Erik Quintela, jugador del Breogán: «Intento buscar al niño que tenía una ilusión tremenda y que juegue él»

MILLÁN GÓMEZ

DEPORTES

Óscar Cela

El base lucense fue titular en la undécima victoria y siendo diferencial

21 abr 2026 . Actualizado a las 20:21 h.

Erik Quintela Salvador (Lugo, 1991) juega su sexta temporada consecutiva en el Breogán y séptima total después de competir por vez primera como jugador breoganista en la LEB Oro 2012-2013. Fue titular en la undécima victoria breoganista en esta ACB ganando en Burgos, siendo titular y aportando seis puntos, un rebote y una asistencia en trece minutos y un segundo en pista. Un base director, especialista en defensa, generador de cara al aro, penetrador y con tiro de media y larga distancia. Pero, sobre todo, un héroe local, un icono y un modelo a seguir. El Breogán juega este domingo 29 de abril contra el Joventut de Badalona en el Pazo dos Deportes de Lugo (12:00 horas, DAZN).

—¿Cómo vivió la victoria en Burgos siendo titular, jugando minutos importantes y destacando?

—Fue un momento con mucha ilusión por volver otra vez a estar participando de verdad, pero intentaba meterme en el partido, que es algo que he vivido un montón de veces, para no sentir ni nervios ni presión ni nada. Fue muy bien. Desde el primer momento, en cuanto el balón empezó a jugarse ya estaba otra vez ahí con ganas de demostrar que también puedo ayudar. 

—¿Cuándo sabe que va a ser titular?

—Me lo dice Luis (Casimiro) la mañana del partido. Yo creo que ahí Luis también pretendió darme esa confianza, que yo supiese que iba a ser importante. No es algo que nunca me haya preocupado el ser titular o no, pero es cierto que cuando vienes de un tiempo sin jugar el que ya te diga antes que vas a salir de titular te hace visualizar mejor cómo va a ir todo el partido. 

—Jugó con mucha verticalidad. ¿Era una indicación táctica?

—Sí, fue la primera. Siempre tenemos la jugada "ATO (After time out)", pero en ese caso para iniciar el partido. La marcó porque queríamos atacar en esa situación a (Raulzinho) Neto, estaba Jordan (Sakho) ahí para bloquear a Ethan (Happ) y dejarme a mí el camino hacia el aro.

—¿Le ayudó su conocimiento de Ethan Happ al haber sido compañeros en el Breogán?

—Me ayuda, pero tampoco demasiado en esas situaciones porque, al final, si él se escapa un poquito de su defensor él es un tío que para ahí bien el balón. De hecho, en alguna jugada que medio penetro él juega muy bien con las medias distancias y luego se estira bien para tocar balones. Entonces, también me hizo un poquito estar más pendiente en esos momentos.

—En la victoria en Burgos jugó mucho con los compañeros interiores, fuera-dentro. Cada vez se utiliza menos ese estilo de juego. ¿Le gusta especialmente ese tipo de jugadas?

—Me gusta porque hay muchas veces que los grandes hacen un trabajo feo o sucio que no se ve tanto y hay que darles también ese valor. Entonces, cuando son capaces de, cuando cambias y sellan al pequeño, hay que premiarlos con ese balón interior para que puedan finalizar o muchas veces hay que premiarlos cuando es con su propia marca, pero lo han sellado bien cerca de canasta. Hay que intentar buscarlos siempre cuando ellos tienen esa buena posición por ese esfuerzo que hacen muchas veces para que nosotros quedemos liberados con bloqueos. 

—Usted tiene un don para canastas inverosímiles. ¿Cuánto hay de trabajo en ese tipo de canastas? 

