La participación de deportistas transgénero en categorías femeninas ha vuelto a abrir el debate la liga femenina de baloncesto de Estados Unidos
11 ago 2026 . Actualizado a las 16:01 h.La Asociación Femenina de baloncesto estadounidense (WNBA) se ha convertido en el nuevo escenario de una de las discusiones más controvertidas del deporte profesional: quién puede competir en las categorías femeninas. El detonante más reciente tiene nombre propio. Enes Kanter Freedom, antiguo pívot de la NBA, anunció su intención de presentarse al draft de la WNBA del 2027 identificándose como mujer a efectos de su participación deportiva. Horas después, Royce White, también jugador profesional, comunicó que seguirá el mismo camino. Sin embargo, ninguno ha sido admitido en la competición ni su anuncio garantiza que pueda entrar en el proceso de selección.
La maniobra de Kanter y White no puede entenderse únicamente como una reivindicación deportiva. Ambos están utilizando una cuestión que lleva semanas generando tensión dentro y fuera de la WNBA para poner a prueba las normas de elegibilidad de la competición. El convenio colectivo establece que «solo las jugadoras que sean mujeres» pueden participar, pero no precisa si ese término se refiere al sexo asignado al nacer, a la identidad de género o a otros criterios. Esa ausencia de una definición específica es el argumento sobre el que los dos exjugadores han construido su desafío.
El contexto explica por qué la polémica ha adquirido tanta dimensión. En julio, Sophie Cunningham, jugadora del Indiana Fever, expresó públicamente su preocupación por la participación de mujeres trans en el deporte femenino, y defendió la necesidad de proteger a las deportistas. Sus declaraciones provocaron reacciones enfrentadas, protestas en algunos partidos y un debate cada vez más intenso entre jugadoras, entrenadores, aficionados y organizaciones políticas.
A partir de ahí, la cuestión dejó de ser exclusivamente teórica. Kanter, conocido también por su activismo político, sostuvo que había revisado las reglas de las WNBA y que, si estas se aplican en función de la identidad declarada, debía ser considerado elegible. White se sumó posteriormente al desafío y afirmó que se identifica como transgénero. El planteamiento ha sido recibido por algunos sectores como una forma de evidenciar una supuesta contradicción en las normas, mientras otros consideran que convierte una cuestión compleja sobre la participación de atletas trans en una provocación política.
La WNBA se encuentra ahora ante un problema que va más allá de dos aspirantes. Su comisionada, Cathy Engelbert, remitió un comunicado a los equipos en el que reconoció que la participación de atletas transgénero seguirá generando atención. La posición de la liga, por ahora, no es una aceptación de Kanter o White. Engelbert ha subrayado que la WNBA abordará el asunto de acuerdo con los valores de la competición, pero también ha colocado en primer plano dos principios: la integridad del juego y la igualdad competitiva. Además, recordó que las reglas de elegibilidad forman parte del convenio colectivo y que no se pueden modificar de forma unilateral.
El sindicato de jugadoras ha adoptado un tono igualmente prudente. En un comunicado reivindicó la diversidad y la inclusión y rechazó el odio o la demonización de las personas transgénero. El caso se produce, además, en un momento en el que organismos deportivos como el Comité Olímpico Internacional ha endurecido sus criterio para proteger la categoría femenina, a falta de un criterio universal.
El desafío de Kanter y White tiene un alcance mayor al de sus posibilidades de jugar. Su eventual candidatura obliga a la liga a afrontar una pregunta que hasta ahora no había necesitado responder: qué significa exactamente ser mujer a efectos de competir en su baloncesto profesional.