Ronaldo, de puntillas por Madrid


Volvía el coco del Atlético, el depredador que había batido como madridista hasta 22 veces a su rival, con el recuerdo del hat trick de la Champions del 2017 seguro que en mente. La parroquia del Metropolitano le dedicó silbidos cada vez que tocó el balón y él contestó con un gesto con la mano abierta en referencia a las cinco Champions de su palmarés. Mala señal para Cristiano, de quien al descanso lo mejor que se pudo decir fue que no erró ninguno de los 22 pases que intentó. Claro que obligó a Oblak a la parada de la noche, pero esta ocasión se convirtió en un oasis en el desierto atacante de una Juve que conforme avanzó el partido desnudó su verdadero ser. El de toda la vida en los equipos italianos: racanería ofensiva y el manual de marrullerías a mano. Las peores noticias para el portugués llegaron luego, cuando su rácano entrenador sustituyó a los dos mejores socios de la estrella: Pjanic y Dybala. Solo entonces el castigo se tornó bíblico para su equipo. Con un bloque mucho más físico y de choque, los de Turín encajaron en dos acciones a balón parado desde las botas de los dos centrales del Atlético, Giménez y Godín. Este último gol retrató al portugués, casi más preocupado por que el balón no le golpease, que de tapar el estrecho hueco a través del que el veterano rojiblanco coló el remate certero. A Cristiano se le había visto tan apocado en su anterior visita a Madrid, cuando hizo el paseíllo hasta la Audiencia Nacional. «Todo perfecto», declaró entonces. Anoche, en cambio, comenzó a despedirse de la Champions.

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