«Cuando se muere tu bebé lo peor que te pueden decir es que lo olvides»

La estradense perdió a su hijo a las 39 semanas y lucha por sobrellevar el duelo y por un protocolo con más humanidad


a estrada / la voz

Después de vivir la experiencia más terrible de su vida, la estradense Cristina García estuvo dos meses prácticamente encerrada en casa. No quería salir. No quería hablar con nadie y, sobre todo, no quería escuchar los comentarios más habituales, que son los que más daño hacen a una madre que acaba de perder a su bebé.

Sucedió a principios de año. Cristina salía de cuentas el día 20 de enero. Tenía toda la ilusión del mundo en su vientre, la maleta hecha para arrancar hacia el hospital y una habitación en casa esperando a Samuel. El embarazo había sido muy bueno. Sin vómitos ni mareos siquiera.

Pero once días antes de la fecha probable de parto las cosas empezaron a torcerse. Primero, según sospecha Cristina, empezó a expulsar el tapón mucoso, un signo de la inminencia de un parto que podría producirse en horas, días o quizás semanas. Ante las dudas sobre lo que le estaba sucediendo, decidió acudir a la matrona. Ahí recibió el primer mazazo. El latido no aparecía. Sin embargo, la matrona le comentó que los aparatos del centro médico eran antiguos y que el bebé estaba encajado y en posición. Seguramente en un chequeo en el hospital se comprobaba que todo estaba en orden. Con un cóctel de miedo y esperanza en el alma, Cristina acudió al hospital. Pruebas y más pruebas para confirmar la peor noticia. No había latido. Aquel silencio premonitorio fue el principio de la pesadilla. El bebé estaba muerto y no había nada que hacer.

 

Parto provocado

«Me metieron en una habitación, tardaron un montón y me dijeron que me iban a provocar el parto, que era lo mejor para recuperarme bien por si en el futuro quería tener más niños. Me suministraron pastillas para dilatar el cuello del útero y luego cada tres horas para provocar las contracciones. El parto fue relativamente rápido y con epidural. A las nueve de la mañana me bajaron a las cabinas y a las 14.14 ya había dado a luz. Querían que dilatara lo máximo posible porque al no ayudar el niño había que empujar más. Las enfermeras fueron muy amables, querían que tuviera el menor posparto posible, y en ese sentido, todo bien. No llevé ningún punto ni nada», cuenta.

Pero la realidad estaba ahí. Samuel, que pesaba 3,4 kilos y medía 54 centímetros, no iba a estrenar su cuna. «Me lo dejaron coger piel con piel y luego le pusieron el pañal y la ropa y me dejaron estar con él el tiempo que quise. Estuve dos horas. No quise más porque creo que sería peor», explica con la voz quebrada. «Yo oía llorar a los otros niños y solo quería marcharme. Cuando subí a la planta me obligaron a tomar la pastilla para cortar la leche y luego me dieron el alta, sin consulta con el psicólogo ni nada», explica.

Lo que vino después no fue mejor. Negociar con la funeraria si asumían o no el entierro del pequeño, esperar los resultados de una autopsia que confirmó la muerte súbita y rehacer una vida con un nido vacío. «Ese cariño que tenías para darle lo tienes que guardar en una caja», cuenta Cristina.

Salir a la calle es un reto cuando no quieres encontrarte a nadie. «Tardé dos meses en salir de casa y aún hoy prefiero estar solo por el barrio, sin ir al centro. Mucha gente no entiende tu duelo. Te dicen que eres joven, que te olvides, que ya tendrás más niños. Pero cuando se muere tu bebé lo peor que te pueden decir es que lo olvides. Es como si le dices a una viuda que se busque otro marido y ya está», explica.

Campaña en Internet

El duelo de Cristina aún no ha terminado. Sin embargo, la joven ha buscado apoyo en grupos de madres que viven situaciones similares y ha decidido sumarse a la campaña lanzada este mes en Internet para visibilizar y concienciar sobre la muerte perinatal y el duelo gestacional. «Uno de cada cuatro bebés no llega a nacer. Son muchos», constata.

«Hay mucho por hacer: nos gustaría que el niño pudiese inscribirse en el libro de familia»

El duelo perinatal suele durar uno o dos años por lo menos y atravesar varias fases. Cristina, la fase de culpabilidad ya la ha superado. La de su hijo fue una muerte súbita contra la que nada se podría haber hecho. La fase de la ira aún está ahí. Hay que lidiar con ella y ponerla a raya. «A mi me sale sobre todo cuando veo a bebés que tienen el tiempo que tendría el mío», cuenta. Ahora, la estradense está empezando a socializar, aunque hay días mejores y peores, como los aniversarios, que encogen el alma. «El otro día una persona que hacía tiempo que no veía y que sabía de mi embarazo me preguntó como estaba el niño...», cuenta. Siempre hay algo que duele.

Pese a todo, Cristina, apoyada en colectivos como El legado de Sara o Bolboretas no Ceo, cree que es hora de armarse de valor y de reivindicar protocolos más humanos, con más tacto. «Que no te impongan sus reglas, que te dejen elegir a ti en un momento tan delicado. A mí, por ejemplo, me gustaría que me hubiesen dado la oportunidad de que mi familia, que estaba allí, pudiese ver al niño si los padres así lo decidíamos», explica. «O lo de tomar la pastilla para cortar la leche: podrían haberme hablado de la posibilidad de donarla o de cortarla de forma natural», continúa. «Yo tuve suerte y me pusieron en una habitación a mi sola, pero hay madres en la misma situación a las que ponen con otras con un bebé recién nacido en brazos», explica. «Aún no hace mucho que te lo dejan enterrar si tiene más de siete meses. Antes se quedaba en el hospital», prosigue. «Otra demanda es que el niño se pueda inscribir en el libro de familia. Yo tuve mi baja de maternidad, pero inscribirlo no es posible», lamenta.

«Mi hija de cuatro meses se murió en mis brazos y quiero contarlo»

UXÍA RODRÍGUEZ

Los padres de Sara reclaman la implantación de un protocolo de muerte perinatal

Sara nació el 30 de octubre del 2018 en A Coruña. Falleció el 27 de febrero de este año en Barcelona. Sus padres fueron de hospital en hospital intentando salvar su vida.

«Mi hija de cuatro meses murió en mis brazos y si estamos “bien” es gracias a un protocolo de muerte perinatal y neonatal perfectamente implantado», asegura su madre.

Mientras Galicia sigue trabajando en su propio protocolo, la madre de Sara quiere compartir su historia porque «cuando muere un bebé no hay que taparlo. No vale eso de querer pasar página y que te digan “ya tendrás otro”. Es tu hijo. Si a unos padres no se les permite despedirse como es correcto de su pequeño y no se les atiende como es debido, van a quedar marcados, todavía más, para toda su vida», cuenta.

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