—Sí, eso es algo que trabajamos mucho con Fernán (Varela), sobre todo ahora durante la temporada, pero incluso en verano Sergi (Quintela) y yo esas finalizaciones con contacto, pero en vez de la parte baja del tablero, pues muy arriba. Son situaciones más complicadas, pero si ves grandes finalizadores como Kyrie Irving no usan la parte baja del tablero, usan todo el tablero porque es donde es mucho más difícil de defender. Y de trabajarlo mucho a veces salen esas cosas bien, claro. 

—¿Cómo gestiona mentalmente cuando tiene que entrar en pista poco tiempo en otros partidos?

—Intento buscar al niño que tenía una ilusión tremenda por esto y que juegue él. Es decirme que voy a jugar pocos minutos, pero que no sea una decepción porque sean pocos minutos, es una alegría porque estoy jugando en la mejor liga del mundo con tu equipo y es lo que siempre he querido. Entonces, busco esa ilusión que tenía y me aprovecho de ella. 

—¿Su ubicación en el banquillo es muy cercana siempre al cuerpo técnico. ¿Hasta qué punto usted ayuda también?

—Siempre es algo que me ha gustado porque muchas veces los entrenadores dicen: "No, es que aquí no estamos siendo lo suficientemente buenos en esta situación táctica". Entonces, tú cuando sales a la pista también estás más preparado para hacer bien esas cuestiones. Y ahora además, que juego menos, con las cuestiones que yo considero que puedo a lo mejor comentarles aprovecho y, como me llevo muy bien con ellos, también tengo esa cercanía para poder hacerles algún comentario y que ellos decidan si se puede usar o no. 

—Tiene amistad personal y profesional con Fernán Varela, segundo entrenador del Breogán. ¿Cómo es ese entendimiento también laboral?

—Es muy bueno porque cuando estás en el Pazo tienes evidentemente que trabajar, pero cuando sales de aquí disfrutas con él tomando algo, yéndote a cenar o lo que sea. Entonces, cuando esa relación es tan buena fuera, dentro es mucho más fácil que salga todo y te entiendes muchísimo mejor, claro. 

—Fernán Varela trabaja en tecnificación con jugadores exteriores. Incluso han trabajado juntos cuando ninguno de los dos estaba en el Breogán. ¿Poco pueden trabajar más, no? ¿Ya hay poco margen?

—Ya hay poco que trabajar (sonríe), claro, hemos trabajado de todo, pero todo eso lo podemos seguir mejorando porque, de hecho, yo cuando hago mis rutinas o cuando yo entreno en verano estos veranos él se iba a Turquía y yo entreno mucho con Miguel Ángel (Hoyo) en verano, pero Miguel Ángel estaba también con la selección (Costa de Marfil) y entrené bastante este verano por mi cuenta. Cogí muchos de los ejercicios de Fernán, incluso después él me ha enviado ejercicios, pero mis rutinas de calentamiento y demás suelen ser con ejercicios que he hecho con Fernán muchas veces, de paradas, de equilibrio y demás. 

—¿Cómo vive la situación cuando usted está en el banquillo y la afición del Pazo pide que entre? 

—(Sonríe) Es incluso un poquito de nervios de decir: "Ostras, es que me da un poquito de vergüenza el estar en esa situación". Pero yo valoro mucho cuando la afición corea tu nombre, te está demostrando su cariño y lo valoro a tope. 

—A nivel mental, usted tiene que tener fortaleza para ser capaz de salir y meter ese tipo de canastas o, por ejemplo, contra el Barça salir y dar cinco asistencias pese a la desventaja abultada. ¿Es también una evolución interior suya?

—Sí, también es cierto que para mí es más sencillo muchas veces que para otros en esos momentos porque yo sé que mi mejoría en el juego siempre ha venido de ser más intenso, de estar más conectado que los demás. Y en esos momentos que a lo mejor hay partidos un poquito rotos o que la gente ha bajado un poquito el nivel, si tú sales con intensidad al 100 % vas a enchufar a tus compañeros, va a ser más fácil para ti. Me ha pasado muchas veces cuando en los partidos el equipo a lo mejor no está en su tope físico de intensidad, de agresividad, yo he salido y ya ni simplemente hacerlo muy bien, pero darle tres hostias al que tienes delante, meter agresividad, meter lucha. Eso hace que todo el equipo se conecte y vaya a la misma. 

