El anillo y el brillo de la NBA esperan a los Spurs o a los Knicks

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Wembanyama y Castle intecambian saludos en el sexto partido de la final de la Conferencia Oeste
Wembanyama y Castle intecambian saludos en el sexto partido de la final de la Conferencia Oeste Daniel Dunn | REUTERS

Dos franquicias históricas en un alto pico de forma lucharán en la final a partir de la madrugada del jueves

31 may 2026 . Actualizado a las 21:03 h.

La final de la NBA está servida. A partir de este jueves lucharán por el anillo dos franquicias con mucha historia y tradición a sus espaldas, los San Antonio Spurs y los New York Knicks. Dos equipos que se han ganado a pulso su presencia en la eliminatoria definitiva, durante la temporada regular y en los cruces previos. Los tejanos fueron segundos en la Conferencia Oeste, con 62 victorias y veinte derrotas. Los neoyorquinos, terceros en la Este, con un balance de 53 y 29.

Ambos contendientes llegaron en un alto pico de forma a la fase decisiva. Sobre el papel, los Spurs han tenido que superar un camino más bacheado por su lado del cuadro, de más dificultad, de menos a más: 4-1 frente a los Portland Trail Blazers, 4-2 ante los Minnesota Timberwolves y 4-3 en un playoff durísimo, a cara de perro, contra los vigentes campeones, los Oklahoma City Thunder. Los Knicks solo pasaron alguna dificultad en el primer cruce, 4-2 ante Atlanta Hawks. Con posterioridad endosaron sendos 4-0 a los Filadelfia 76ers y a los Cleveland Cavaliers.

Se enfrentan dos filosofías con las líneas maestras muy marcadas. En el conjunto tejano es innegable la influencia de Greg Popovic, que a sus 77 años ocupa el carga de presidente de operaciones en la franquicia y continúa siendo un líder.

Construyó un molde que sigue dando réditos, un baloncesto con sello de colectividad, capaz de mover el balón con velocidad y de compartirlo. No vio esa esencia tras el tercer partido del equipo en la ronda anterior, contra Oklahoma, y no dudó en bajar al vestuario para lanzar un mensaje claro y conciso: «Aquí no jugamos al baloncesto así». Lo reveló De'Aaron Fox. El equipo consiguió darle la vuelta a la eliminatoria.

La perseverancia y el sacrificio son innegociables. En su etapa como entrenador mandó colgar en el vestuario una reflexión que le llegó muy hondo: ««La pueden golpear cien veces, y la roca no se agrietará. Sin embargo, en la 101 se rompe y se divide en dos. Yo sé que no es ese golpe el que la ha roto, sino todos los que se han dado antes». Mitch Johnson no ha alterado un ápice las enseñanzas de su maestro.

Los Knicks, ahora de la mano de Mike Brown, llevan años decantándose por un baloncesto de corte físico, de mucha fortaleza en el rebote. Es uno de los equipos que mejor cuida el balón, o dicho de otro modo, que menos pérdidas de balón acumula. Y está tirando con muy buenos porcentajes.

La estadística que recoge los puntos anotados y recibidos por los equipos cada cien posesiones dibuja perfiles muy parecidos esta campaña entre los dos contendientes. Los Knicks reciben 110,1 puntos y los Spurs, 111,5. En ataque, anotan el mismo guarismo, 118,7.

Ambos protagonistas ya saben lo que es enfrentarse en una final de la NBA, la que jugaron en 1999. Para el conjunto tejano fue el primero de los cinco títulos que lucen en su palmarés. En el Madison Square Garden solo los más veteranos recuerdan los anillos logrados por la franquicia en 1970 y 1973. Pero este curso la afición ya ha podido saborear la victoria en el torneo de mitad de temporada, la NBA Cup, en Las Vegas... Ante los San Antonio Spurs

Wembanyama, el unicornio que ya lidera

Los unicornios son pocos, por sus condiciones, jugadores de más de siete pies (2,13 metros) capaces de botar el balón casi como un base, moverse y tirar como un alero o hacer daño con su envergadura cerca de los aros. Uno de los más insignes es Wembanyama, que en su tercer curso ya lidera a los Spurs y que parece llamado a marcar una época en la NBA. Es un jugador determinante en los dos lados de la cancha que llegó a una franquicia en la que ha podido crecer en progresión geométrica, bien dirigido.

Su expediente de esta temporada abruma. Cerró la liga regular con promedios de 25 puntos, 11,5 rebotes, 3,1 asistencias y 3,1 tapones. Fue elegido el mejor jugador defensivo del año por unanimidad, con cien votos. Y fue tercero en las votaciones para el MVP, por detrás de Shai Gilgeous-Alexander y Nikola Jokic.

En la eliminatoria contra Oklahoma, el internacional francés ha demostrado que es capaz de trasladar e incluso mejorar sus buenos números de la temporada regular a los partidos más exigentes. En el primero de la serie, con dos prórrogas, se fue a 41 puntos y 24 rebotes.

Jalen Brunson, el triunfo de la perseverancia

Jalen Brunson se ha ganado a pulso los galones en los New York Knicks. Al igual que a lo largo de toda su carrera, nunca lo tuvo fácil para ir conquistando cotas. Llegó a la Gran Manzana después de hacer un buen papel en los Dallas Mavericks al lado de Luka Doncic. No le pagaron lo que pretendía y los Knicks, en los que su padre era, y sigue siendo, entrenador asistente, no lo dudaron. Apostaron por él. Y acertaron.

Jalen tenía tres años cuando su padre, Rick, jugó la final ante los Spurs, en 1999. Mucho de lo que es hoy se lo debe a su progenitor, en las larga sesiones de entrenamiento en las que lo conminaba a repetir una y otra vez acciones y mecánicas que ahora forman parte de su juego y que le valieron para compensar cierto déficit físico ante rivales más poderosos. Curiosamente, la condición de zurdo en el baloncesto le viene de esa época, tal y como el propio jugador ha explicado en alguna ocasión: «Hago todo con la mano derecha. Escribir. Comer. Todas esas cosas. Pero no sabía que básicamente papá me hizo mantener el balón en la mano izquierda hasta cierta edad. Entonces, naturalmente, lancé la pelota con la zurda. No sabía que era algo planeado por él cuando yo era más joven».