La resurrección de Tuchel y la de un Chelsea de cuadrilla de obreros

CHAMPIONS

TOBY MELVILLE | reuters

El técnico, destituido por el PSG en diciembre, llega a su segunda final tras ensamblar en solo cinco meses un equipo de hierro con Kanté como estrella

05 may 2021 . Actualizado a las 23:51 h.

Esta será la segunda final de la Champions League de Thomas Tuchel. La primera, la perdió con el PSG contra el Bayern de Múnich por un solitario gol de Kingsley Coman. La segunda, la jugará contra un Manchester City que, a pesar de partir como favorito, lo sería aún más si el alemán nunca hubiera llegado al banquillo de Stamford Bridge. Su Chelsea tiene un empaque del que carecía el de Frank Lampard. Con el mismo bloque, el inglés creó un equipo de mandíbula de cristal, una comparsa defensiva. El teutón ha ensamblado una roca, una cuadrilla de obreros que había dejado su portería a cero en 16 partidos desde su llegada. 17 son ya con el ayer. Un auténtico muro.

El Real Madrid había marcado al menos un gol en el 85 % de sus partidos, pero en esta ocasión no logró hincarle el colmillo al equipo del barrio pijo de Londres que, lejos de arquetipos y clichés, se enfundó el mono de trabajo y dejó el caviar para otro día. El Chelsea que ha creado Tuchel en solo cinco meses es de estudio. Por lo sólido que se muestra y las garantías que ofrece. Si en el PSG el teutón tuvo dificultades para convivir con los egos del vestuario y los despachos, con los blues ha logrado que todos tiren del carro. Cuestión que en el fútbol moderno pesa, y mucho.

Los ingleses fueron contra los de Zidane un rival inabordable. Cerró huecos junto, basculó de la mano y cuando robó el balón salió al galope. Las transiciones frenéticas a un par de toques liquidaron a un Madrid que, si en vez de Werner tuviera al mítico Drogba delante, ya habría dicho adiós a la Champions en la ida.

Con Kanté como estrella de este equipo, el Madrid se diluyó con una posesión de balón estéril. El francés de ascendencia maliense fue un pulmón. Barrió todo lo que encontró. Determinante en el 1-1 en Madrid, en Londres fue clave en los dos robos a Casemiro y Nacho que precedieron a los tantos de su equipo.

Él es la cara de este Chelsea que domina como nadie el arte de eliminar huecos y desquiciar rivales. Contra el City, se enfrentará a un equipo experto en encontrarlos. Dos filosofías para una única Orejona.