Viravolta no descarta que el Museo do Títere recale fuera de Lalín

La compañía justifica su cierre por los constantes incumplimientos del Concello


Lalín / la voz

La decisión de Viravolta de cerrar el Museo Galego da Marioneta en Liñares y retirar los fondos no tiene vuelta atrás. Pero los responsables de la compañía abren la puerta al diálogo, tanto con el Concello de Lalín como otros, también instituciones, que estén dispuestas a albergar esa colección única en Galicia. Sus integrantes, Pilar Álvarez, Julio Balado y Anxo García, explicaron ayer en detalle el proceso vivido estos años hasta tomar una decisión que adoptaron «pola fartura que provoca bater coa realidade burocrática, pola demora institucional para outorgarlle unha entidade xurídica e polos incumprimentos do Concello para dar unha solución definitiva que garanta o funcionamento deste museo que convertía a Deza nunha capital de referencia para o teatro de monicreques».

Anxo García restó relevancia a cerrar en plena campaña electoral, recordando que los tiempos de los políticos no siempre coinciden con los de la sociedad. Además recalcó que llevaban dos años anunciando esa posibilidad, que materializaron tras el último pleno extraordinario de la corporación de Lalín por si al final se incluía el expediente de reconocimiento de crédito que posibilitará activar el proceso para dar entidad jurídica al museo y convocar el concurso público para la dinamización de ese espacio, con una partida prevista de 35.000 euros. «Foi como un grao no cú que ao final reventou», afirmó García.

Desde Viravolta Títeres incidieron en que son una compañía teatral, cuya actividad genera gran parte de sus ingresos, y que estaba comezando a entrar el crisis por los esfuerzos dedicados al museo que no tienen remuneración. «Toca descansar do museo e facer máis esforzos por Viravolta», sentenciaba Anxo García, resaltando que la ilusión generada hace cuatro o cinco años tras el traslado a Liñares «caeu pronto en picado». Pilar Álvarez calificaba de desolador el número de reuniones pedidas desde el colectivo frente a las promovidas por el Concello, que fueron cero.

Reconocieron que el Concello elaboró un anteproyecto para el museo y desarrolló la catalogación de sus fondos, pasos previos para darles entidad jurídica. Pero ambas iniciativas, dijeron ayer, «implicaban unha serie de condicións que non foron cumpridas». Julio Balado explicaba que el convenio en vigor «resulta absurdo e na relación co Concello hai diferentes sensibilidades», aludiendo por ejemplo a que la comisión del museo solo se reunió una vez, sin abordarse una modificación del convenio que por ejemplo no establece contraprestación económica para Viravolta pero sí tener un seguro de responsabilidad civil de 300.000 euros. A pesar de tener anteproyecto desde hace dos años no se materializó, aunque el mismo recogía que la estructura jurídica para el museo se materializaría en ese plazo ante la Xunta. Su carencia impide tener presupuesto, contratar personal u optar a subvenciones y convenios con distintas administraciones.

Apuntaron que el anteproyecto recogía que durante las gestiones de ese respaldo jurídico el museo debería mantener sus actividades públicas, pero «prodúcese un novo incumprimento xa que dende a elaboración do anteproxecto en 2017 non se reverteu a inactividade, situación que se arrastraba xa dende 2015. También explicaron que la catalogación del pasado verano superó las trescientas piezas pero fue incompleta.

Tampoco se cumplió, recordaron desde la compañía, el traslado de las piezas a plantas superiores de Liñares ya que «a colección corre graves riscos de conservación no espazo actual», ocupándose por otras propuestas en torno a Loriga y Hilgen. Las marionetas exhibidas en Redondela ya no regresarán al museo y ahora se fijará un calendario para retirar el resto del pazo y otro material depositado en la antigua sede frente al viejo Rivero.

Sin reactivación del espacio desde el 2018 y gratitud a quienes apoyaron

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Otro punto de inflexión que derivó en el cierre se produce cuando el Concello quiso iniciar la catalogación de las piezas propiedad de Viravolta. La compañía condicionó esa labor a la reactivación del espacio en el 2018, «especificándolle ao Concello que de non producirse tal recuperación, cumpriría pechar». El año avanzó sin cambios, con reuniones en noviembre con la concejala de Cultura, Lara Rodríguez, y en diciembre con el alcalde, Rafael Cuíña, para tratar este tema que pidió Viravolta. «Dende o Concello explicouse a imposibilidade de poñer en marcha a actividade neste curso por cuestións administrativas, polo que se deu outro novo prazo até o 31 de marzo», resaltaron, pero de nuevo todo siguió igual y a inicios de mayo, de forma extraoficial, se le comunicó al Concello la intención de desistir del proyecto del museo, que se refrendó por correo electrónico el pasado 13 a Alcaldía y las concejalías de Cultura y Turismo. No tuvieron respuesta, «unha falta de comunicación que en nada axudou á supervivencia do museo».

Desde Viravolta confían en un resurgir del museo, sea en Lalín o en otro lugar, dada la relevancia de la colección con piezas propias o cedidas de todo el mundo y una biblioteca con más de 3.700 volúmenes. «Non queremos que morra o noso mundo», sentenciaba Julio Balado. Las exposiciones itinerantes, como la reciente en Redondela o las organizadas durante el tiempo que estuvo cerrado el museo podrían seguir. Y quisieron agradecer a todas las personas que hicieron posible este «proxecto tan fermoso e ilusionante» durante casi dos décadas. Por ahora, el telón cayó sobre el escenario.

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