—¿Qué destaca a nivel técnico y táctico de Jordan Walker después del primer entrenamiento?

—Muy buena mano, físicamente está bien y para la forma en la que nosotros queremos jugar va a ser un buen refuerzo porque puede ser agresivo, puede tirar, puede ayudar también en el rebote. Es un jugador completo. 

—¿Qué destaca a nivel técnico-táctico de Dominik Mavra y de DeWayne Russell?

—Buff, son dos cracks, son muy distintos, pero con muchas similitudes. Los dos son bases cerebrales que piensan muy bien qué es lo mejor para el equipo y piensan en el equipo, no son solamente esos que quieren que al equipo les vaya bien para que les vaya bien a ellos, sino porque piensan en sus compañeros, son dos grandes jugadores. Dominik a lo mejor es más base de la antigua usanza, más cerebral, más saber dónde tiene que ir el balón en cada momento y DeWayne es de meter a todo el mundo a través de esa intensidad, de esa defensa, de dirigirles mucho diciendo: "No, corta aquí" o "haz aquello". Son dos tíos que piensan mucho en el equipo y estos resultados nos están dando. 

—Desde el principio de temporada ha tenido mucha sintonía con Francis Alonso. ¿Hasta qué punto le ha ayudado?

 —No (sonríe), yo creo que no le he ayudado, yo intento ayudarle igual que a todos en darles confianza, en hacerles que estén cómodos, que se sientan bien, en ayudarles a entender lo que necesitan para triunfar aquí, el pelear, el luchar, el darlo todo, pero luego el trabajo y el mérito es 100 % suyo, el jugar con el nivel de acierto que está jugando, el tener ese clutch que tiene, eso es todo suyo, de su trabajo porque es un gran trabajador y ahí no hay nada que hayamos hecho los demás. 

—¿Tuvo alguna charla con DeWayne Russell y Keandre Cook para apoyarles después de algún silbido de algún aficionado?

—Siempre les dije que se abstrajeran de lo que hay fuera, que siempre les decimos que lo que pase fuera tenemos que coger lo que nos ayude, lo que no es para los otros y que vaya para allí, pero nosotros lo que tenemos que hacer es estar con lo que está dentro. Yo lo poco que les dije es que siguieran con confianza, que el equipo y su familia aquí en Lugo somos los jugadores, confiamos en ellos a tope y queremos apoyarlos, empujarlos a que lo hagan lo mejor posible y estar con ellos a tope. 

—¿Qué tiene de especial Luis Casimiro?

 —Luis tiene muchas cuestiones. La primera es la experiencia, que eso es lo que ve todo el mundo, lo más visible. Lo segundo es que él sabe cuándo hay que apretar y cuándo a lo mejor hay que dar un pasito menos. Cuando la gente va con mucha presión y a lo mejor hay que decir: "Tranquilos, no pasa nada, hemos perdido un partido con el que no contábamos". Pero te ayuda a que puedas seguir trabajando bien. Pero luego es un tío ambicioso también y no es conformista. Por ejemplo, después de esta victoria y estar virtualmente salvados no va a hacer que nos relajemos. No, él va a querer seguir apretando a tope y eso es lo que hace también que sea un entrenador exitoso durante tanto tiempo.

 —Cuando está con la Breogán Academy, ¿qué es lo que más disfruta?

