Los lutieres García de Riobó, un taller reconocido ya con Isabel II

Joaquín Espiño continúa una saga que comenzó en el siglo XIX


A Estrada / la voz

El taller de lutieres García de Riobó recibirá mañana en Pontevedra un homenaje en el Memorial Ricardo Portela. El encargado de recoger el premio será Joaquín Espiño (A Estrada, 1958), el actual continuador de una saga que comenzó en el siglo XIX con la elaboración de gaitas y otros instrumentos.

Joaquín Espiño agradece este homenaje que le tributan . «É moi importante porque recoñecen a traxectoria dun taller», aseguró. Un origen que, apunta, es difícil de precisar pero se cuenta por siglos. Hay fechas que certifican su amplia tradición. En el año 1857, su tatarabuelo, Domingo Antonio García de Oca, recibía un diploma en Madrid en tiempos de la reina Isabel II. Después, en la exposición regional de 1909 era su bisabuelo Joaquín García García también obtenía el reconocimiento. Sin embargo, esta saga ya había comenzado antes. «O pai do meu tataravó xa traballaba», asegura Joaquín.

Joaquín lleva 38 años el oficio. Por sus manos pasaron gaitas, requintas, pínfanos..., pero ahora principalmente, son gaitas. Al preguntarle cuál es el secreto para que sea buena responde: «¿O segredo? Non sei. Unha boa madeira, ben preparada...». Actualmente, la mayor parte están elaboradas de madera de granadillo, que llega desde Mozambique. «É unha madeira moi boa, que da i bo sonido. Antes había moito ébano», aseguró. Otra de las opciones «é a madeira de buxo, que é de aquí, o resto cómprase fóra».

Este artesano estradense explica que el tiempo de elaboración de una gaita varía mucho. «Depende de cómo a queiran, do anillado, do tipo de madeira...». En cuanto al diseño, explica que cada uno tiene sus propias preferencias en cuanto al anillado.

Gaitas para América

Joaquín trabaja todo por encargo y de manera artesanal, desde la fabricación de nuevas piezas hasta las reparaciones. Explica que la mayor parte en la actualidad llega de vecinos de la zona y del resto de Galicia. «Antes ía moito para Venezuela, Argentina, México..., pero cada vez hai menos», asegura, apuntando que eran los emigrantes los que solicitaban estos instrumentos musicales. «Agora a demanda baixou», asegura, apuntando así que el oficio no es ajeno a la crisis.

Este heredero de la tradición continúa en el taller familiar situado en las proximidades de la iglesia de Riobó, donde mucho del instrumental que pasaron por sus antepasados continúa. Él empezó a trabajar en el año 1976, hace casi 40 años, al tomar el testigo del oficio de su padre. Solo una generación se saltó en todos estos años. La de su abuelo, que entonces fue toda una generación de mujeres. Por el momento, explicó que tampoco ha encontrado a quién ceder el testigo. Al igual que con su abuelo, toca otra generación femenina y, por ahora, no ha optado por el relevo para este taller con tradición de más de doscientos años. Joaquín aún está dispuesto a seguir unos años. Por lo menos, hasta la jubilación en un taller en donde las paredes se han convertido en testigos de una parte de la tradición musical gallega.

«¿O segredo? Unha boa madeira, ben preparada... Agora a maioría son de granadillo»

Joaquín Espiño

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