El Córdoba recurre a Castro Santos para no descender


p. g. | redacción

A la segunda va la vencida y Fernando Castro Santos ya es el nuevo entrenador del Córdoba, en sustitución de Fernando Zambrano. El club andaluz se agarra al clavo ardiendo del entrenador gallego a la desesperada, ya que se encuentra en la antepenúltima posición de la clasificación de Segunda, es decir, en puestos de descenso a Segunda B. Fernando Castro Santos tendrá sólo tres jornadas para salvar al equipo. Si lo consigue, su contrato (en principio, hasta el final de campeonato) se prolongará hasta el final de la próxima temporada.Su debut se producirá, por caprichos del azar, el próximo domingo a las seis de la tarde, contra el equipo que le catapultó al fútbol de élite (el Compostela) y ante la afición que le vio crecer. Pero es que, además, se jugará la permanencia contra otro club gallego: el Racing de Ferrol. Se da la circunstancia de que la directiva cordobesa ya había pensado en Castro Santos para reemplazar al primero de los entrenadores despedidos en la presente temporada, Iosu Ortuondo, en enero, pero la llegada a la dirección técnica de Miguel Ángel Portugal derivó en la incorporación de Zambrano. Fernando Castro Santos (Lourido, 1952) se ha convertido en una especie de apagafuegos oficial de clubes en apuros. Desde que llevó al Compostela de Segunda B a Primera a principios de los noventa, ése fue su destino. El de Lourido desarrolló casi toda su carrera futbolística en el Pontevedra, al que también entrenó tras dirigir al Arenteiro. En el año 1989 tomó las riendas del Compostela y en 1995 ya ocupaba un banquillo de Primera. Abandonó Santiago por un conflicto personal con Caneda. «Prefiro morrer coas botas postas antes que actuar polo pensamento doutras persoas», espetó en su despedida. Así se convirtió en el técnico-milagro que ahora es. En la temporada siguiente (1995-96), el Celta lo vio como solución a sus agonías tras la era Aimar y ciertamente lo fue. Salvó al equipo del descenso y se ganó una campaña más. Después de su etapa en Vigo (Javier Irureta fue su sustituto), Fernando Castro Santos recibió una propuesta del Sevilla en idénticas condiciones. Cogió al equipo en la jornada 24 de la 97-98 para intentar el ascenso a Primera, pero sólo tuvo la confianza de los dirigentes hasta la jornada 18 de la campaña sucesiva. Marcos Alonso fue el que finalmente devolvió al club a la élite. Un recién descendido Tenerife fue el siguiente en probar su bálsamo. Ascender volvía a ser la exigencia, pero en las islas le dejaron trabajar. Después de haberlo fichado con la temporada empezada, no pudo terminarla. El Sporting Braga portugués llamó por primera vez a su puerta en 1997. Lo llevó a la UEFA. En el año 2000 vivió su segunda etapa lusa y tampoco le fue mal. Por eso, el Polideportivo de El Ejido le eligió para salvar la categoría en su debut en Segunda. Todo volvió a salir a pedir de boca, pero Castro Santos prefirió regresar al Braga. Hasta la semana pasada, cuando fue despedido por la nueva directiva del club luso por razones extradeportivas. Tan sólo unos días después, el pontevedrés vuelve a tener ante sí la oportunidad de cambiar el semblante de una afición y el destino de un equipo.

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