«Hay que estar enamorado del Camino de Invierno para hacerlo en esta época»

Acaba de completar el itinerario por Deza por décimo cuarta vez en diez años


redacción / la voz

«Esta vez resultó mucho más duro, porque nos llovió a mares y los caminos estaban encharcados o enlodados. A menudo tuvimos que caminar por los prados y hasta descalzarnos y remangarnos hasta las rodillas para cruzar zonas de agua. Pero era necesario hacerlo para informar a la gente de las dificultades que se va a encontrar y la forma de evitarlas», dice José Rúa Pérez, quien a sus 76 años acaba de sumar catorce veces peregrinando a Santiago por el Camino de Invierno desde 2010: «Es un Camino del que estoy enamorado, y para hacerlo en esta época hay que estar enamorado o loco».

Hijo de gallego y asturiana, José Rúa se fue a la academia militar de Zaragoza tras cursar el bachillerato en Mazarelos y regresó al retirarse de la vida castrense. La primera vez que hizo este camino por Valdeorras, la Ribeira Sacra y Deza se perdió en varias ocasiones, porque «apenas» había señales, así que, al llegar a Santiago, cogió el tren a Ponferrada y volvió a hacerlo «tomando notas», acompañado por su amigo Lorenzo, que se encargó de las fotos, y se dijo a sí mismo: «Esta guía la hago yo». La publicación vio la luz en enero del 2011, cinco años antes de que la Xunta de Galicia declarase oficial esta ruta, y este agosto apareció la quinta edición ya de un texto hiperinformativo y profusamente ilustrado con mapas y planos. «No sé si es la mejor -añade-, pero es la única guía que contiene los horarios de misa de todas las localidades por las que pasa». En versión castellana e inglesa y publicada por A Pena D’ Agua Edicións, parece que en Santiago está agotada. «Hablaré con la editorial para mejorar la distribución», advierte.

El coronel Rúa, cuyo último destino fue el Ministerio de Defensa, indica que el «gran problema» de este Camino es la ausencia de albergues, sin embargo la señalización es «muy buena». A quien no haya hecho ningún itinerario jacobeo, él recomendaría hacer primero el francés, «el clásico», y a continuación el de Invierno, «porque hay poca gente, los paisanos son muy amables y nadie te va a estafar; además la belleza del paisaje es comparable al Primitivo», añade. La calzada romana, desde Diomondi hasta Belesar, en la margen izquierda del Miño, y la posterior subida hasta San Pedro de Líncora, camino de Chantada, constituyen dos ejemplos significativos para el inquieto conocedor del trazado, la primera por su hermosura y la segunda por su grado de dificultad. Pero Valdeorras es la comarca con la que tiene una «familiaridad» mayor. «El primer presidente de la asociación, Ramón García, me ayudó a diseñar los mapas iniciales, nació una amistad y me integré. De hecho, cuando hago el Camino con buen tiempo me acompañan algunos socios», explica.

Además de peregrino y de señalizar constantemente la senda, actualizando los mapas en la web y la guía impresa, Rúa es hospitalero voluntario quince días al año en un pequeño albergue de Villalón de Campos (Valladolid). «Es la otra cara de la moneda. Como hospitalero aprendí a recibir al peregrino sabiendo lo que necesita. Se lo ves en la cara. Te cuentan sus historias: personas a las que se le murió alguien, recién separados, problemas de paro… Gente de cincuenta años, desempleada, que no aguanta en casa. El Camino tiene también algo de espiritual», agrega. A él, que se declara creyente, le enseñó valores como la solidaridad, el esfuerzo y conformarse con poco: «Y me enseñó a soportar momentos difíciles».

El militar, también licenciado en Derecho por la Universidad Complutense y miembro de la Archicofradía del Apóstol Santiago, acumula más de treinta caminos en sus pies, la primera vez en 1999 desde O Cebreiro, y ya no pudo parar: «Sigo sintiendo emoción al entrar en el Obradoiro, dar un abrazo al Apóstol y rezar una oración en el sepulcro». Este coronel sí tiene quien le escriba.

El protagonista. José Rúa Pérez nació en el concejo asturiano de Quirós en 1943, pero a los tres meses la familia se trasladó a Santiago. Es coronel de Artillería retirado. Más de treinta caminos lo acreditan como peregrino, pero el Camino de Invierno lo enganchó en 2010 y, un año después, publicaba una práctica guía que va ya por la quinta edición.

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