Un viaje por el Lalín de 1936 de la mano de Don Ramón María Aller

Inacio Vilariño dio vida al sacerdote en un recorrido que fue sumando participantes a su paso por la villa


Lalín / la Voz

La cita era a las 12.00 horas en el museo y los inscritos para participar en las primera ruta guiada por el Lalín de 1936 acompañados del propio Ramón María Aller coincidieron con dos grupos de sendas excursiones que visitaban las instalaciones municipales. La aparición del actor lalinense Inacio Vilariño caracterizado como el astrónomo llamó a la atención a los viajeros, que no entendían qué hacía allí ese cura vestido de época.

El recorrido arrancó en la casa del sacerdote para después continuar por la rúa Observatorio hasta Joaquín Loriga. A su paso por la localidad y en cada parada la presencia del grupo y del propio Ramón Aller reencarnado con maestría por Vilariño despertó la curiosidad de los viandantes. Eso hizo que a medida que avanzaba el recorrido se fuese sumando gente y el rebaño, como apuntó el propio ayer «fose crecendo».

Con Aller Ulloa imaginamos las huertas que en el 36 ocupaban las ahora galerías Higinio que utilizamos para pasar desde la Praza da Igrexa a Wenceslao Calvo Garra, la iglesia de As Dores con el tejado aún por hacer, la pensión de la Casa do Ferrador a la que los miembros del Seminario de Estudios Galegos que se alojaban allí citan en el Romance dunha fatal ocasión, para recitar al modo de coplas de cego, que regalaron a Castelao cuando se fue porque lo mandaron a trabajar a Badajoz. En él hablaban con sorna de las pulgas de prata y los chinches de ouro que poblaban las sábanas y las habitaciones.

Nos imaginamos a los carruajes cruzando la calle acompañando a Ramón Aller a coger una revista a Alvarellos (hoy la ferretería de Carlos Fernández Castro), admiramos la casa de la farmacia, (hoy de Inés Madriñán) y una de las sesenta que diseñó el astrónomo y podemos verlo de niño asomado al balcón de la derecha de la casa de María Lajosa, donde se alojó mientras estudiaba Primaria en Lalín y gritando «Pillería de Lalín, vinde aquí». Y todo viene dado porque la estricta María Lajosa no dejaba al pequeño salir a jugar al exterior pese a sus reiteradas peticiones alegando que «hai moita pillería en Lalín».

Con Aller pudimos imaginar los pendellos del mercado, la torre y todo lo que la picota se llevó por delante para poder levantar en el 33 la estatua dedicada a Loriga y realizada por Asorey. Una escultura que se levantó con el dinero de una cuestación vecinal destinada a, explicaba Ramón Aller, «a mercar un avión mellor a Loriga» y que no fue necesario tras estrellarse el aviador en Cuatro Vientos «cun aeroplano defectuoso que lle prestou un francés». Cuentan que cuando iba cayendo, contó Aller, decía «aparta pena, que te fendo».

El mercado antiguo fue retratado por la americana Ruth Matilda Anderson que quedó fascinada por el pulpo á feira y las carozas. Aller nos permitió resucitar el Carballo da Manteiga y el mercado caballar de la carballeira da Botica el jueves de Pascua.

«Para facer astronomía só se precisa un reloxo»

Las paradas que la exposición A ollo ceibe con imágenes y fotografías inéditas a lo largo de unos 40 comercios de más de 50 años de Lalín permite descubrir muchas anécdotas y las rutas guiadas se repetirán los días 22, 29 y 6 de julio. Contaba ayer el astrónomo que su tío Saturnino, aficionado a la fotografía, le pagó la edición entera de su libro de algoritmos y le dejó su herencia. En 1925 recibió «un telescopio que abre 12 centímetros e co que xa empecei a facer observacións».

Quiso demostrar que «para facer astronomía só se precisa un reloxo» y encargó al relojero lalinense José María Vázquez Vázquez un reloj que marcara «os días sidéreos pola estrela Polar, que é máis preciso e que batía cada medio segundo». Con él su autor ganaría una medalla de oro en 1905. Con el reconocimiento le salieron numerosos encargos, realizó el reloj del Escorial y marchó para Argentina. Allí estaba cuando Aller le encargó un reloj para la iglesia. El traslado costaría mucho más que el reloj y el sacerdote acabaría encargándoselo «a un de Palencia». Diseñó las escaleras del templo, que en Sarria tiene otra réplica.

Teodolito y Sagrado Corazón

María Lajosa le regalaría un teodolito que compró en Londres, un aparato preciso que utilizaría mucho a lo largo de su vida. En la ferretería Alonso se puede ver una imagen de la casa de Lajosa en cuya galería lucía una imagen del Sagrado Corazón de 175 kilos comprado en París y que hizo necesario reforzar una parte de la galería encima del gallinero.

La ruta recoge información de sus discípulos, de Vidal Abascal, de Lois Estévez, el matemático Rodríguez o Antonia Ferrín. Saber más de la vida de este sabio generoso que compró sus primeros pinceles a Laxeiro, que estuvo desde 1911 hasta 1920 siete meses al año en Castro Urdiales con Luis do Charán que pretendía reproducir en fotos las escenas del Quijote y hacer fotos muy precisas del cielo. Un paseo con que descubrir su diseño de un retablo gótico para la iglesia de Méixome o un San Marcial para la de Goiás, de sus colaboraciones de astrología sin firmar y de las consultas de los vecinos que le preguntaban por el tiempo o por cuándo se acabaría el mundo pasando por las estancias de los miembros del Seminario de Estudos Galegos en Lalín o de sus colaboraciones con la revista Logos y del que Aller se despedía con un «saúde, fraternidade e peseta, eu marcho coa música a outra parte». Una iniciativa del Concello realizada por Urdime con textos de Marta Negro.

«A carabina da Ambrosia»

Contaba Inacio Vilariño, ya fuera de su personaje, que a Ramón María Aller no le gustaban nada las distinciones ni los nombramientos, que empezó de presbítero sin sueldo en la iglesia y que cualquier dispendio que le daban se la entregaba al primer pobre que pasaba a su lado. Le ofrecieron cargos y honores que rechazó y en 1956 el Arzobispado de Santiago lo nombró Coengo honorífico, un título que sí recogió y que la iglesia no daba a nadie desde el siglo XII en los tiempos de Gelmírez.

En contra de honores

En 1960, el pueblo de Lalín como homenaje a su persona y a sus muchos méritos tanto en el estudio de la astronomía, entre otros ,y sus cualidades humanas encargó a Asorey una estatua suya. Parece ser que la idea no le gustaba nada y Asorey no tuvo más remedio que realizar el encargo tomando como base fotos del sacerdote, ante la férrea negativa de este a posar como modelo. Pudo ser esa fue la causa de que el tórax de la escultura fuese menos ancho que el original, ya que Aller era un hombre fornido.

Tampoco le gustó (eso contó Aller) que en el año 30, Manuel Ferreiro Panadeiro entonces alcalde pusiera su nombre a la calle que hasta ese momento era la carretera de Donramiro. Ante la idea de la estatua, al igual que ante otros honores solía contestar: «a carabina da Ambrosia, a mín non me veñades con estes cambalaches». A Santiago se iría como profesor de astronomía con la idea de dirigir el observatorio y a las 11, daba misa en Ánimas.

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