Alejandra Gómez-Ulla, la vulcanóloga que encontró en Timanfaya el camino al Mundial de Ironman en Kona
DEPORTES
La coruñesa, residente en Francia, comenzó a practicar triatlón tras la pandemia y logró el billete a Hawái en Lanzarote en su primer intento en la distancia
29 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Alejandra Gómez-Ulla (A Coruña, 1985) no llegó a Lanzarote buscando Kona, pero salió de la isla canaria con un billete para la meca del ironman. La coruñesa, que vive y trabaja en la localidad francesa de Clermont-Ferrand y es vulcanóloga de profesión y triatleta en el club de aquella ciudad desde hace apenas cinco años, logró la clasificación para el Mundial de Hawái en su primer intento en la distancia, en el mismo territorio sobre el que había construido parte de su vida académica: Timanfaya.
Allí, donde primero estuvo como turista, después como científica y ahora como deportista, encontró el punto de unión entre sus dos grandes pasiones, los volcanes y la larga distancia. «Cuando decidí inscribirme, la idea era demostrarme a mí misma que era capaz de terminar un triatlón de tanta distancia», explica. El ironman, una de las variantes más extremas de la disciplina, consta de 3,8 kilómetros a nado, 180 de ciclismo y un maratón.
Su entrenador, Roberto Corujo, cuya labor destaca sobremanera y que trabaja a distancia con ella desde Vitoria, le rebajó pronto cualquier expectativa: «Me dijo rápidamente que me olvidara del Mundial, que lo primero era aprender, que estaba muy verde y que me centrara en no cometer errores».
Esa renuncia a pensar en Kona acabó por regalarle una oportunidad histórica. Gómez-Ulla compitió centrada en su propio plan, sin dejarse arrastrar por el vértigo de lo que estaba en juego. «Iba muy concentrada en seguir el plan de nutrición e hidratación al pie de la letra, en ir paso a paso y no venirme muy arriba en la bici», recuerda la coruñesa.
El planteamiento funcionó de principio a fin. «Olvidarme por completo del Mundial fue una de las claves de la carrera, y salió un carrerón», resume. El escenario de esa clasificación tampoco era un lugar cualquiera. Lanzarote forma parte de su vida desde mucho antes de verla como deportista.
Gómez-Ulla es vulcanóloga, estudió geología en la Universidad Complutense de Madrid y desarrolló su tesis doctoral sobre Timanfaya. «Para mis 40 años decidí hacer mi primer ironman en Lanzarote, porque es una isla muy especial para mí», relata. Su elección no fue una estrategia competitiva. «Era una elección de corazón, no competitiva», explica.
La casualidad terminó cerrando un círculo perfecto. El billete conseguido en una isla volcánica la llevará a otra. «Fíjate qué casualidad, que el Mundial se lleva a cabo también en otra isla volcánica, como es Hawái. Al final he conectado mi pasión por los volcanes y mi carrera científica con mi deporte, que es el triatlón. Clermont [ciudad en la también estudió el máster en vulcanología], Lanzarote, Kona... triatlón y vulcanismo», explica.
Solo cinco años como triatleta
El camino hasta ese estreno empezó mucho antes, en el 2021, después de la pandemia. Por entonces practicaba trail running, pero las lesiones la obligaron a buscar alternativas. «El médico deportivo me aconsejó diversificar un poco la práctica y hacer actividades de menos impacto, como la bici y la natación», recuerda. Lo que nació como una recomendación médica acabó convirtiéndose en una pasión.
Preparar un ironman, sin embargo, exige más, sobre todo al no dedicarse exclusivamente al deporte. Gómez-Ulla trabaja unas 40 horas semanales y llegó a completar semanas de entre 20 y 25 horas de entrenamiento para Lanzarote. «Hay que organizar cada minuto del día. Me levanto a las seis de la mañana para nadar antes de ir a la oficina», cuenta.
«Kona son palabras mayores. Vamos a ser alrededor de 2.000 mujeres, reuniendo a las mejores de cada ironman del mundo», advierte. Gómez-Ulla, que busca el apoyo de marcas para la gran cita en Hawái, ve la cita como una gran oportunidad. «No voy a ir de paseo, voy a darlo todo», sentencia.
El legado de Saleta Castro, diez años y dos días después
Cuando Alejandra Gómez-Ulla tome la salida en Kona, lo hará diez años y dos días después de la participación de Saleta Castro en el Mundial de ironman de Hawái. La pontevedresa, referencia de la larga distancia gallega, abrió en el 2016 un camino que ahora recupera la coruñesa.
Para Gómez-Ulla, esa dimensión también forma parte del viaje. No solo por el valor deportivo de competir en Kona, sino por lo que representa hacerlo desde una identidad propia. «Para mí es un orgullo como gallega y española», afirma. Su clasificación la coloca en un escenario reservado a muy pocas deportistas aficionadas, y ella quiere que esa presencia tenga también una lectura inspiradora.
«Saleta tenía un nivelazo, pero me parece interesante demostrar a las chicas jóvenes que están empezando que, si mi historia puede inspirar a alguna, se queden con la idea de que no hace falta ser excepcional ni profesional para perseguir un sueño o un objetivo», sostiene la deportista coruñesa.
«Con los buenos ingredientes, con disciplina, paciencia, constancia, humildad y rodeándote de buenas personas, se pueden alcanzar objetivos que parecen imposibles. Yo nunca hubiera imaginado estar participando en Kona este año; de hecho, el objetivo era terminar Lanzarote y aquí estoy. No hace falta ser un fuera de serie para ello; con un buen trabajo y disciplina, la puerta está abierta para todos», defiende.
Gómez-Ulla reivindica, además, una manera «muy gallega» de entender la resistencia. «Los gallegos somos muy trabajadores y también muy testarudos. Esas características las aplico en mi entrenamiento como triatleta y, creo que son los ingredientes que me han llevado hasta Hawái», explica.