Galicia aprende a mimar el olivo

La asociación de productores de aceite y aceituna demanda ayudas para el sector


ourense / la voz

Galicia aprende a mimar el olivo. Tras décadas en el olvido, el agro gallego vuelve a mirar hacia un producto que siempre se ha vinculado con el sur. Y es precisamente en esa zona de la comunidad donde están aflorando la mayoría de producciones. De momento, modestas, pero que aspiran a crecer de manera exponencial en los próximos años. La Asociación de Produtores de Aceite e Aceituna de Galicia nació a finales del año 2014. «Se creó para asesorar a la gente que ya había plantado y que no tenía conocimiento por ser unas plantaciones relativamente nuevas en Galicia. Se estaban echando a perder», explica José Antonio García, que la preside desde su nacimiento. Para ver olivos en el monte gallego hay que trasladarse principalmente al sur de la comunidad gallega. Ourense y Pontevedra son las provincias donde hay más plantaciones, con zonas como Verín y Valdeorras como las más activas o A Estrada. También existen producciones en puntos de la provincia de Lugo, como Quiroga. En la actualidad, la asociación reúne a más de 140 asociados, que entre todos suman 140 hectáreas y 150.000 olivos. El minifundio, por tanto, también manda en este sector donde es raro ver una plantación de más de dos hectáreas. «Lo estamos recogiendo todo a mano para que no se golpee la fruta, mimándolo para sacar un aceite de excelentísima calidad. No buscamos árboles muy grandes, sino aprovechar al máximo el pequeño para lograr producto de calidad», señala.

En los montes ourensanos donde crece el olivo no se van a encontrar apenas variedades fuera del círculo más comercial. El 70 % de los olivos que están plantados son de la arbequina y el 20 % de la picual; las dos más explotadas a nivel nacional. El restante, se divide entre variedades portuguesas o italianas. Desde hace tres años, la asociación trabaja en potenciar las variedades gallegas pero desde la asociación se comenta que todavía queda mucho camino por recorrer en este sentido, ya que de las 19 variedades catalogadas tan solo dos se han comenzado a desarrollar: la brava gallega y la mansa gallega. «Recomendamos a nuestros asociados que empiecen a pensar en plantar variedades autóctonas, aunque con mesura porque todavía no tenemos los estudios suficientes», señala José Antonio García. Una de las principales dudas que surgen al hablar de sacar rendimiento a este producto en el agro gallego tiene que ver con las condiciones climatológicas. Desde la asociación de productores de aceite y aceituna de Galicia, restan importancia a este supuesto hándicap: «Tenemos una mentalidad de las películas de Curro Jiménez con el olivar en Andalucía, pero en toda España hay olivar. Las condiciones idóneas pasan por ser una zona soleada, que no sea sombría y que no esté encharcada. También es muy importante realizar unas analíticas del suelo, que es lo más problemático que tenemos en Galicia».

Dice la sabiduría popular que los olivos se plantan para los nietos. Tras esa exageración se esconde una realidad que pasa por el hecho de que desde que se plantan los olivos hasta que comienzan a dar rendimiento hay que esperar entre tres y cuatro años. La plena actividad productiva no se alcanzará hasta los nueve años de vida del ejemplar. ¿Y cuál es ese rendimiento en cifras y cuál es coste? Desde la asociación gallega de productores de aceite no se muestran muy partidarios de dar cifras, para evitar falsas expectativas a los productores. En todo caso, una superficie estándar de una hectárea -se trata del modelo más común en el campo gallego- supondría una inversión de entre 3.000 y 4.000 euros. El posible beneficio ya es más difícil de calcular, aunque José Antonio García deja sobre la mesa que un árbol a pleno rendimiento produce unos 20 o 25 kilos de aceituna, y de cada seis de fruto se logra un kilo de aceite. Este, a su vez, se vende actualmente a 28 o 30 euros. «En terrenos pequeños puedes sacar una ayuda económica. A partir de una o dos hectáreas ya tienes algo más interesante, pero hay que cuidar mucho la planta», concluye.

Todo este proceso, lamentan desde el colectivo, se realiza sin apoyo por parte de la administración. «No tenemos ningún tipo de ayuda. Dicen que en cuanto se asienten las variedades autóctonas, que las habrá pero de momento son solo palabras. Hay que recordar que el olivar sería muy bueno también como cortafuegos para proteger el monte y para que la gente vuelva al rural», explica José Antonio García.

A nivel comercial despuntan ya marcas con aceite elaborado al 100 % en Galicia. Es el caso de Aceites Abril (Ourense), Ouro (Quiroga), Figueiredo (Ribas de Sil) o Altos de Torona (Tomiño).

Más información en el portal Somos Agro de La Voz de Galicia

David Rodríguez: «Da menos traballo que as cepas»

O caso de David Rodríguez Nóvoa, un mozo de Seixalbo, é representativo. Traballa nunha empresa concesionaria no Concello de Ourense e ten a súa modesta plantación como unha afección: sesenta exemplares de olivo en 1.200 metros cadrados. «A idea xurdiu porque na familia sempre houbo cepas. Traballábanas o meu avó e o meu tío, pero agora por motivos de saúde non poden facerse cargo e levaban un par de anos abandonadas. O olivo sempre me gustou e da menos traballo cas cepas», resume. A partir desa idea inicial, David Rodríguez buscou asesoramento profesional. Atopouno na Asociación de Produtores de Aceite e Oliva de Galicia, aínda que os olivos mercounos na empresa de referencia de Ourense, Aceites Abril. Explica que desde o colectivo recibiu formación sobre coidados. «Eu era novato nestoPouco a pouco vas aprendendo os tratamentos e despois dun ano podo dicir que é moito menos escravo ca viña», explica. Aínda que neste momento non se ve dedicándose a isto de maneira profesional, David Rodríguez apunta que á longo prazo é unha opción que non descarta: «A idea é facer aceite para poder consumir na casa e para familia, como antes se facía co viño».

En terras da Estrada tamén xurdiron producións de olivos nos últimos anos e as primeras cosechas xa están dando fruto en forma de aceite case para gourmets. Poucos litros pero de gran calidade para un mercado específico. Un primeiro paso para ir crecendo, cada vez con máis prantacións estradenses.

 

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