El Ajax fue el avispero, el Madrid el aguijón


El Madrid se encontró con un nido de avispas. La velocidad, la presión alta, el dinamismo y la movilidad del Ajax le desbordó. No fue capaz el equipo de Solari en toda la primera parte de hallar la fórmula para contrarrestar el juego de los holandeses. Ni Bale ni Vinicius consiguieron desbordar. Lo mejor que pudo pasarle al Madrid es que el VAR anulase ese gol y llegase el descanso. Lo sorprendente en esa jugada polémica es la reacción de Courtois, que da por claro su error, y de sus compañeros, que no protestan por nada y dan por bueno el gol. Las avispas se movieron como centellas, pero el aguijón lo tenía Benzema. Esa fue la clave. Una sola vez le bastó al francés para desbaratar todas las intentonas del Ajax. Los holandeses trataron de retomar su juego pero la salida de Lucas Vázquez le dio al Real la pausa que necesitaba. Y hay un intangible claro en esta competición: el Madrid, al margen de su calidad y nivel, parece que siempre va a favor de viento, con la alfombra roja. Tras el empate, vi al Ajax con el entusiasmo de quien cree que puede pero el Madrid ya era otro más firme. Kroos y Modric ya tocaban más. El partido iba para un 1-1 que visto lo visto hubiese sido lo justo. Otra vez el aguijón del Madrid, esta vez en botas de Asensio, volvió a ser demoledor. Creo que es un resultado excesivo para los méritos del Ajax. Dieron un ejemplo de descaro, de firmeza y de fútbol que ha dado gusto verlos y sin embargo no les ha valido para obtener un resultado positivo. Pese a eso, me ha encantado ver cómo fueron capaces de poner contra las cuerdas al Madrid y de superarlo en el juego de una forma evidente. Sus aficionados deben estar orgullosos. No se puede hacer más y tener menos. Son futbolistas de una calidad enorme, pero no han estado certeros a la hora de definir. Les ha faltado ese aguijón del que se ha servido el Madrid para llevarse un resultado buenísimo. Benzema y Dolberg son la dos caras de la moneda. Dolberg es un buen futbolista, joven, pero intermitente. Benzema es con 31 años el mismo jugador que cuando tenía veinte. Tiene esa pausa brillante y a la vez le basta una opción para definir con brillantez. Está, además, en un momento de forma espectacular.

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