—La ilusión de esos primeros días. Ahora ya menos porque ya llevamos bastante tiempo trabajando con los chicos y siguen viniendo con ilusión evidentemente, pero cuando llamas a alguien nuevo, esos nervios que le ves porque yo recuerdo esas situaciones, es decir, no tuve la suerte de poder tener una camiseta del Breogán hasta bastante más mayor, pero de ir a una selección lucense o algo de ese estilo era una alegría tremenda. Es un momento muy bonito ver ahora a estos chicos que vienen con esos nervios, con esas ganas de hacerlo bien, con esas ganas de mostrar que saben jugar a baloncesto, de estar en el Pazo con balones del equipo ACB. Es un momento muy bonito el ver esa ilusión que ellos tienen por jugar.

—¿Le gustaría que el Breogán tuviese una cantera propia a medio plazo?

—No sé si sería lo más adecuado o no, lo que tengo claro es que no tendría que ser una cantera al uso porque, si el Breogán tiene una cantera, lo más importante que tiene el Breogán es que todo el mundo está con el Breogán. He estado en muchos sitios en los que hay mucha rivalidad entre la cantera del equipo y las otras canteras de la ciudad o de la provincia y eso como que destruye un poquito ese buen rollo que después generamos en el Pazo. En el Pazo, todo el mundo, da igual que seas del Ensino, del Estudiantes, del Cidade de Lugo, del Sarria o de cualquier club, estás con el Breogán. Entonces, eso no puede perderse. Si se hace una cantera de aquí a un tiempo tiene que ser una cantera que respete eso, que valore eso, que sea de acuerdo a todos los clubes y que todo el mundo esté involucrado. 

—¿Qué importancia tiene Miguel Ángel Hoyo en su carrera?

 —Buff, muchísima. Nuestro salto, hablo siempre en plural porque nos cogió a Sergi (Quintela) y a mí hace mucho tiempo, vino de su mano después de estar esa temporada en Cambados, entrenando todos los veranos, y, sobre todo, porque lo ha hecho siempre de una forma completamente altruista porque él se ha pasado horas y horas de su verano con nosotros sin cobrarnos ni un solo euro. Y te digo muchas horas. Hemos hecho dobles sesiones en verano, hemos hecho un montón de entrenamientos y él siempre ha estado dispuesto a ayudarnos, siempre ha sido, además de entrenador, consejero. Cuando hemos tenido alguna duda siempre nos ha sabido aconsejar bien. Es una persona a la que le debemos muchísimo.

—¿Qué supone su campus para usted?

—Es un proyecto muy ilusionante también porque yo de pequeño siempre tenía la ilusión de mejorar, iba a los campus. Y ahora al ver que tenemos un campus nuestro y que va tan bien, que vienen los niños y lo pasan tan bien pues es un proyecto muy ilusionante, pero sobre todo porque ayudamos a los niños, a que mejoren en el basket, pero además porque ves que esa semana que están allí se lo pasan genial, que disfrutan, que crean su propia comunidad allí y ver que ayudas a formar eso es muy chulo. 

—¿Cómo recuerda su debut oficial con el Breogán en la LEB Oro 2012-2013?

—Claro, es que aún antes de eso recuerdo que para mí el debut fue en un partido, creo que fue en Ribadeo, pero tampoco recuerdo el sitio. Yo iba vinculado y salí un minuto y medio al final. Me hicieron una falta y metí un tiro libre. Eso fue con 18 o 19 años. Fue el momento de ilusión máxima, pero luego ya la temporada que estoy con el Breogán la recuerdo, sobre todo, con el primer partido que habíamos jugado contra el Barça B, de muchos nervios, imprecisiones, de estar pagando la novatada, pero verme aquí en el Pazo como miembro de pleno derecho del Breogán después de tantos años en las grada fue un momento brutal. 

—¿Qué supuso compartir equipo aquella temporada con otro base lucense como es Adrián Chapela?

