los puestos de venta llenaban la calle principal de acceso al santuario, esta vez el número era reducido. Los que no faltaron fueron los pulpeiros para dar servicio de comidas y pinchos a los asistentes, aunque se desplazaron menos que otros años. Desde algún otro se ofertaban rosquillas, otro clásico de las romerías gallegas.

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