El catarí logra su sexto entorchado, el argentino se impone por dos segundos gracias a un error de Brabec y el gallego vence en la categoría sostenible
17 ene 2026 . Actualizado a las 16:38 h.La historia del Dakar ha demostrado más de una vez una máxima. Como ocurre en escenarios legendarios de los deportes del motor, como el rali de Montecarlo, las 24 horas de Le Mans o el Gran Premio de Mónaco, suele ser una suerte de mística atávica de la competición la que acaba eligiendo quién puede ostentar la corona sobre sus dominios.
El mejor caso que ejemplifica aquello de que, pese a no creer en las meigas, muchos dicen que habelas hailas, es comprobar quién es el ganador de esta edición del raid en la categoría de motos. Luciano Benavides, el menor, el que siempre fue a la sombra de su hermano Kevin —que conquistó el Dakar en el 2021 y el 2023— se ha llevado su primer touareg gracias a uno de esos golpes del destino que están llamados a añadir la vitola de épica de los grandes logros.
Benavides arrancó el día en segunda posición de la general. Los 105 kilómetros del bucle de Yanbu podrían parecer un paseo triunfal, pero el Dakar no es el Tour de Francia y las pistas de arena y tierra de Arabia Saudí no son los Campos Elíseos de París. Con tres minutos y veinte segundos de margen, Ricky Brabec tenía que asegurarse de no errar, no tener ninguna avería y evitar cualquier lío: sabía que podía hacerse con el título, pero que también estaba Luciano Benavides por detrás. Y el argentino no lo desaprovechó, ni muchos menos. Mientras por delante el joven Edgar Canet lanzaba un aviso a navegantes de cara a próximas ediciones, donde contará y mucho por la victoria final, con la última pincelada de talento para ganar otra etapa. El protagonismo estaba atrás. En torno al kilómetro 17, Brabec se enredó con el GPS y dejó expedita a Benavides la oportunidad para la heroica. En KTM miraban el cronómetro incrédulos.
Kevin, ya retirado, soñaba con ver a su hermano lograr lo que nadie esperaba. y cuando cruzó a la meta, estallaron. Luciano no se lo creía, pero cuando vio a sus compañeros pegar saltos no pudo contener sus lágrimas. El segundo piloto argentino en conseguir ganar en el Dakar, después de su hermano, gozó por primera vez del gran protagonismo. Después de una segunda parte del raid en este 2026 casi perfecta, demostró que en la prueba más dura del motor vale más no equivocarse que ir rápido.
Dos segundos separaron a Brabec de la gloria, pero más de 25 minutos fueron los que privaron a Tosha Schareina. El valenciano pagó muy caro los problemas de los primeros días, pero se reivindicó de nuevo como uno de los firmes candidatos para el futuro.
En la categoría sostenible, Fran Gómez Pallas se coronó campeón. El carballés, cuya regularidad a lo largo de todo la competición le permitió llegar como gran favorito a la última fecha, no falló, confirmando el éxito gallego en una de las ediciones del Dakar más emocionantes de los últimos tiempos.
Esta semana encadenó varias victorias consecutivas con las que aumentó su confianza, logrando su mejor posición en una categoría estrenada en el 2024.
Más leyenda
Una de las grandes virtudes que ha demostrado Nasser Al Attiyah durante toda su carrera es su paciencia. La capacidad que tiene para medir cuándo y dónde debe atacar, pero también cuándo y dónde debe levantar, es lo que le ha permitido no solo ganar ya seis Dakares, sino confirmarse como un ejemplo para casi todos.
Este sábado no necesitó hacer más que lo que estaba previsto: aguantar. Los poco más de dieciséis minutos que pudo sostener frente a Nani Roma fueron más que suficientes, sobre todo consciente de que al catalán le iba a costar mucho poder darle la vuelta. Tras el susto serio de la penúltima etapa, no iba a jugársela. Por eso, cuando Al Attiyah afrontó esta etapa solo pensó en no errar. Visto lo que había pasado en motos, cualquier estornudo podía costar muy caro. Para quien lo ha ganado ya todo, conseguir mantener la motivación no es fácil. Pero Al Attiyah, absolutamente voraz, tiene claro cuál es su próximo objetivo: igualar los ocho entorchados en coches del legendario Stéphane Peterhansel. Le quedan dos por delante, y en Dacia se siente a gusto para el objetivo. «Hemos trabajado muy duro desde el año pasado», reflexionaba, más cansado que exultante. «Quizás no esté siendo muy efusivo, pero me siento sumamente emocionado y estamos muy contentos por haber ganado, te lo garantizó», afirmaba ante los medios el catarí.
En un Dakar en el que marcó la diferencia en las etapas clave —el segundo día de la primera etapa maratón, cuando sacó esos doce minutos críticos—, supo estar donde no lo lograron ni los Ford de Roma o Sainz, ni los otros Dacia. El Dakar 2026 ya es historia, pero toca pensar en el del 2027. Muchos candidatos, muchos aspirantes y una certeza: con que iguale la emoción que se ha vivido en esta edición, ya será un raid de leyenda.