María Eugenia Gil Soriano: «Mi verano sabe a pulpito, vino y orquesta»

DEPORTES

María Eugenia Gil Soriano, en la playa de Canide, su rincón preferido en verano.
María Eugenia Gil Soriano, en la playa de Canide, su rincón preferido en verano. Marcos Míguez

En la víspera, la árbitra dirigió un amistoso entre el Deportivo y el Lugo, y pronto comenzará una nueva temporada en la élite, pero antes se relaja con el atardecer de una cala en Oleiros

05 ago 2026 . Actualizado a las 15:31 h.

María Eugenia Gil Soriano (Mérida, 1996), árbitra internacional de fútbol, pasa estos días en un torneo internacional en Escocia. Después, el regreso de la temporada futbolística la envolverá todos los fines de semana. Antes, el oxígeno en verano lo ha tomado cerca de la familia y de tranquilidad se ha empapado en la cala oleirense de Canide, donde nos encontramos el día después de haber dirigido un amistoso entre el Dépor y el Lugo.

—¿Por qué ha decidido traernos a este lugar?

—Es uno de mis sitios fetiche. Cuando era joven, iba mucho con mis amigas a la playa de Espiñeiro. Un día, de casualidad, descubrimos esta calita y hubo algo en ella que me quedó prendido. Me enamoré de la tranquilidad que transmite. Me escapo aquí muchas veces. Mi momento favorito es la puesta de sol.

—¿Qué le transmite?

—Paz, muchísima paz. Estos momentos en la cala, en los que escucho el mar y siento el sol en la piel, me hacen desconectar por completo. Tengo que viajar mucho a lo largo del año, tanto dentro como fuera de España. Estoy más tiempo en un avión que en mi propia casa. Voy en piloto automático, con muchas cosas en la cabeza. Aquí me aíslo de todo.

—¿Sola o en compañía? ¿Qué suele llevarse?

—Cuando está permitido, bajo a mis perras. A veces me quedo en lo alto de la cala con ellas para ver atardecer. Vengo muchas veces sola. A la playa suelo llevarme un libro. Siempre tengo alguno en el bolso. Cuando viajo, tengo horas muertas y es mi pasatiempo favorito. Llevo también unos casquitos para escuchar música. Si vengo con amigos, a veces ponemos un altavoz.

—¿Hace turismo en vacaciones?

—Fui unos días con las amigas a Ibiza y estuve en Cádiz, pero el tiempo de verano me gusta pasarlo en mi casa. El agua del mar para bañarme me gusta que esté fría. Entro, regenero, y salgo nueva. El otro día fui a una playa en Bueu que es increíble. La zona de Sanxenxo me gusta mucho también. Vivimos en el paraíso, no hace falta buscarlo fuera de aquí.

—¿Cuál sería su plan perfecto un día de verano?

—Me encantan las tradiciones gallegas. En los pueblos somos los reyes de las fiestas populares. Me gusta ver cuál hay el día que libro. ¿Que es la del percebe? Allá me voy. ¿La del mejillón? Pues, si encaja, andando. Ahora tenemos la del Albariño, a ver si me puedo escaquear. Como más disfruto el tiempo libre que tengo es con mis amigos y mi familia. Soy una persona extrovertida. Me gusta reírme mucho y de vez en cuando, si se tercia, hacer un poco el tonto. Mi verano sabe a pulpito, a un vino con los míos y a orquesta. No necesito grandes cosas. Disfruto también yendo a correr al aire libre por una senda al lado del río porque durante la temporada me entreno siempre en pista y lo mío es el contacto con la naturaleza. Estas cositas, que igual a otros les parecerán muy poca cosa, son las que a mí me hacen feliz.

—¿Sigue pendiente en vacaciones de lo que sucede en el mundo o su desconexión también es digital?

—Bufff... intento evadirme de la prensa y de lo que nos rodea, que es bastante agotador. Televisión no veo ninguna. Pero no en verano, durante el resto del año tampoco. No tengo demasiado tiempo, ni es algo que me atraiga. Consumo prensa digital, sobre todo. Vivimos en un mundo de sobreinformación, en el que algunas de las cosas que se publican son ciertas y otras muchas no lo son. Ahora todo el tema de los incendios me produce una gran tristeza. Hay que ayudar a esa gente. Intento estar actualizada. Saber qué está sucediendo en mi país y en el mundo, pero sin saturarme, ni vivir pendiente cada minuto de eso.