Salen a la luz pinturas murales de la iglesia de Soutolongo

Datadas en la segunda mitad del XVI, permanecieron ocultas varios siglos


lalín

Según consta en los libros más antiguos que se conservan del archivo parroquial de Soutolongo (Lalín) -que datan de mediados del siglo XVI- ya esta iglesia y su aneja de Santa María de Alvarellos, pertenecían a la encomienda de Beade, de la Orden religiosa y militar de los Caballeros de Malta, o más exactamente la «Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas, y de Malta». Dicha Orden hizo su aparición en Galicia en la primera mitad del s. XII y jugó un papel decisivo en las peregrinaciones jacobeas, contribuyendo las Encomiendas de Beade y Pazos de Arenteiro en la seguridad de los peregrinos que hacían la ruta a través del llamado Camino Portugués.

Soutolongo pertenecía a uno de los dieciocho partidos, en que estaba integrada la encomienda de Beade, a los que abría que añadir, en tierras de Deza, según el doctor Isidro García Tato, del CSIC, los cotos o prioratos de Barcia; Lebozán; Muimenta; Cangas; y Palmou. La historia más reciente de la iglesia lalinense de Santa María de Soutolongo se halla marcada por el descubrimiento en 1983 de un importante conjunto de pintura mural del siglo XVI y de un sagrario pétreo policromado, de una singularidad extraordinaria, que permanecieron ocultos durante siglos detrás del retablo barroco del altar mayor, que a su vez les sirvió de escudo protector.

Notificación del hallazgo

De este hallazgo dio en su día noticia a la Comisión de Patrimonio de Lugo el finado sacerdote que fue de esta parroquia D. Manuel Mato Soto. Ambas obras de arte, cuya existencia en Galicia es más bien escasa, junto con las pinturas murales de la cúpula y el retablo barroco de la capilla mayor, fueron finalmente restauradas en su totalidad tras complejos y delicados trabajos.

Durante la Edad Media, y a lo largo del siglo XVI, la pintura mural adquirió un gran auge. En esta última centuria es cuando se llevaron a cabo las pinturas de Soutolongo. A finales del siglo XVI la tendencia imperante de la época era blanquear con cal el interior de las iglesias quedando ocultas -y también hay que decir protegidas- la mayor parte de las pinturas murales, allí donde las hubiere.

Restos de un epígrafe

En el muro lateral del presbiterio del lado del evangelio, en la parte superior del arco formero y encima de una ventana, quedaron restos de un epígrafe cuyo texto está repartido en cuatro líneas dentro de una cartela, que dice:

«ESTA OBRA SE PINTO EL ANO / DE 1589 SIENDO PRIOR FRAI AL (Alonso) GON A /

LEZ (González) E PINTO (Resto del texto perdido)».

Es una verdadera lástima que la pérdida de texto en estas líneas nos prive de conocer el nombre del artista. Esto viene a demostrar la importancia de preservar la integridad de un conjunto, ya que la pérdida de un fragmento puede ser clave para la interpretación de la obra.

Del mismo modo, en el otro muro lateral, podemos ver como la única pintura conservada sobre otra ventana rasgada la representación de dos dragones enfrentados, bellamente estilizados, animal mítico considerado el genio del mal, que la creencia popular relaciona con la herejía.

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