 —Claro, pues de aquellas yo me llevaba bien con él, pero era una relación sin más dentro de un equipo, pero después compartí equipo con él en Cambados y fue un tema totalmente distinto porque pasé de compartir equipo con un compañero a compartirlo con un amigo. De Chape puedo decir que es uno de mis mejores amigos, con el que me paso también el verano entero, es de mis amigos con los que más hablo, casi hablo más con él que con Sergi (Quintela) muchas veces, o sea que imagínate la relación tan cercana que tenemos y poder compartir equipo con él aquí en el Breogán o como fue después en Cambados es brutal. 

—¿Qué compañero del Breogán 2012-2013 le inspiró más?

—Podría decirte que Manu Gómez, ya más que inspirarme por cómo me ayudó como capitán, él era el veterano, encima es gallego. Entonces, veía más similitudes conmigo y me decía: "Mi camino fue así". Yo le preguntaba mucho de cómo había pasado él de no jugar o de ser la última rotación a ser una leyenda en la LEB Oro como él fue. Me sirvió mucho para ver cómo pueden ser los caminos, que no siempre son lineales, como se ven muchas veces en las súper estrellas. 

—Entre 2013 y 2020 usted no fue jugador del Breogán. ¿Pensó bastantes veces que nunca iba a volver?

—Yo nunca pensé que iba a volver, nunca lo pensé. A lo mejor ya la última temporada en Mallorca no tenía en la cabeza volver porque las cuestiones allí iban muy bien y yo ya estaba hablando para renovar cuando llega el covid, pero fue la vez que más cerca estuve. Más que nada porque yo estaba hablando con Álex Hernández, con el que hablaba mucho, y me decía: Lo normal es que tú vuelvas por allí, eres un jugador que está a muy buen nivel en esta Liga, si el Breogán sigue aquí normal es que se fije en gente de la casa que está a este nivel". Y fue él el único que me lo metió un poquito así en la cabeza. Yo no pensaba en ningún momento en que pudiera volver al Breogán porque después de mi primera temporada, que me había quedado tan grande, yo tenía al Breogán como que estaba tres kilómetros por encima de mí. 

—¿Cómo fue mentalmente ir a jugar al Maia Basket Club, en Portugal?

—Fue un shock porque yo era joven, quería entrenar mil horas, quería mejorar mucho y allí era un club muy poco profesional, era una primera división, que siempre está bien, pero en aquel momento yo necesitaba muchas horas de trabajo. Allí entrenábamos una vez al día a última hora. Yo quería ir por mi cuenta al pabellón, pero no me dejaban. Fue un shock. Era un club muy poco profesional. Nuestro preparador físico era inexistente, no había muchas cuestiones que te ayudasen a crecer como jugador. 

—¿Cómo valora su temporada 2017-2018 en el Clavijo?

—Muy bien porque fue mi vuelta a la LEB Oro. Y después de mi primera temporada en LEB Oro, que no había jugado, yo contaba que iba a ser muy difícil jugar algún minuto y terminé siendo el base titular jugando muchísimos minutos. Fue un sitio que recuerdo con mucho cariño, además por el grupo que hicimos. Conocí a otro de mis grandes amigos, que es Carlos Martínez (Pardo). El Clavijo me dio mucho, jugar mucho en LEB Oro y tener un grupo muy chulo con los españoles. Lo recuerdo con mucho cariño. 

—¿Cómo recuerda la Final Four de la LEB Oro 2019 con el CB Imprenta Bahía de Palma de Mallorca llegando a la final por el ascenso en Bilbao y contra el Bilbao Basket?

 —Fue un momento difícil el tocar la ACB. Yo tenía contrato allí para la temporada siguiente. La ACB estaba también muy lejos, pero el tocarla y que se te escape a un minuto y pico como se nos escapó fue un momento duro, además de que en Mallorca es complicado verlo porque lo vemos como un lugar grande, pero nunca ha tenido equipo en la ACB. Entonces, fuimos los que más cerca estuvimos y toda la isla estaba con ese primer equipo que iba a llegar a la ACB. Nos quedamos muy a las puertas. Encima, en un partido bonito en lo personal porque yo había jugado muy bien aquel partido. 

