Comandados por un Mavra infalible, los celestes son líderes de la ACB tras actuar como un rodillo para llevarse un partido en el que solo sufrieron durante los primeros cinco minutos
03 oct 2026 . Actualizado a las 23:38 h.El Río Breogán sigue en modo apisonadora y se pone el traje de líder. El equipo de Luis Casimiro dio una exhibición en Manresa y no dio opción a un rival que solo inquietó en el primer cuarto. El baloncesto logró esquivar la tormenta, al menos en el plano meteorológico. Mientras la alerta climática en Cataluña obligaba a aplazar por precaución el encuentro en la cercana Badalona, en el Nou Congost, en una zona fuera de riesgo, los jugadores se pudieron vestir de corto. Era un duelo de dinámicas cruzadas. El Río Breogán buscaba prolongar las buenas sensaciones de su victoria inaugural, frente a unos locales urgidos por las derrotas y con las bajas de Pierre Oriola y Hugo Benítez.
El primer cuarto, sin embargo, fue un auténtico ciclón manresano. El cuadro de Diego Ocampo saltó a la pista asfixiando en defensa y volando en transición. Con Rafa Villar y Allen hiperactivos en la dirección y la anotación, el Manresa supo castigar el horrible inicio del Breo, que entró frío y acumuló hasta cuatro pérdidas en apenas tres minutos. El demoledor parcial de 14-3 forzó a Luis Casimiro a quemar un tiempo muerto de emergencia para frenar la sangría.
La reacción visitante tuvo que llegar desde el barro. Las entradas primero de Ilic y después de Kasibabu blindaron la defensa celeste, igualando la intensidad física del choque justo en el momento en el que las rotaciones locales empezaban a destensar la cuerda. El Breogán forzó pérdidas, corrió y recuperó la confianza. Un enérgico 2+1 de Andersson García y un triple de Francis Alonso culminaron el rearme lucense (6-17 de parcial) para cerrar el cuarto apretando las tuercas al máximo (25-24).
El segundo período comenzó espeso, con un severo frenazo en el ritmo de anotación. La batalla táctica dejó apenas una canasta por bando en los tres primeros minutos, hasta que emergió la figura de Dominik Mavra para dinamitar la primera mitad. El croata, magistral asumiendo el peso ofensivo y asistiendo a sus compañeros, conectó un triplazo (32-31) que encendió las alarmas y obligó a Ocampo a parar el partido. No sirvió de mucho. En pleno estado de gracia, Mavra le sacó una falta en ataque a Villar para recuperar la posesión y liderar el sorpasso lucense.
El Río Breogán pasó a dominar el choque desde una circulación de balón exquisita, encontrando siempre al tirador liberado. Los triples consecutivos de Peris y Tevin Brown obligaron al técnico local a gastar otro tiempo muerto en el segundo cuarto, pero el conjunto celeste ya jugaba de memoria. Andric estiró la renta coronando los mejores minutos colectivos de los de Casimiro. El tramo final hacia el descanso llevó la firma definitiva de un Mavra de récord. Otro triple suyo (sin fallo hasta el momento, como viene siendo habitual en los últimos partidos) colocó la barrera psicológica de los diez puntos (36-46) en una escalada de dominio visitante que llegó a tocar una máxima de trece (37-50). El 40-51 rumbo a los vestuarios reflejaba la impecable metamorfosis de un Río Breogán que supo reponerse al KO inicial para acabar desesperando a un Nou Congost que se debatía entre animar a los suyos o dejar salir su frustración.
El paso por los vestuarios no alteró el guion, sino que profundizó en la herida local. Mientras el aro se encogía drásticamente para los del Bages, el Río Breogán continuó ejecutando su plan con una frialdad clínica. Los celestes no perdonaron, castigando cada tiro errado por los de Ocampo con transiciones veloces y un acierto casi inmaculado en el lado opuesto de la pista. Cuando la brecha alcanzó una máxima de +19 (43-62), el banquillo local volvió a detener el crono. Era, a todas luces, casi la última bala de un Manresa impotente que sentía cómo el partido se le escurría irremediablemente de las manos.
La desesperada llamada al orden encendió una efímera chispa de orgullo en el Congost. Fue Timmy Allen quien decidió rebelarse ante el naufragio, echándose el equipo a la espalda para liderar un arreón de 8-0. Aquel fogonazo (54-68 en el luminoso) logró sembrar la duda en el cuadro lucense por primera vez desde su gran remontada, insinuando que aún quedaba partido.
Sin embargo, todo quedó en un espejismo. La constancia y madurez que le sobraba al equipo de Luis Casimiro fue, precisamente, la que no lograron sostener los locales. El Breogán absorbió el golpe con entereza, recuperó el ritmo de circulación y apagó el incendio a base de solvencia ofensiva. La crueldad final para los locales llegó sobre la bocina con un triple sideral de Rasir Bolton que cerró el tercer acto con un aplastante 67-89, una puntilla que dejó el choque visto para sentencia a pesar del maquillaje del último cuarto.