Cuento de Navidad

La Voz

DEZA

Sucedió en Lalín, pero por desgracia hoy en día pudo haber sido en cualquier lugar. Era una mañana del 21 de diciembre, un hombre se levantaba y acudía al trabajo como un día cualquiera. Esa mañana estaba especialmente contento, pues aunque la semana siguiente la empresa iba a cerrar por vacaciones, a unos cuantos les habían ofrecido ir a trabajarlas por carga de trabajo que tenían. A media mañana lo llaman a la oficina del director, iba tranquilo, pensando en algo que le iban a mandar hacer, alguna norma que iba cambiar... Pero su sorpresa cuando lo tiene enfrente es que la llamada no es cuestión de trabajo, sino la firma de unos papeles de despido, que sintiéndolo mucho, y sin ninguna causa concreta, pues lo considera un buen trabajador, compañero y servicial con la empresa, que la situación le es muy difícil, pero la orden le llega de arriba, un papel, un despido, un nombre que por casualidad es el suyo. Las altas esferas alegan en una carta que un día en concreto el trabajador no acudió a su puesto de trabajo con la debida vestimenta -algo nada probable, si no quieres jugarte el físico- por ser una causa grave, de ahí su despido, a continuación, en otra reconocen que lo anteriormente expuesto, es un despido disciplinario improcedente, lo indemnizan con una cantidad por sus años de servicio a la empresa y hasta luego.

El hombre vuelve a su puesto de trabajo, recoge sus cosas, no se despide de sus compañeros, pues no asimila lo que le acaba de ocurrir. Incrédulo vuelve para su casa, con una idea clara, aunque a él le acaban de entristecer las Navidades con algo que no entiende y que gracias a las leyes de hoy en día -un trabajador puede ser despedido indemnizado y alegando un despido improcedente y no hay nada que se pueda hacer-, tiene claro que se guardará la mala noticia hasta que se acaben estas fechas pues para él su familia es lo primero y son fechas de felicidad, paz y amor. Feliz Navidad. M. B.