—¿Qué importancia tiene Saúl Ares, su representante, en su carrera?

—Mucha porque ha estado conmigo ya antes de ser mi agente. Recuerdo que era entrenador en Marín y nos hemos cruzado en intersectores, él como entrenador y yo como jugador. Siempre ha sido un tío majísimo. Luego, cuando empezó como mi agente, lo que más le puedo agradecer es que siempre ha sido muy honesto conmigo porque en este mundo a veces las cosas no son del todo claras, hay muchas segundas intenciones y ahí he tenido la gran suerte porque Saúl siempre ha sido muy claro y muy honesto conmigo. Me ha dicho siempre lo que hay y por eso tengo una relación, además de profesional, una relación personal muy buena.

—Usted siempre se ha manifestado social y políticamente. ¿Le gusta dar ejemplo de compromiso o le sale natural?

—Claro, es que los jugadores tenemos esa visibilidad y tenemos que ser un ejemplo, ya no te digo un ejemplo de cómo pueden ser algunos de cuestiones que a lo mejor no tenemos conocimiento porque, por ser jugador y tener más visibilidad, no tienes el conocimientos de otros temas, pero sí puedes ser un ejemplo de valores porque los valores los tienes que tener por ser persona. Entonces, el que tú, como ejemplo, fomentes valores positivos en la sociedad siempre ayuda. El que fomenta esos valores lo está haciendo bien, no es que lo haga yo bien por fomentarlos. 

—¿Qué recuerdo tiene de Seydou Aboubacar, que fue su compañero en el Breogán y en entrenamientos privados, ahora que ha anunciado su retirada como jugador?

—El primer recuerdo que tengo de él es viniendo a entrenar aquí. No me acuerdo ni con quién entrenábamos, yo creo que era con el EBA del Estudiantes. Lo vi entrar y dije: "Este tío lo vi desde lejos y no me pareció tan grande como era de lo ancho que es". Pero es que después cuando lo tienes a tu lado es que es enorme. Pero Sey es más grande por dentro que por fuera porque es de las mejores personas que he conocido, es una persona sin ninguna maldad, sin nada y es un cacho de pan. Esa temporada nos ayudó mucho porque él venía de jugar muy bien en Valladolid, él estuvo jugando lesionado en el Breogán prácticamente toda la temporada, tenía una rodilla hecha un desastre y después le pasó factura. Él se desvivió con nosotros por ayudar al equipo a ascender. En los momentos que estuvo muy bien y que a lo mejor tenía que tener más minutos él nunca protestó. Ha sido un tío diez de equipo. Todo el mundo que ha estado con él lo va a recordar siempre como un compañero excelente y yo puedo decir también que como un gran amigo.

—¿Qué destaca de Tito Díaz como director deportivo y más ahora que se sienta en una esquina del banquillo?

—Sí, tiene que estar cercano al equipo, ver lo que pasa, él es ahí un tío paciente, me imagino que también lo ha ido cogiendo con la experiencia para cuando había mucho ruido darnos a nosotros la tranquilidad, decir "las cosas están bien" y, sobre todo, para dejar trabajar a los entrenadores porque no se mete mucho en el día a día, él confía en los entrenadores, les deja trabajar y no es de esos que se vuelve loco, que llega al vestuario gritando ni mucho menos, les deja mucho espacio a los entrenadores para trabajar. 

—¿Cómo recuerda a cada uno de sus entrenadores en el Breogán? El primero, Pepe Rodríguez. 

—Fue como un shock porque fue mi primer entrenador profesional, pero además es uno de estos entrenadores un poquito rudos y me costó bastante adaptarme al principio. 

—¿Lisardo Gómez?

—Me pidió mucha intensidad desde el principio. Yo no jugaba, pero tenía mucha más cercanía con él, me ayudó mucho, me dio muchos consejos y también fue bastante claro conmigo siempre, así que también le guardo mucho cariño. 

