Alcaraz, la actitud innegociable

Miguel Juane

DEPORTES

Carlos Alcaraz, posando con el trofeo de campeón del Abierto de Australia.
Carlos Alcaraz, posando con el trofeo de campeón del Abierto de Australia. JOEL CARRETT | EFE

02 feb 2026 . Actualizado a las 10:48 h.

Su rival, Novak Djokovic, calificó su gesta como histórica y legendaria. Con esta última victoria, se acaban los epítetos. Piensen en todos los valores del deporte: constancia, superación, lucha, disciplina, trabajo, respeto, educación, juego limpio, saber ganar y perder, constancia... y verán que todos se reúnen en Carlos Alcaraz, un chico de tan solo 22 años que nos tiene encandilados a todos los que amamos el deporte. A ello, sumemos su humildad, su carisma, su cordialidad y su elegancia con los rivales.

Pocas actividades o disciplinas transmiten tantos sentimientos como el deporte. La conmoción que vivimos con los éxitos deportivos se equiparan a muy pocas cosas, a algo muy íntimo, muy sensible, muy emocional. Y si es uno de los nuestros el que los consigue ya es algo casi tribal, de orgullo, de pertenencia, de sentimiento de grupo del que formamos parte.

El éxito en el deporte es una suma de factores que se pueden resumir en tres: talento, medios y actitud. El talento es algo que nos viene dado, por la naturaleza, el Universo o Dios, dependiendo de la creencia de cada cual. Los medios son aquellas oportunidades que nos da nuestro entorno, tanto económicas como de posibilidades (instalaciones, material, horas de entrenamiento, …). No es casualidad que en los casos de Nadal y de Alcaraz, estos perteneciesen a familias con vínculos muy sólidos con el deporte, como es sabido. Así, por ejemplo, el padre de Carlitos llegó a jugar Campeonatos de España de tenis.

Y, por último, está la actitud, la buena cabeza, la educación en no buscar excusas, en no rendirse, en reponerse de cada caída, en superar cualquier adversidad. Nadal siempre dice que no recuerda haber jugado sin dolor después del 2005. Y Alcaraz tiene como bandera las tres «C» (cabeza, corazón y cojones) de las que hablaba su abuelo. Sus comportamientos son ejemplos y testimonios de vida, no solo para el deporte. De como afrontemos cada revés: económico, laboral, familiar o incluso de salud, dependerá siempre de nosotros.

El deporte profesional, como la vida, es una lucha constante, una competición en la que hay que intentar tener piel de cocodrilo, no de papel. Nada es fácil, nada nos viene dado y por ello, la actitud es innegociable. Es un lujo el hecho de ser contemporáneos de estos dos héroes, dos mitos, dos semidioses, dos deportistas que no paran de darnos lecciones de vida. Disfrutémoslo como se merece, aprendamos y transmitámoslo a nuestros pequeños.