«Calquera día igual hai unha desgraza»

Vecinos de Ramiráns narran la impotencia de convivir con quien convirtió su casa en un basurero e invade viales públicos


a estrada / la voz

Vecinos de Ramiráns, en Santo André de Vea, airearon en el pleno las dificultades de vivir allí, con un vecino octogenario que ha convertido la parcela donde se mantiene en pie lo que queda de su casa ?calcinada en 2005 por un incendio en que falleció su madre? en un auténtico vertedero. Y no van a callarse el calvario de una situación que se remonta muchos años atrás.

Mercedes Dorelle verbaliza lo que significa desde hace años residir en Ramiráns, el lugar donde ha pasado toda su vida: «É unha pena, unha desgracia, unha angustia. Xa non sabemos qué facer, porque mira que fixemos cousas». Conoce de siempre al octogenario, y señala que «sempre foi particular, pero non era así. Enfrontamentos tívoos toda a vida, pero non era esto». Recuerda que estuvo emigrado en Alemania alrededor de diez años, y trabajó como albañil y encofrador: «Alá estivo, pero aprender non aprendeu nada», tercia Andrés Cimadevila. Lleva casado en Ramiráns 54 años, y también señala que el carácter del problemático vecino empeoró con los años. Aunque los enfrentamientos con los demás residentes vienen de hace años, por construir fuera del límite de sus propiedades: «Fixera un muro de formigón polo camiño arriba, e o Concello tiroullo, Pero inmediatamente fixo outro, non hai forma de frealo».

Situación a peor tras 2005

La situación desde que ardió su casa en el 2005 es insostenible. Hasta entonces almacenaba en su parcela escombros, piedras y palos «materiais que non contaminaban», señala otra vecina, Amalia Fernández. Ella misma padeció cuando compró la casa hace 19 años ese acopio de material en su propia parcela, y pese a que durante dos años trataron de convencerlo para que las retirara, acabaron por denunciarlo.

Pero ahora el inmueble, declarado oficialmente en ruinas desde octubre del 2015, está invadido por basuras de todo tipo: «Os días de feira na Estrada trae o coche abarrotado de cousas, que nin verá nada. De cousas que colle nos contenedores, anda buscando polos que están xunto a supermercados», asegura Cimadevila. Y cuando el montón es inabarcable, fuego: «Teño fotos cunha llama de dous ou tres metros de altura en pleno verán. Pero é moi fino, cando avisamos aos guardias cando veñen xa ten o lume apagado».

Arde de todo: gomas, cajas de porexpán. Los vecinos se quejan del humo negro, del olor que desprende el basurero, de la proliferación de ratas, de moscones. Y de soportar la mirada fija del octogenario cada vez que se lo cruzan en alguno de los caminos que tiene por suyos, aparcando el coche de cualquier manera: «Calquera día igual hai unha desgraza. É unha persoa moi vingativa», advierte Cimadevila. Mercedes señala que hay quien tiene miedo a que haga algún daño en propiedades de otros vecinos, pero no lo cree probable: más por su edad, por encima de los 80, que por falta de intención.

Es el día a día de Ramiráns. Un lugar harto de esperar 30 años a que las autoridades respalden a quien cumple la ley.

Uno de 300 expedientes de disciplina urbanística abiertos

El alcalde estradense, José López, reiteró ayer que el gobierno local lleva tres años intentando buscar una solución al problema de Ramiráns, pero es complejo. Apunta actuaciones en tres frentes: para recuperar espacios de dominio público, reponer la legalidad urbanística y en el evidente problema de salud pública existente. En este último aspecto, recordó que es preciso contar con autorización del juzgado para entrar a la finca privada del octogenario, en la que es su vivienda habitual. Así se hizo cuando el Concello ejecutó subsidiariamente una limpieza de la parcela, por valor de 5.000 euros: López asegura que se le pasará al cobro a través del ORAL a una persona que, pese a las condiciones en que vive prácticamente a la intemperie, según los vecinos cuenta con recursos económicos y ha llegado a adquirir alguna finca recientemente. El Concello le impone ya una multa de 1.000 euros por no demoler el inmueble declarado en ruinas en 2015, y la reiterará trimestralmente. En verano limpiará las cunetas y hormigonará toda la pista, con el objetivo de marcar con claridad la zona de dominio público. López dice que se actuó con la mayor agilidad posible, pero respetando plazos.

Pero el propio regidor admitió ante el pleno la falta de personal en el Concello estradense para ocuparse de los expedientes de disciplina urbanística. El de Ramiráns es uno de los más de 300 expedientes abiertos, «que nos costa moito resolver». Si es un año no se resuelven, puede declararse su caducidad y reabrirlos después; a los 6 años, prescriben.

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