—¿Diego Epifanio?

—Epi es un crack. Además terminando con ese ascenso pues como que hace que todo haya sido excepcional porque traer al Breogán a la ACB de vuelta con él fue muy importante y guardo todavía muy buena relación con él porque es una persona genial. Tenemos muy buena relación personal.

—¿Paco Olmos?

—Siempre estuve muy bien con él, no puedo decir nada malo de él porque me ayudó mucho, me dio la oportunidad de jugar en la ACB y de jugar muchos minutos, de confiar en mí, siempre me cogía, me decía que era su caballo y que tenía que tirar del equipo. Apostó mucho por mí.

—¿Veljko Mrsic?

—Quizás apostó menos por mí y con quien peor lo pasé a lo mejor en mi vida deportiva, pero no le guardo tampoco rencor porque entiendo que todo lo hizo creyendo que era lo que tenía hacer para sacar el máximo rendimiento del equipo. 

—¿Cómo recuerda los partidos en la Basketball Champions League (BCL) y ganando los cuatro jugados en Lugo?

—Tengo el recuerdo de no entender muy bien dónde estábamos, es decir, claro, yo no había visto al Breogán en Europa. El Breogán había jugado en Europa hacía muchos años, pero yo no lo concebía porque yo no lo había visto y para mí era hacer más grande la historia del Breogán. Es un recuerdo brutal. Sobre todo, recuerdo el primer partido que ganamos aquí en el Pazo. Ganar aquel primer partido de la historia del Breogán en competición europea y aquí en el Pazo fue una pasada. 

«Recuerdo cuando Nacho Biota vino a mi cole»

—¿Su mejor partido como jugador del Breogán?

—Probablemente el del ascenso en Granada.

—¿Su primer recuerdo como aficionado al Breogán?

—Cuando vino Nacho Biota a mi cole, a Anexa. Seguramente tenía recuerdos anteriores, pero esa visita me quedó muy grabada.

—¿La cancha más especial como jugador y que no sea el Pazo?

—Son Moix por el tiempo que estuve allí o el Palacio de los Deportes de Granada porque he tenido allí muchos partidos.

—Tiene tatuado el mapa de la isla de Mallorca. ¿Cuál es su rincón favorito de la isla?

—El Rinconcito de Laura, es un sitio típico de Mallorca con unos pambolis (pa amb oli) espectaculares. 

—¿Qué es lo que más destaca del baloncesto portugués?

—Era muy estilo americano, muy uno contra uno y muy físico.

—¿Con qué dos jugadores del Breogán se ha entendido mejor en la pista?

—Quizás con Sergi (Quintela) y con Jordan (Sakho).

—¿Qué sueño, qué objetivo le queda por cumplir?

—Jugar un play-off con el Breogán.

—¿Cómo define a la afición del Breogán?

—Caliente.

—¿Una mejora que reclama para el Pazo?

—Me gustaría que se ampliara, es complicado, sé que lo están estudiando, pero es difícil.

—¿Una mejora que reclama para la ciudad de Lugo?

—Las conexiones, sé que están trabajando con la intermodal, pero las conexiones con Lugo tienen que mejorar.

—¿Qué supone para usted la Breogán Academy?

—Es un proyecto ilusionante poder trabajar con las futuras generaciones de breoganistas que sueñan con poder estar en el Breogán.

—¿Cómo definiría a Luis Casimiro?

—Tranquilo. Una persona que sabe transmitirte calma en momentos complicados y que sabe apretarte cuando la gente se calma de más. Tranquilo, pero exigente.

—¿Cómo resume su temporada 2012-2013 con el Breogán?

 —Fue una temporada de aprendizaje, de aprender mucho de ver lo que era el baloncesto profesional porque no sabía lo que era eso. Recuerdo mucho un cúmulo de emociones, una montaña rusa cada día.