¿Corre peligro el Mundial de fútbol de Estados Unidos, México y Canadá por el calor?
DEPORTES
Un estudio de la World Weather Attribution alerta de temperaturas extremas que pondrán en riesgo a jugadores y aficionados durante varios partidos
14 may 2026 . Actualizado a las 18:08 h.El calor no será un actor secundario en el Mundial del 2026. Será un rival más en el campo. La Copa del Mundo —que se disputará del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, México y Canadá— se perfila como la más calurosa de la historia moderna del torneo. Un informe de la organización World Weather Attribution advierte de que los futbolistas y el público estarán expuestos a un riesgo creciente de calor y humedad extremos, con condiciones que en algunos encuentros superarán los umbrales considerados seguros para la práctica deportiva.
El estudio cruza proyecciones climáticas con el calendario de los 104 partidos del torneo y los compara con las recomendaciones del sindicato de futbolistas FIFPRO. El resultado es inquietante: cerca de una cuarta parte de los encuentros se jugarán en condiciones que exceden los 26 grados de temperatura de bulbo húmedo —un índice que mide la capacidad del cuerpo para enfriarse—, que implica pausas para refrescarse.
En cinco partidos, incluso, se superarán los 28 grados, un umbral que FIFPRO considera lo suficientemente peligroso como para justificar la suspensión o el aplazamiento. «El cuerpo humano mantiene una temperatura interna constante, que normalmente oscila entre 36,1 y 37,8 grados y, en condiciones de calor extremo, los futbolistas están en riesgo de sufrir trastornos de estrés térmico, como contracturas motivadas por el calor o golpes de calor», afirma el médico jefe de FIFPRO, el catedrático Vincent Gouttebarge.
La FIFA establece que, cuando el índice de estrés térmico WBGT supera los 32 grados, los partidos deben incluir pausas obligatorias de hidratación en cada parte, alrededor de los minutos 30 y 75, mientras que la decisión de suspender o cancelar el encuentro queda en manos de los organizadores de la competición. Sin embargo, FIFPRO considera insuficientes estas medidas para proteger la salud de los jugadores. El sindicato internacional propone un umbral más estricto: pausas de refresco ya entre los 28 y 32 grados, y la reprogramación de entrenamientos y partidos cuando se supere el límite de 32 grados, al considerar que el riesgo para el rendimiento y la seguridad se vuelve inaceptable.
Más partidos al límite
No se trata solo de calor. Es humedad, es agotamiento fisiológico y es un límite biológico. «Cuando la temperatura del bulbo húmedo supera los 26-28 grados, tenemos dificultades para termorregular a través de la sudoración, lo que puede desencadenar el colapso en nuestro organismo», explica Víctor Resco de Dios, investigador de la Universidad de Lleida recogidas por SMC España. La idea es sencilla y alarmante: el cuerpo humano deja de ser capaz de enfriarse por sí mismo.
El concepto de temperatura de bulbo húmedo se obtiene al envolver un termómetro con un paño húmedo. Esa medición refleja cuánto puede bajar la temperatura gracias a la evaporación del sudor. Pero cuando el aire está demasiado caliente y húmedo, ese mecanismo falla. Y el riesgo deja de ser teórico.
El contraste con el pasado es revelador. En el Mundial de 1994, celebrado también en Estados Unidos, se registraron 21 días con temperaturas de bulbo húmedo superiores a 26 grados y tres días por encima de 28. Para el 2026, las proyecciones apuntan a 26 y cinco días respectivamente. Es decir, más jornadas en zona de peligro, más partidos en los que el cuerpo humano trabajará al límite.
Cambios de sedes
El propio informe subraya que no se trata solo de los jugadores. También la afición estará expuesta en estadios al aire libre, muchos de ellos en ciudades donde las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas.
El debate no es nuevo, pero sí cada vez más urgente. El Mundial de Catar ya obligó a desplazar el torneo a invierno por razones climáticas. Ahora, la cuestión vuelve a aparecer, pero en un escenario más amplio y complejo: un continente entero, múltiples climas extremos y un calendario que no siempre puede adaptarse a la realidad térmica. Para Resco de Dios, el diagnóstico es claro y la respuesta inevitable: adaptación. «Si seguimos sin mitigar el cambio climático, al menos deberíamos empezar a adaptarnos», apunta. Eso implica repensar horarios, sedes e incluso la distribución de partidos: más encuentros en ciudades como Nueva York y menos en zonas donde el estrés térmico es mayor.
Pero la adaptación tiene límites si el calentamiento global continúa avanzando. Y ahí es donde el fútbol, uno de los espectáculos globales más influyentes del planeta, se convierte también en termómetro del cambio climático.
En el Mundial del 2026, la incógnita no es quién conseguirá el título, sino si todos los partidos podrán jugarse sin poner en riesgo la salud de quienes los juegan y los miran.