Fue un partido marcado por la tensión. El Madrid sabía lo que se jugaba y salió con la intención de tener el control del partido. Ambos se respetaron mucho. Quisieron cuidar la faceta defensiva, lo que hizo que durante gran parte de la primera mitad apenas hubiera alternativas de ataque. Sin embargo, en los últimos diez minutos el Madrid apretó, generó ocasiones y noqueó al Benfica. Fue más descarado y se mereció marcharse al descanso con uno o dos goles de ventaja, pero no tuvo la fortuna necesaria. No quiero olvidarme de la mano salvadora de Courtois en una acción aislada, pero que pudo cambiar el partido. Pocos porteros en el mundo pueden hacer lo que él.
El partido lo desequilibró Vinicius, que ya ha demostrado sobradamente tener recursos para ello, con un gran gol. Volvió a verse inmerso en la polémica, como siempre le sucede. El jugador del Benfica se equivocó claramente. Y ese parón perjudicó al Madrid en el momento en el que se estaba encontrando más cómodo. A partir de ahí, no quiso asumir más riesgos. El resultado les hace ser optimistas para la vuelta en el Bernabéu.