Al FILO | O |
12 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.SE ACERCA SAN JUAN y con la festividad la tradición de romper con el pasado, de quemar lo que ya no nos vale, de someter la vida al efecto purificador del fuego de una hoguera y de revivir, aprendiendo de la naturaleza ,a una nueva estación. La noche mágica del solsticio, el arranque de una nueva estación que sabe a sol, a luna nueva, a la lluvia de estrellas de una madrugada de verano. Savia nueva para una estación recién estrenada. A lo largo de nuestra vida, los ritos nos ayudan a marcar pautas, ciclos, a poner nombres a los espacios de tiempo. Números de la suerte, fechas con fama de agoreras, fiestas en las que cumplir las tradiciones es una obligación. Pese a todo, la vida se nos escapa entre los dedos, el tiempo se nos escurre y el destino de cada día nos ofrece imprevistos con los que no figuran en ningún calendario. Unos se van y otros llegan. A veces incluso los que nos dejan posibilitan que otros permanezcan con nosotros. Hablamos de esos trasplantes que cada día salvan vidas. Las tragedias y los milagros van tejiendo la actualidad de cada día. No hace falta estar pendiente de lo que ocurre a miles de kilómetros y escudriñar lo que pasa por el planeta, basta con fijarse un poco en lo que ocurre alrededor. Cada uno encara la vida con la filosofía que puede o que le dejan. Yo conocía a una funcionaria que su lema, y de paso su contestación al ¿Qué tal? De cada día era : «Sobrevivindo», que pensándolo bien, no es poco. Otros son más optimistas y esperan de cada hora una sorpresa agradable, confían en su buena suerte y en la bondad del ser humano. Los hay que ven una tormenta detrás de cada nube por lejos que esté y los que están convencidos de que todas las desgracias de la tierra llevan su nombre inscrito a la espalda. Afortunadamente ninguno de nosotros acertamos siempre. Es lo bueno o lo malo de este misterio que damos en llamar existencia y que nos lleva de aquí para allá a un ritmo que no siempre somos capaces de interpretar.