El gran papel del combinado nacional reflota la popularidad de una competición que perdió lustre en los últimos años
24 nov 2025 . Actualizado a las 18:05 h.La tan cacareada en los últimos días «Davis del pueblo» es una realidad. El torneo vuelve a ilusionar. La gesta lograda en la última semana resucita la esperanza en una competición que se le resiste a los españoles desde el 2019 y que no ganan fuera de casa desde la histórica hazaña en Mar del Plata.
No, no se logró el título en Bolonia, donde Italia capturó su tercero consecutivo, pero sí se conquistaron los corazones de miles de españoles que vieron cómo un grupo tocado por las ausencias de Carlos Alcaraz, por lesión, y de Alejandro Davidovich, por decisión técnica, se unió para lograr dos victorias inesperadas ante la República Checa y la Alemania de Alexander Zverev, además de poner contra los cuerdas a los anfitriones. «Para mí han hecho algo muy grande», admitió David Ferrer, quien se deshizo de elogios hacia sus pupilos: «Se superaron a sí mismos y me quedo con eso. He disfrutado mucho esta semana y he vuelto a sentir cosas que nunca había sentido desde que era jugador. Les he dado las gracias por eso».
Jaume Munar, Pablo Carreño, Marcel Granollers y Pedro Martínez se merecieron estar en Bolonia y también se ganaron a pulso llegar hasta esa final. La victoria hubiera sido la guinda del pastel a un viaje que comenzó a principios de año en Biel (Suiza), cuando sin Alcaraz, desgastado por el Abierto de Australia, España batió a los helvéticos en una pista hecha a medida.
El plato grande llegó en septiembre, con un equipo de urgencias. España derrotó a Dinamarca remontando un 0-2 y con Pedro Martínez levantando un punto de partido frente a Holger Rune. Esa gesta, nunca antes vista por el equipo nacional, permitió sellar el billete a la final a 8 y soñar con una Ensaladera que se quedó mucho más cerca de lo que todo el mundo podría haber pensado.
Un capitán reforzado
«Son grandes personas y eso es lo más importante», recordó Ferrer, uno de los que más reforzado sale de esta semana, por las difíciles decisiones que tuvo que tomar, el respeto que se ganó y el acierto que tuvo. «Trabajar con ellos fue un placer, porque me lo ponen muy fácil. Disfruté mucho viendo esto. Como capitán, la experiencia fue una maravilla. Perdimos, pero no es un drama. Fue positivo estar tan cerca de la Séptima. Ganar no nos cambia la vida», añadió.
El año que viene España ya conoce parte de su camino. Alcanzar esta final le permite saltarse la eliminatoria de principios de curso, por lo que en septiembre se medirá a Serbia o a Chile. El escenario final será el mismo, Bolonia, con Italia ya clasificada como anfitriona. Si los españoles quieren la séptima Davis, tendrán que batallar durante los próximos años contra el público local.