Turismo de borrachera


Pasó el Liverpool por Madrid con una entidad futbolística cuya intensidad pareció equivalente a las ansias culturales de la alegre muchachada francesa que invade las terrazas de la ciudad. Me imagino el aturdimiento de esas juventudes etílicas parisinas situadas la noche después de la farra frente al Inocencio X de Velázquez en el Prado. Desubicadas. Pues tal cual saltó el cuadro de Klopp al Museo Di Stefano. Un grupo enredado en la nada, como los mareados del tango. Asistían maravillados y como complacidos a las exquisitas asistencias de Kroos como quien se congela con un síndrome de Stendhal. A ratos pareció que Alisson, con un sospechoso bigotazo de telenovela de Globovisión, se iba a desmayar de belleza.

El Liverpool afeó esta su segunda edad de oro presentándose en estos cuartos de Champions como una excursión de turismo de borrachera. Con el delirium tremens defensivo de dos extremos teniendo que pasar por laterales. Y con la abstinencia de aquellas ráfagas de transiciones meteóricas, cuasietílicas, que hacían a Salah o a Mané indetectables.

En realidad, éste es el Liverpool del 2021, amigos. Lleva tres meses desangrándose por la Premier, agarrado a las farolas. Algunos vendieron media hora de breve resurrección frente al Arsenal el pasado fin de semana como si a Madrid arribase un rival temible. Y ante este Liverpool resacoso, sin duda era el día para el triunfo del fútbol borracho. Y en eso, nadie como Vinicius, el roba uvas que arranca las jugadas con el champán rebosante y las termina, según llega al gol, con la copa rota. Ayer explotó como rey Baco.

En ese erial británico, el gol de Salah podría parecer un accidente por su ejecución. Es mucho más que eso. En él va justicia poética. La memoria de aquella final de Kiev donde Sergio Ramos borró con alevosía al egipcio del partido al cuarto de hora. Salah no pudo citarse con Ramos. Si acaso le brindó la jugada en la distancia al de Camas, que ha devenido, ya como celebrity de palco, una Kim Kardashian vigoréxica, un Jack Nicholson a pie de cancha de los Lakers madridistas. Un animador deluxe. A ese gol encomiendan Salah y un Klopp acomplejado -que salió con Keita y no con Thiago- sus esperanzas de que el Madrid visite en Liverpool el pub The Cave.

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