«Tenemos el temor de ser el vector de contagio de nuestras familias»

Álvaro Fernández destaca que el principal rol de los agentes en el rural es el de «transmitir tranquilidad»


Pontevedra / La Voz

Desde que comenzó el confinamiento decretado por el estado de alarma por el coronavirus, el día a día de los guardias civiles de la provincia «es un poco más complicado. Tenemos que cumplir con las misiones que nos encomienda la Ley de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y velar por el cumplimiento del Real Decreto. Tenemos que estar saliendo a la calle para velar por su cumplimiento, pero luego, a la hora de regresar a casa, nos encontramos con una familia que está permanentemente confinada». Así lo explica Álvaro Fernández Rodríguez, comandante de la Guardia Civil en Pontevedra, quien añade que los agentes viven con sentimientos divididos: «Tenemos ese temor a que un familiar se llegue a contagiar y que el vector de contagio pudiésemos ser nosotros, pero sabemos que estamos haciendo lo que la sociedad nos demanda».

-Y ante esta realidad, ¿cuál es el sentimiento de las familias?

-Lo viven con cariño y respeto. No somos guardias civiles desde antes de ayer, sino que llevamos mucho años. En la misma situación se encuentran los policías nacionales y locales, los militares, los sanitarios… Todos tenemos que hacer los turnos de trabajo y al terminar, de una manera u otra, volver a casa. Hay familias en las que el guardia civil hace un pequeño confinamiento en una habitación, duerme solo, utiliza un baño, si es que dispone de el… Se está llevando con muchas dificultades, pero también con mucho cariño.

-Alude al papel de los sanitarios con los que, en muchas ocasiones, colaboran codo con codo.

-Siento un profundo respeto y admiración por su labor, que es digna de admirar y tenemos la sensación de que un aplauso a las veinte horas se queda corto. Es algo extensivo al resto de los compañeros de las fuerzas y cuerpos de seguridad y a las Fuerzas Armadas. Como miembro de la jefatura de la Comandancia, me gustaría lanzar todo mi apoyo a mis compañeros que están en la calle. Yo todas las tardes salgo con mi hijo a aplaudir a todos los que están trabajando. Particularmente, siento agradecimiento. Cuando me asomó a la ventana veo a mucha gente que probablemente lleva muchos días sin salir de su casa y mi aplauso, y el de mi hijo, va para ellos porque son capaces de mantenerse ahí con la dificultad que entraña con el tiempo maravilloso que tuvimos la semana pasada. Soy uno más de los que aplauden.

-El despliegue de la Guardia Civil en Pontevedra es eminentemente rural. ¿Cómo percibe la población su labor?

-A fecha de hoy, se alegran muchísimo de vernos. En una situación de normalidad tenemos activo el Plan Mayor, por el que nos aseguramos de visitar a nuestras personas mayores y en especial a aquellas que presentan una situación de diseminación, de aislamiento. Este plan cobra un mayor sentido durante un estado de alarma. Si en una situación de normalidad a esas personas que están más diseminadas en el mundo rural y que son las que más sufren el azote de este virus, les alegra ver un coche de la Guardia Civil por la calma que les transmite, en un estado de alarma, más si cabe.

-Me imagino que está será, precisamente, una de las cuestiones que más se les requiera.

-Claro. Procuramos cumplir con las misiones que tenemos asignadas en situación de normalidad. Seguimos cumpliendo con nuestros cometidos, pero implementando dos cuestiones más. Velar por el cumplimiento del contenido del Real Decreto, donde se describen las restricciones a la movilidad que estamos acusando todos, y por el restablecimiento de las fronteras, que supone un aumento del esfuerzo. Y todo ello sin perder de vista que la Guardia Civil es el cuerpo policial que mayor despliegue territorialmente tiene. Tenemos que hacer el esfuerzo de llegar a todos nuestros ciudadanos por mucha diseminación que haya. Pretendemos transmitir tranquilidad.

-¿Hay mucha picaresca?

-Picaresca siempre la va a haber porque somos así. Nuestra sociedad es una sociedad en la que siempre buscamos la opción más pícara. No obstante, hay que decir que, en este caso, está siendo encomiable la sociedad pontevedresa. Estamos teniendo muy poquitos problemas y se han instruido pocas diligencias por desobediencia. Lo que son denuncias administrativas se podría decir que son casi anecdóticas.

-Y si hablamos de delitos, es imaginable que algunos hechos concretos, como los robos en viviendas, hubieran descendido estos días. ¿Es así?

-Aún es pronto para saberlo y no tengo datos, pero lógicamente, viendo el escaso movimiento de personas que hay en la calle, se puede hacer a la idea de que hay determinados delitos, como los delitos contra la propiedad, que quiero entender que bajarán, aunque no lo puedo constatar. Y luego hay otros que corren el peligro de incrementarse, como pueden ser los cibernéticos. Todo el mundo está conectado a Internet y hay mucha gente que está teletrabajando que antes no lo hacía y no adopta las medidas de seguridad necesarias. Pero todo son suposiciones. Es lo que cualquiera puede imaginar.

-¿En algún momento se le pasó por la cabeza que podría vivir una emergencia de este calado??

-El cine ha retratado situaciones parecidas en alguna ocasión, pero hasta ahora lo relacionábamos con la ciencia-ficción. ¿Si yo pensaba que estaríamos manteniendo esta entrevista hablando de confinamiento? No, pero en este trabajo hay muchas cosas que no llegamos a imaginar, un día nos las encontramos de frente y tenemos que lidiar con ellas.

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