«La iluminación de las calles y de las casas nos cambia el estado de ánimo»

Señala que Galicia está jugando en primera división a la hora de dar luz a las urbes, pero remarca deberes pendientes


pontevedra / la voz

La luz es vida. Y la iluminación también. O debería serlo. Porque una mala iluminación, además de hacerle un estropicio descomunal al medio ambiente y a la economía, perjudica la salud de los ciudadanos. Es por eso, porque una farola o un foco doméstico es parte de nuestra vida, por lo que la entrevista con Ángel González Calvo, delegado en Galicia del Comité Español de Iluminación (CEI), se inicia hablando de cómo está la comunidad en esta materia y acaba desembocando en algo tan maravilloso como la necesidad de adaptar las luces que nos rodean a nuestros ciclos circadianos. Son palabras que suenan difíciles, pero en boca de González Calvo, con los ejemplos que pone, se hacen fáciles. Pasen y lean.

-Para saber a dónde vamos en cuestión de iluminación, empiece contando de dónde venimos...

-A finales del siglo pasado, casi llegando al 2000, se hicieron muchas instalaciones con una tecnología avanzada para aquella época, que eran las lámparas de descarga, tanto en Galicia como en España y en Europa, con unos criterios que no tenían en cuenta la contaminación lumínica. Se llegó a tener ciudades sobre iluminadas y con una tecnología actualmente obsoleta. Entonces, se empezó a estudiar el tema de la concienciación lumínica, hubo una mayor concienciación social y ambiental y apareció la tecnología Led, que cambia el panorama. Lo más importante de la tecnología Led es que podemos colocar la luz donde tiene que estar y que la podemos controlar. Nos permite iluminar confortablemente, eficientemente y respetando la salud de las personas y el ecosistema. Replicamos al sol, hacemos lo mismo que él, porque el sol también varía el color y la intensidad de la luz.

-Salud y luz. ¿Cómo nos afecta?

-Tengo que hablar de los ciclos circadianos. Es decir, nosotros tenemos un reloj biológico cuya regulación depende sobre todo de la luz que perciban ciertas células que tenemos en la retina, que transmiten información o bien a la glándula pinial, que se encarga de producir melatonina, o a la suprarrenal, que produce cortisol. El cortisol nos mantiene despiertos y concentrados. Y la melatonina es la que nos facilita el relax y nos induce al sueño. Y estas hormonas dependen del tipo de luz que recibamos. La luz blanca, con componente azul, es buena para trabajar y concentrarse, equivale al amanecer. Al contrario, la luz cálida se asemeja a las puestas de sol e induce al relax. Esta regulación que viene dada por la luz del día la podemos replicar con el alumbrado público y con el de casa, jugando con luz fría o cálida y con la intensidad. Imaginemos una iluminación blanca en una mañana de invierno que nos recuerde al verano, que nos pone en marcha, enérgicos. La iluminación de las calles y las casas nos cambia el estado de ánimo y por tanto también nuestra salud.

«Es difícil trasladar la problemática de la contaminación lumínica al día a día de los concellos»

«Con la tecnología Led replicamos al sol, porque él también varía de color e intensidad»

«En casa, salvo para trabajos específicos, con un 90 % menos de iluminación llega»

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