Manos que despiertan sonrisas en As Dores

El día 31 finaliza en la residencia lalinense el voluntariado juvenil, pero quedan otros ayudantes


Lalín / La Voz

En la residencia de As Dores de Lalín hay mucha gente que trabaja a diario para hacer felices a los residentes, pero hay una ayuda externa en forma de voluntariado que engancha a quien lo ejerce. Para echar una mano no importa la edad y todo el mundo es bienvenido. Son manos que dan de comer, que ayudan a llevar a los mayores al baño, que les echan un ojo para que no se les despisten los números del bingo, manos que despiertan sonrisas agradecidas y hombres y mujeres que se dejan querer.

Dentro de esos ayudantes se encuentran los participantes en el voluntariado juvenil de la Xunta. Este año la convocatoria se demoró mucho y eso hizo que los voluntarios, en su mayoría estudiantes, no se incorporaran hasta el 19 de agosto. La Xunta exige que realicen un mínimo de 15 y un máximo de 60 jornadas. Este año el tema a desarrollar y a tratar era el de la violencia de género. Esta vez, apunta la educadora social Joanna Botana García, el objetivo era llevar a cabo salidas con los dependientes con dependencias tanto físicas como cognitivas.

Cuatro voluntarios

El centro contó con un grupo de cuatro voluntarios: Carlos Mosteiro Lareo, de Prado; Carlota Vázquez Pacheco y Patricia López Pájaro de Lalín, Nerea Segade Rozas, de Muimenta y Andrea, que solo estuvo unos días y no llegó a completar la jornada mínima porque le salió un trabajo y se vio obligada a dejarlo.

Todos son estudiantes. Carlota cursa segundo de BAC, Carlos un ciclo superior de informática, Patricia FP básica y Nerea realiza el grado de Educación Social en la Universidad. La mayoría ya tuvo que irse a estudiar para empezar el curso y estos días aún queda Patricia Lopes.

Durante las semanas de verano, sobre todo, fueron los encargados de hacer felices a los mayores. Alguno no había podido salir de la residencia desde su llegada y a todos les hizo especial ilusión. Las salidas se programaban en grupos pequeños y allá se iban con las sillas de ruedas. Una larga lista de fotos en lugares emblemáticos que van desde el cerdo o los paraguas de la rúa Colón, a la estatua de Loriga pasando por la iglesia o la barraca de Barriga Verde y que las que lucen sonrisa de oreja a oreja atestiguan el buen resultado de estas actividades. Pero no todo fue ver calles o monumentos, también hubo tiempo en cada una de ellas para que los grupos fuesen rotando paradas por diferentes establecimientos de Lalín para tomarse algo, recorrer la feria o comerse unos churritos recién hechos. Ahora aún les queda unja salida pendiente.

En el centro se trabajó con los mayores el tema de la violencia de género. Dentro de esta labor se encuadran diferentes actividades. Los mayores pudieron debatir sobre situaciones de violencia de genero, que en su mayoría asociaban con el alcohol y comentando que esas situaciones de maltrato ya se daban «pero as mulleres non as mataban» y que era un tema del que no se hablaba y que ocurría de puertas para dentro.

En memoria de las mujeres asesinadas, los mayores colocaron en el centro de día doce plantas con flores violetas, una por cada mes del año, y en ellas los nombres de las mujeres a las que mataron cada mes a lo largo del 2018. Iniciativas a las que se sumó el visionado de proyecciones relacionadas con el tema dela violencia de género o la elaboración de un mural con manos pintadas y mensajes positivos que claman por la igualdad o la tolerancia. El voluntariado juvenil está dirigido a jóvenes con edades comprendidas entre los 16 y los 30 años, los que tengan de 16 a 18 años deben contar con permiso de padres o tutores.

Ayudantes de Aspadeza encantados de echar una mano

Dentro del grupo de voluntarios se encuentran unos chicos y chicas muy especiales del colectivo de Aspadeza, que allá por donde van dejan huella. Desde hace varios años forman parte del voluntariado que ejerce su misión durante todo el año lectivo. Solo faltan en vacaciones de Navidad y el mes de agosto.

Karina Taboada , Adrián Fernández y Sandra Taboada Lourido van los lunes y José Antonio Villamayor, Verónica Basalo y Vanesa Fernández los jueves. Ayer a la hora de la comida Vanesa y Verónica estaban mano a mano, redecilla en el pelo y cuchara en mano dando de comer a los mayores. Después del puré tocó pechuga de pollo con tomate y allá estaban ellas revoloteando entre las mesas cortando la carne y repartiendo cariño.

Verónica ya trabajó en la residencia hace algún tiempo y confiesa que le encanta ayudar a los mayores. Al preguntarle a las dos lo que más les gusta sale que utilizar la grúa en el baño. Los voluntarios de Aspadeza ayudan a hacer las camas, con los traslados de los mayores de una estancia a otra, los llevan al comedor, les dan de beber a lo largo del día y echan una mano en todo lo que pueden y se deshacen en piropos para los mayores.

María Delia, Álvaro y todos los integrantes del Coro da Alegría

Dentro del grupo de voluntarios de cierta edad se encuentra María Delia Novoa Pereira y Álvaro Negro Cumplido. Cada uno de ellos ayuda de diferentes formas. Delia acude a la residencia lalinenses dos o tres días a la semana y, además de echar una mano en el taller de memoria a la educadora social, se ocupa de un taller de imagen personal. Por él pasan las mayores de la residencia que salen con las uñas pintadas y acicaladas. Álvaro Negro contribuye ejerciendo de manitas, sobre todo cuando el encargado de mantenimiento disfruta de sus vacaciones. Ambos son miembros del Coro da Alegría, cuyos miembros ejercen en su totalidad también como voluntarios creando vínculos con los residentes.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Manos que despiertan sonrisas en As Dores